La invitación: la rutina bajo la alfombra
Dirección: Olivia Wilde.
Guion: Cesc Gay, Will McCormack, Rashida Jones.
Elenco:Penélope Cruz, Olivia Wilde, Seth Rogen, Edward Norton.
Países: Estados Unidos.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt14173636/

Hoy existe una desgastante costumbre en la vida adulta: camuflar el desgaste, en casi todos los ámbitos de nuestra vida, bajo la alfombra de la rutina. La cultura del silencio y la negación nos obliga a compartir el mismo techo, cama y días con alguien, fingiendo una sintonía inexistente por el miedo paralizante a reconocer que las decisiones del pasado nos pesan y que, en el fondo, nos sentimos profundamente inconformes. Nos convertimos en expertos en cohabitar espacios mientras nos alejamos kilómetros en silencio. Es precisamente en esa llaga donde la Olivia Wilde pone el dedo en La invitación, su tercera película.
Después de No te preocupes, querida (2022), la cual obtuvo una recepción negativa, las expectativas con esta adaptación de la película española Sentimental (Cesc Gay, 2020) eran altas. Wilde cumple al entregar una historia satírica, hollywoodense y provocadora. No obstante, la verdadera sorpresa de este guion —coescrito por Cesc Gay, Will McCormack y Rashida Jones— es que utiliza la comedia de situación como un caballo de Troya.
La trama nos introduce a una pareja sumida en la monotonía y la apatía (Wilde y Seth Rogen) cuando invitan a cenar a sus vecinos de arriba, una pareja ruidosa y desinhibida (Penélope Cruz y Edward Norton). Lo que inicia como una velada incómoda, se va transformando en una noche de verdades y revelaciones. La cinta utiliza —quizá mejor que la versión original— temas controversiales solo como un pretexto para desnudar algo mucho más profundo: la desconexión total de dos personas que se niegan a ver que su unión está rota.
A partir de esta premisa, la película despliega un ritmo rotundo que evoca de inmediato la atmósfera claustrofóbica y de diálogos rápidos tan propia del cine de Woody Allen. La genialidad de la puesta en escena radica en llevar al espectador hacia el clímax flotando en una comedia eufórica. En gran medida, este ritmo se sostiene gracias al enorme acierto en el uso de Seth Rogen. Su presencia es brillante porque su energía habitual aligera el peso de la tensión que se está gestando en pantalla, sirviendo como el perfecto contrapeso para la energía magnética de Cruz y Norton.
Aun así, el verdadero viaje de la película ocurre cuando la comedia de situación se apaga de golpe y el ritmo baja. En medio de los reclamos y las confesiones cruzadas, los personajes se quiebran frente a esos vecinos que son completos desconocidos; es ahí donde el espectador recibe un impacto seco de realidad. Ver al personaje de Rogen despojarse de su faceta cómica para mostrar la vulnerabilidad de sus decepciones, sus dolores de la vida adulta y la crudeza de su realidad, provoca un cortocircuito absoluto en la audiencia, la cual pasa de la carcajada colectiva a procesar cómo dos personas pueden estar tan lejos compartiendo el mismo espacio.
Siendo honesta, no me esperaba terminar viendo un retrato tan crudo, dulce y valiente de cómo un matrimonio se puede apagar por completo en la cotidianidad. Al final, el viaje de los protagonistas te deja pensando en lo vital que es mantener viva la química y la comunicación en pareja, recordándonos que, efectivamente, el ámbito sexual es el pegamento de todo.

Ale Stardust (como Ziggy de David Bowie) ama el cine y las series más que la comida. Fueron ellos quienes la acompañaron la mayor parte de su infancia y ahora le regalan un escape de la vida adulta. Fan de Harry Potter, los tatuajes, la lucha libre, creyente de la magia y de las películas de Hugh Grant, después de haber querido ser chef, historiadora y Power Ranger, se decidió por Ciencias de la Comunicación (por supuesto en la UNAM). Ahora pasa sus días intentando escribir sobre lo que ve y soñando con ser como Jo March.
