Nuestras 22 películas favoritas de la primera mitad de 2026 – edición Palomita de maíz
Incluso con un Mundial, la devoción al séptimo arte del cinéfilo no para. Una vez más nos encontramos a mitad del año y listos para volver nuestras miradas y reflexiones a los primeros seis meses de 2026 para concluir que el buen cine sigue presente en las muchas industrias cinematográficas del mundo.
El equipo de Palomita de maíz hace el recuento de sus películas favoritas de lo que va del año y, más allá de entrar en pánico ante la noticia de que ya estamos a mitad de 2026, se encuentra con muchas historias que han llenado de optimismo, diversión y asombro al equipo. Este año (hasta el momento) está marcado por propuestas fuertes en el género del terror, grandes ofertas a cargo de directoras que inician o que se consagran con estas ofertas, así como el regreso de algunos maestros que ya nos tienen acostumbrados al buen cine.
Con un corte de caja que da pie al inicio intenso de festivales de otoño y carreras de premiaciones que, a veces, llevan a olvidar lo realmente importante del séptimo arte, nos paramos a observar lo recorrido hasta el momento y a celebrar aquellos títulos que nos hacen recordar por qué amamos tanto el cine. Sin más, a continuación la selección de las 22 películas que han dejado una impresión duradera en el equipo de Palomita de maíz.
Backrooms (Dir. Kane Parsons)
Uno de los fenómenos cinematográficos del verano fue Backrooms, una película de horror independiente con una ambientación escalofriante: áreas inmensas escondidas detrás de una pared en una mueblería. En dicho escenario, se presenta una historia fascinante sobre la incapacidad de confrontar eventos traumáticos. Escrita y dirigida por Kane Parsons, un joven que tiene años en Youtube compartiendo videos donde recorre lugares abandonados impensables y laberínticos, la película protagonizada por Chiwetel Ejiofor, Renata Reinsve y Mark Duplass se enfoca en un vendedor de muebles / arquitecto frustrado (Ejiofor) y una psicóloga solitaria (Reinsve) encargada de darle terapia.
El mayor acierto del filme es que se niega a dar explicaciones fáciles ni a resolver el misterio detrás de los cuartos infinitos. La ambientación de la historia a inicios de los 90 le da un mayor toque de misterio al limitar las capacidades tecnológicas y posibilidades de escape. En su lugar, la historia se enfoca en el perfil psicológico de un hombre que se niega a enfrentar sus acciones recientes, así como el de una mujer atormentada por su pasado familiar. De esta forma, se presta para un sinfín de interpretaciones y ambigüedades, creando un horror tétrico que te acompaña por mucho tiempo después de concluida. – Oralia Torres de la Peña
The Bride! (Dir. Maggie Gyllenhaal)
Hacia finales de la temporada de premios pasada, cuando Jessie Buckley hacía campaña para hacer historia y transformarse en la primera irlandesa en ganar mejor actriz de la mano de una actuación que va a estudiarse por décadas, llegaba a las pantallas The Bride!, la segunda película como directora de Maggie Gyllenhaal. La propuesta gótica y romántica se posicionó como un contrapunto punk y extravagante en un año marcado por grandes blockbusters y dramas prestigiosos. Con un elenco estelar, que incluye a Christian Bale, Annette Bening, Jake Gyllenhaal, Penélope Cruz y Peter Sarsgaard, la cinta reimagina el mito de la Novia de Frankenstein en el Chicago de los años 30, fusionando horror, romance y crítica social. Su estreno fue un fracaso.
La trama sigue a Frankenstein (Bale) quien, tras un siglo de soledad, acude a la científica Dr. Euphronius (Bening) para crear una compañera. Ambos reviven el cadáver de Ida (Buckley), una mujer asesinada en Chicago, y que es interpretada con una energía desbordante por la actriz irlandesa, quien comienza a sacar papeletas como una de las más grandes de su generación, transformando su personaje en un ícono. Gyllenhaal filma con soberbia: secuencias en blanco y negro evocan el cine clásico de terror, los bailes y persecuciones ofrecen un ritmo caótico, pero intencional, que refleja la mente desbordada de su protagonista. La dirección es audaz, llena de homenajes (desde James Whale hasta el cine de gánsteres), con una banda sonora ecléctica y un diseño de producción que convierte los años 30 en un delirio steampunk-glam-punk.
Que The Bride! haya sido un fracaso taquillero, probablemente solo hará que crezca su leyenda a futuro, principalmente porque es probable que una nueva generación de artistas valoren más la ambición desmedida de Gyllenhaal y entiendan este manifiesto feminista, quizá llevándonos a una reflexión sobre la soledad y los paralelismos con el lamentable “incelismo” que crece día a día. No es una película perfecta, pero su imperfección es parte de su encanto; es excesiva y grotesca, como la propia protagonista. The Bride! redefine un mito clásico para hablar de nuestro presente: la búsqueda de conexión en un mundo hostil. – Julia Andrade
The Chronology of Water (Dir. Kristen Stewart)
Qué bien se tenía guardado su talento como escritora y directora Kristen Stewart. Su ópera prima, la adaptación de la biografía escrita por Lidia Yuknavitch en 2011, cómodamente podría describirse como un tornado de emociones. Anclada en la estupenda interpretación de una muy comprometida Imogen Poots, The Chronology of Water retrata las múltiples muertes y renacimientos de Lidia (Poots), una mujer sumamente turbulenta, perseguida por un pasado familiar denso, y siempre agobiada por malas decisiones y una atracción desesperante a la autodestrucción.
El visionado de este filme está lejos de ser sencillo; no obstante, es la maestría y seguridad de Stewart detrás de cámara lo que hace que no se puedan despegar los ojos de la tormenta que azota continuamente a Lidia, así como de su necedad por sobrevivir. Flashbacks inquietantes, historias traumáticas, zooms obsesionados con la cara y cuerpo de Poots, así como una amabilidad por la protagonista, hacen de este filme un anuncio a todo pulmón de que Stewart llegó como cineasta consagrada. Muchos sueñan con hacer esta película en algún momento de sus vidas y ella la ha hecho en su primer esfuerzo. Admirable como mínimo. – Alessandra Rangel Castillo
Disclosure Day (Dir. Steven Spielberg)
Steven Spielberg ha construido gran parte de su carrera legendaria a través del encuentro entre lo humano y las criaturas externas a este mundo. Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), E.T. (1982) y La guerra de los mundos (2005) son propuestas top del cineasta que inspiró el cambio del blockbuster. La fragilidad de la humanidad ante lo desconocido siempre ha sido lo central en estas historias y, tras años de proyectos más íntimos para él, este año regresó al género con Disclosure Day (2026), la película donde no solo revive el espíritu de sus clásicos OVNI, sino que lo actualiza con una mirada más madura y contemporánea.
En el centro de esta odisea emocional y especulativa brilla Emily Blunt, quien entrega la que probablemente sea la actuación de su carrera. Interpretando a Margaret, una meteoróloga cuya vida se desmorona cuando se convierte en vehículo involuntario de un mensaje alienígena, Blunt combina vulnerabilidad, fuerza y una intensidad casi sobrenatural. Verla en pantalla es algo hipnótico, actuación de estrella de cine. A su lado, el elenco es excepcional: Josh O’Connor, que aparece como ese héroe vulnerable al que como espectadores queremos abrazar, acompaña con maestría a Blunt; Colman Domingo entrega una presencia magnética y carismática; y Eve Hewson deslumbra con una interpretación reveladora.
Disclosure Day es, en última instancia, un triunfo del cine. En una era dominada por franquicias, Spielberg demuestra que una historia bien contada, con actores excepcionales y una visión personal, sigue siendo la fórmula más poderosa de conectar con el público. La película no solo entretiene, sino que invita a reflexionar sobre cómo reaccionaríamos como especie ante la mayor revelación de nuestra historia. Un recordatorio emocionante de por qué seguimos mirando al cielo. – Julia Andrade
Los domingos (Dir. Alauda Ruiz de Azúa)
Hay películas que no buscan ofrecer respuestas, sino obligarnos a convivir con las preguntas. En Los domingos, Alauda Ruiz de Azúa vuelve a demostrar que posee una sensibilidad excepcional para retratar los vínculos familiares y las contradicciones que hay en estos. Tras Cinco lobitos, la realizadora española reafirma una mirada profundamente humana, tanto desde la dirección como el guion. Demuestra que los silencios pesan tanto como las palabras y que cada gesto esconder una historia imposible de simplificar.
Los domingos es un relato sobre la fe, la pertenencia y las expectativas heredadas. El domingo, el principio de semana, es un visto popularmente como un espacio reservado para la reunión y la calma, por lo que se convierte en el escenario perfecto para exponer tensiones. No hay grandes estallidos ni dramas forzados, sino que la fuerza radica en lo cotidiano, en esos pequeños momentos donde los afectos y las frustraciones conviven sin necesidad de explicarse.
Lo admirable del cine de Ruiz de Azúa es su enorme capacidad para mirar a todos los personajes con la misma empatía. Ninguno es completamente culpable, pero tampoco inocente. Cada decisión nace de convicciones, miedos o deseos mortales. Es aquí donde la directora evita cualquier juicio moral para dejar que sea el espectador quien complete (o no) los espacios vacíos. Al final, su cine entiende que las batallas más difíciles rara vez suceden en escenarios extraordinarios, sino más en una mesa familiar, en medio de las expectativas y una vida por vivir. – Valentina Starcovich
Dry Leaf (Dir. Alexandre Koberidze)
Entre la abundancia de títulos de un festival y de la cartelera semanal es raro encontrar una proyección de una película de tres horas o más. Se nos ha adoctrinado a vivir bajo la presión del tiempo y en función de “la productividad”, por lo que la idea de dedicar más de 180 minutos a estar sentado en silencio, observando y resistiendo la tentación de ver el celular, puede resultar aterradora. Si a eso se le suma que esa película tenga como diferenciador el estar grabada con la cámara Sony Ericsson, a una resolución de 144p, no debe sorprender que la oportunidad de ver Dry Leaf en salas sea escasa, a pesar de ser el tipo de película que le da un sentido único al asistir a este espacio.
La búsqueda de Irakli por su hija Lisa, quien se ha marchado dejando motivo y pidiendo calma ante su ausencia, es una excusa bajo la cual Alexandre Koberidze se adentra a las carreteras georgianas. Irakli transita entre pueblos y campos de fútbol acompañado por Levani, un amigo de Lisa que es invisible para el espectador. Juntos siguen el rastro de alguien que, además de no querer ser encontrada, ha prometido volver. La misión es fútil, pero de ella surge una abundancia de imágenes de praderas, animales y encuentros solidarios entre extraños con una cualidad singular, ya que solo esa cámara puede dar una cierta textura pixelada al cuadro.
Al disipar la promesa de misterio que plantea una premisa familiar, Koberidze quita de encima el peso de la narrativa sobre la imagen y nos permite crear un nuevo vínculo desde la libertad de la contemplación. Divagar no solo es inevitable, sino bienvenido, porque en el tránsito se va dando un vaciamiento de lo cotidiano y se da un espacio para la reflexión, desde el extrañamiento de lo familiar y el encuentro con algo desconocido. Es un acto de generosidad cinematográfica que hace de la sala un espacio ideal para desentenderse del mundo exterior, en constante movimiento, y permitirse entrar en un flujo de imágenes que no buscan replicar la mirada humana, sino dar cuenta de una como una materialidad que nos hace percibir y sentir el mundo de otra forma. Dry Leaf es una invitación a sumergirse en algo que solo es posible gracias al cine. – Juan Andrés Rodríguez
Exterminio: el templo de huesos (Dir. Nia DaCosta)
El año comenzó fuerte con el estreno de la primera secuela de 28 Years Later. Dirigida por Nia DaCosta y con el subtítulo El templo de huesos, la historia continúa el viaje de Spike (Alfie Williams) en territorios desconocidos, y enfrentando a los Jimmies, un grupo de jóvenes desquiciados liderados por Sir Lord Jimmy Crystal (Jack O’Connell). A la par, el doctor Ian Kelson (Ralph Fiennes) realiza un descubrimiento trascendental con “Samson”, uno de los líderes de los infectados.
Esta película destaca por darle mayor profundidad a los personajes que conocimos en la primera parte, plantear una posibilidad inesperada de redención, ahondar en el terror que provoca un líder despiadado y presentar brillantes reflexiones sobre el rol de la religión y la mitología cristiana en un contexto desesperanzador. La precisión y control de DaCosta sobre el espacio, ritmo y personajes es magistral, y la interpretación de Fiennes es trascendente, con una sensibilidad y fortaleza impresionantes. El templo de los huesos es una devastadora y deliciosa entrega de la que encuentras sorpresas con cada visita. – Oralia Torres de la Peña
Hokum: la maldición de la bruja (Dir. Damian McCarthy)
Con Hokum: la maldición de la bruja, Damian McCarthy confirma que es una de las voces más estimulantes del terror contemporáneo. Más que apoyarse en los sobresaltos o en la lógica del horror sobrenatural, la película convierte sus elementos centrales en manifestaciones de un malestar que nunca termina de resolverse. Lo inquietante no proviene tanto de aquello que acecha en los pasillos como de una memoria que insiste en regresar y desestabiliza cualquier certeza sobre lo que realmente está ocurriendo.
Aunque en algunos momentos recurre a recursos convencionales del género, McCarthy destaca por la densidad de la atmósfera que construye y por la ambigüedad con la que articula el relato. Su mayor acierto llega en el desenlace, cuando la película deja de preguntarse si el pasado puede explicarse para interesarse por una cuestión más sugerente: si es posible encontrar una forma distinta de habitarlo. En ese desplazamiento, Hokum trasciende el terror para convertirse en una sólida meditación sobre la culpa, la ficción y la posibilidad —siempre frágil— de imaginar una salida. – Jaime Castro Roldan
The Invite (Dir. Olivia Wilde)
Hubo un tiempo en que las comedias para adultos no tenían miedo a incomodar. Eran verborrágicas, mordaces y lo suficientemente inteligentes como para esconder una tragedia detrás de cada chiste. The Invite no intenta imitar ese cine, sino que lo recuerda con una naturalidad sorprendente y demuestra que todavía queda espacio para historias donde la crueldad y el humor comparten la misma escena.
Olivia Wilde convierte el caos en espectáculo, no tanto desde el pánico, sino encontrando su gracia en lo cotidiano. Disecciona los conflictos con una ironía fascinante, casi rozando lo perverso, hasta revelar el absurdo sobre el que muchas veces están construidas las relaciones. Trabaja en ese momento en que el amor deja de ser un refugio para pasar a convertirse en una negociación constante, donde el deseo es un idioma que los protagonistas ya no saben hablar. Mientras todos intentan sostener la apariencia de una velada civilizada, la película se divierte viendo cómo cada máscara cae por su propio peso.
The Invite es, también, una propuesta teatral, no solo por la adaptación de la obra de Cesc Gay, sino porque entiende que el escenario es un campo de batalla. Cada personaje entra y sale de escena buscando dominar la conversación, conquistar el espacio o desarmar al otro con una frase filosa, pero ajustada. Wilde no esconde ese origen, sino que lo abraza y lo potencia con una puesta elegante que convierte el departamento en una caja de resonancia donde cualquier gesto puede alterar el aparente equilibrio.
La reivindicación de Wilde ha llegado, no porque la necesitase, sino porque con su tercer filme demuestra que sigue existiendo un lugar para las comedias inteligentes y feroces. Uno sale de la sala de cine riéndose, sí, pero también preguntándose cuánto esa velada podría desestabilizar la propia. Después de todo, las peores catástrofes rara vez empiezan con un único grito, a veces basta con una verdad pronunciada demasiado tarde. – Valentina Starcovich
Is God Is (Dir. Aleshea Harris)
El deseo de venganza es un sentimiento humano. Lo hemos visto tanto en la vida real como en la ficción una y otra vez. Las personas buscan reclamar un sentido de justicia que se les ha sido arrebatado, y hay pocas sensaciones más dolorosas que ver que alguien que causó mal en múltiples formas sigue por la vida airoso y sin consecuencias.
Is God Is, debut de la directora Aleshea Harris, es un relato de venganza sureño que propone algo clásico en este tipo de narrativas, y es que la venganza siempre trae un precio que debemos estar dispuestos a pagar, determinando si vale la pena ejecutar un plan. La historia sigue a las hermanas gemelas Racine (Kara Young) y Anaia (Mallori Johnson), quienes tienen quemaduras en su rostro y brazos desde su infancia, producto de un intento de homicidio de su propio padre, quien causó un incendio para matarlas tanto a ellas como a su madre.
Al descubrir que su padre en cuestión (Sterling K. Brown) no solo no recibió consecuencias legales por este acto, sino que empezó una nueva familia con esposa e hijos, Racine y Anaia emprenden un viaje de carretera buscando venganza. Este viaje también les permitirá reflexionar sobre su vínculo, las cicatrices físicas y mentales del trauma y el planteamiento de si en realidad la venganza es una solución para su dolor o, si por el contrario, las rebaja al mismo nivel de la maldad ejercida por su padre.
En una palabra Is God Is es épica. Es un debut que estremece por su ritmo ágil, su oscuro sentido del humor, su violencia descarnada y por el profundo patetismo con el que retrata los ciclos de la violencia sistémica. Harris no se conforma con construir un thriller estilizado de explotación; en su lugar, utiliza la estética del wéstern gótico y la tragedia clásica para ahondar en temas que, si bien no son innovadores, se sienten frescos e impactantes bajo su brillante dirección. – Cesar Guedez
Lo demás es ruido (Dir. Nicolas Pereda)
En tan solo 70 minutos, con un elenco de cinco personas y un solo espacio, Lo demás es ruido de Nicolas Pereda es una experiencia inolvidable. Lo que empieza como un favor entre amigas, cuando Tere le presta su apartamento a Rosa para una entrevista, desencadena una serie de situaciones bochornosas vinculadas al mundo del arte, propiciadas por interpretaciones pretenciosas, procesos poco ortodoxos y el ego incontrolable de los hombres.
Pereda toma estas dinámicas comunes, especialmente para quienes frecuentamos espacios de conversación y pensamiento sobre cine, y con gestos sencillos remarca lo inherentemente absurdas que resultan cuando se insiste en la sobre-intelectualización de algo que surge de lo sensible. La imposición de significado es desafiada por medio de un juego donde el origen de la vocación y obra de un artista puede ser un invento ridículo o carecer de misterio para recordarnos que tales aspectos son nimiedades en comparación a lo que el arte nos hace sentir. Todo esto se elabora con ligereza, algo evidente en el flujo de momentos que parecen surgir de la improvisación y la complicidad de su mirada desde la intimidad del espacio, elementos que, en conjunto, logran una hazaña rara: hacer que una sala ría al unísono sin parar. – Juan Andrés Rodríguez
Originaria de la Ciudad de México, Alessandra considera al cine como su gran amor. Fanática empedernida de Paul Newman y La Momia (1999), y dueña de una facilidad envidiable para aprenderse diálogos innecesarios para la vida real, en 2017 fundó Palomita de maíz. Aquí escribe constantemente sobre cine y televisión. También pueden encontrar sus palabras en sitios como InSession Film y Filmotomy.











