El apando: un relato sobre la vida carcelaria

Escrito el 14 septiembre, 2021 @riza_hkbg
El apando
El apando. 1975.

En 1967, el escritor mexicano José Maximiliano Revueltas Sánchez, conocido popularmente como José Revueltas, fue galardonado con el premio Xavier Villaurrutia, reconocimiento otorgado por otros escritores. “Mi vida literaria nunca se ha separado de mi vida ideológica. Mis vivencias son precisamente de tipo ideológico, político y de lucha social,” declararía Revueltas en una entrevista con Norma Castro Quiteño, publicada en el libro Conversaciones con José Revueltas.

Un año después, Revueltas fue encarcelado por tercera vez por consecuencia de sus ideales políticos y su participación en el movimiento estudiantil de 1968. Así, el palacio de Lecumberri se convirtió en el hogar obligatorio del autor.

En 1969, tomando inspiración de su vida carcelaria, el escritor publicó una de sus obras más famosas: El apando, la cual de manera sencilla y fugaz adentra a los lectores en un entorno desconocido para la mayoría.

Revueltas plasmó en su libro la vida en el presidio, incluyendo su corrupción, abusos, adicciones, lo triste y desoladora que es, con apenas algunos momentos de entretenimiento y paz para los reos. No maquilló la realidad de la cárcel o del síndrome de abstinencia por parte de los adictos. El escritor presentó esto de manera brutal y poco idealista con frases poco rebuscadas y características del habla coloquial mexicana, logrando describir la desesperación del ambiente.

Lo humano y lo inhumano convergen en esta novela corta que 1975 fue adaptada en una versión cinematográfica, dirigida por Felipe Cazals, producida en México y nombrada de manera homónima al material original.

El apando
El apando. 1975.

El apando sigue a seis personajes singulares. Por una parte, conocemos a tres reclusos: Polonio (Manuel Ojeda), el Albino (Salvador Sánchez) y el Carajo (José Carlos Ruiz), quienes desesperados por consumir drogas convencen a la madre (Luz Cortázar) del Carajo para que les entregue narcóticos de manera ilegal.

Los reos están convencidos de que, al ser una señora mayor y respetable, la madre del Carajo no será expuesta a los mismos procesos de cateo de Meche (María Rojo) y la Chata (Delia Casanova), las jóvenes parejas del Polonio y el Albino. Estas son revisadas de manera poco decorosa que resulta incómoda no solo para los personajes, sino también para el lector y espectador. En ambas versiones queda claro que los guardias invaden su intimidad para corroborar que no están pasando contrabandos al presidio.

La entrega se complica de manera estrepitosa cuando, en el día pactado, los tres reclusos se encuentran encerrados en el apando, una celda de aislamiento con condiciones infrahumanas. En ambas versiones, este es el escenario principal en el que se desarrolla la historia, tan bien descrito y ambientado que se siente como un personaje más de la historia y no solamente como parte de la puesta en escena.

En este sitio, el Albino, el Carajo y Polonio lidian no solo con una tensa convivencia, sino con la desesperación, el enojo, la frustración y el síndrome de abstinencia provocado por la falta de drogas. El apando es un retrato tan humano de cada una de estas emociones y sentimientos que resulta imposible permanecer indiferente. Si bien son el trio de reclusos los que se llevan gran parte de la atención, los personajes femeninos dejan una impresión imborrable en la mente del espectador y el lector.

El apando
El apando. 1975.

Enfocándonos en la obra original, si algo es digno de alabar, es la narrativa sencilla de entender de Revueltas, dando como resultado un libro entretenido y, a su vez, impactante. El autor presenta el escenario y a sus personajes, dejando que la historia se construya y fluya de manera tan natural y orgánica. A la mitad de la narración, el lector siente rales a los personajes y la historia.

En cuanto a la película, si algo hay que destacar es el diseño de producción, el cual recreó ambientes desoladores, incluyendo el apando. Por su parte, la iluminación juega un papel crucial en la generación del ambiente carcelario con tonos fríos. La calidez únicamente se presenta en recuerdos y evocaciones de los propios reos, como si se tratara de un anhelo lejano y casi inalcanzable.

Otro punto a favor de la adaptación son las actuaciones, principalmente la del trio de reos, en especial José Carlos Ruiz como el Carajo. El guion, en el que el propio Revueltas trabajó junto con José Agustín, se siente natural. La dirección de Felipe Cazals transmite la brutalidad de la vida en el presidio.

El apando es una narrativa brillante que puede ser leída o vista. Tanto la obra original como la adaptación cinematográfica dejan impresiones y huellas duraderas en la mente de la audiencia.

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