Cóctel explosivo: desangelada asesina a sueldo desafía al bajo mundo criminal
Disponible en: Prime Video.
Dirección: Navot Papushado.
Guion: Navot Papushado y Ehud Lavski.
Países: Francia, Alemania, Estados Unidos.
Elenco: Karen Gillan, Lena Headey, Chloe Coleman, Angela Bassett, Michelle Yeoh, Carla Gugino, Paul Giamatti.
Palomómetro:![]()
Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt8368408/

El destino quiso que 2021 fuera el año de la asesina a sueldo en busca de venganza. Impacto, Kate, Sentinelle y ahora Cóctel explosivo tienen esta premisa: una mujer con talento homicida se vuelca hacia los hombres que la envenenaron (Kate), violaron a su hermana (Sentinelle) o mataron a su novio (Impacto). En el caso de Cóctel explosivo, la protagonista protege a una niña que ha quedado bajo su cuidado mientras trata de evadir la condena a muerte que sus empleadores han colocado sobre su cabeza.
A pesar de sus vistosas licencias visuales y su intrincado mundo criminal – ambos elementos que remiten a la saga que ha originado el segundo aire del subgénero de matones solitarios, John Wick (Chad Stahelski y David Leitch, 2013) –, Cóctel explosivo es sin duda el filme más flojo de estos cuatro. La cinta del director israelí Navot Papushado se queda corta en su intención de conjugar humor negro, emotividad, acción, sororidad y los casi obligados colores neón del subgénero.
Sam (Karen Gillan) es una asesina a sueldo que trabaja para La Firma, una siniestra organización criminal liderada por hombres que le encarga una misión muy sencilla: recuperar el dinero que un contador se robó. Su misión se complica cuando el dicho contador revela que ha robado el dinero para pagar el rescate de su hija. (Lo que nos lleva a la pregunta: ¿acaso las organizaciones criminales como La Firma no le pagan suficiente a sus contadores como para que puedan hacer este tipo de pagos de inmediato? Aunado con su obvia falta de liderazgo femenino, nos queda claro que La Firma no es el tipo de organización fuera de la ley con el que querramos simpatizar.)
Sam, recordando la manera en que su madre – también una asesina – fue forzada a abandonarla cuando tenía pocos años, se siente obligada a velar por el bienestar de la hija de este extraño al que acaba de poner una bala en su abdomen, hecho que sirve para alimentar aún más su culpa y sentido del deber. Cuando es incapaz de recuperar el dinero de sus empleadores, estos le informan que no solo ya no trabaja para ellos, sino que planean entregarla a un grupo enemigo. Obligada a huir y con una niña a su cuidado, Sam debe abrirse paso por un mundo inclemente. Desesperada por encontrar aliados, se reencuentra con su madre (Lena Headey) y el grupo de asesinas al que esta pertenecía.
Como vemos, Sam – al contrario de las cintas que he mencionado arriba – no busca la venganza ni se le acaba el tiempo. Tal vez es por eso que no encontramos una justificación para su personaje y su desarrollo durante los 114 minutos de duración de Cóctel explosivo. Es buscada y debe pelear por su vida, es cierto, pero algo que las demás cintas entendían es que sus protagonistas requerían una motivación fuerte para ponerlas en movimiento. Es esta falta de urgencia lo que hace que la historia de Sam sea poco atractiva.

Aunado a ello, la actuación de Karen Gillan deja mucho que desear. Demasiado enfocada en parecer dura y fría, Gillan no establece un vínculo con su coprotagonista, la pequeña Emily (Chloe Coleman, quien hace un buen papel), y mucho menos con la audiencia. Tampoco ayuda que su gabardina y sombrero negros le den una apariencia torpe y poco pulida. En su conjunto, Sam es un personaje poco redondeado cuyas distintas fallas en su diseño coartan el potencial emocional de la cinta, que podría hallarse en los conceptos de maternidad y sororidad, una novedad en el subgénero de asesinas.
En este aspecto, Lena Headey hace un buen papel como la madre ausente de Sam, pero tenemos la impresión de que su carisma está en piloto automático. Por su parte, el trío conformado por Angela Bassett, Michelle Yeoh y Carla Gugino, no tiene mucho con qué trabajar, pues su concepto – bibliotecarias que manejan una compleja armería que a todas luces no es un negocio rentable – y personajes son poco creíbles. Los diálogos sosos, predecibles y cursis, encaminados a destacar una vaga noción de feminismo y sororidad, desperdician a tres grandes actrices.
Cóctel explosivo intenta construir un submundo criminal de la misma forma en que lo hizo la saga de John Wick. Tanto la temible Firma como las bibliotecarias apuntan hacia la construcción de un mundo tangible, pero son presentados con tan poco interés, que carecen del misterio del mundo de aquella saga. Al igual que los personajes y la trama, se trata de otro elemento que sufre de falta de profundidad, y como audiencia, es fácil ver su superficialidad. Papushado insiste en mostrar objetos, conceptos y personajes a cuadro, pero es incapaz de hacerlos tangibles.
Aun así, no todo es desperdicio en Cóctel explosivo, pues al menos tres secuencias me han parecido valiosas: la introductoria, cuya iluminación compleja remiten al cine negro de la década de 1940 – a pesar de lo ridículo de la combinación del sombrero y la gabardina arriba mencionados –, el tiroteo en los pasillos del consultorio dental, que apunta hacia un desquiciado humor negro que se olvida pronto, y, por último, el tiroteo en la cafetería, cuyos desplantes de dramatismo en un lento barrido lateral me hicieron recordar la escena del martillo en Oldboy (Park Chan-wook, 2003).
En conclusión, Cóctel explosivo frecuentemente carece de la calidad que el cine de acción nos tiene acostumbrados. Los personajes se sienten poco desarrollados y sus buenas intenciones feministas se quedan en el tintero, dejando de relieve una ejecución torpe e insincera similar a la que dejó entrever la escena de batalla con las heroínas de Marvel en Avengers: Endgame (Anthony y Joe Russo, 2019).
En el aspecto de la acción y la narrativa visual, requisitos para este tipo de filmes, la cinta también se queda corta, pues solo un par de secuencias nos parecen novedosas y divertidas. Muy pronto cae en el mismo bache visual que la mayoría de las películas de Hollywood, creyendo que los colores neones por sí solos conforman un estilo llamativo. Vamos, es que ni siquiera las secuencias de pelea cuerpo a cuerpo tienen la espectacularidad que esperamos de este tipo de filmes. Si esto fuera una competencia entre la mejor película de asesinas, lamento informar que Cóctel explosivo llegaría en último lugar.

