FINDE – 22 a 24 de julio
Cada semana, los colaboradores de Palomita de maíz responden la pregunta: entre series y películas, ¿qué viste el pasado fin de semana?
Alessandra Rangel
Body Heat
Body Heat es la película de mi verano, pues nunca me imaginé que este thriller erótico me representaría en sus momentos más comunes, insignificantes y castos: tanto los personajes de la cinta como yo sufrimos por una ola de calor incontenible que provoca sudor, malestar y desesperación sin respiro. Desgraciadamente, aquí es donde las similitudes entre la historia y mi vida terminan, pues la película toma una dirección de pasión, crimen y locura que francamente me provocaría (más) ansiedad si me sucediera.
William Hurt (un actor tremendamente irresistible delante de cámaras como desagradable detrás de estas) y Kathleen Turner (en su debut cinematográfico) traen a la vida un intenso affair en medio de un verano acalorado en Florida que se complica cuando ella le mete a él la idea de matar a su esposo adinerado para poder estar juntos sin que nada – ni nadie – se les interponga. Hurt es el abogado con indicios de himbo que se enamora de la femme fatale que parece saber más de lo que dice. Lo que resulta es un drama en el que nada es lo que parece y dónde las revelaciones se construyen de tal forma que el interés nunca se pierde. Altamente entretenida, efectivamente erótica gracias a la edición de Carol Littleton y muy bien actuada, Body Heat es un buen ejemplo del thriller erótico de los 80.
Disponible en Criterion Channel.
El hombre gris
¿Qué se puede decir de El hombre gris que no se haya dicho antes? Los hermanos Russo demuestran que quizá su éxito creativo pertenece a los confines del MCU y las restricciones de esa casa productora, pues su segunda cinta fuera del mundo de superhéroes (después de Cherry) es boba en sus mejores instancias e insoportable en los peores (sigo preguntándome a quién se le ocurrió presentar una balacera anárquica en medio de una ciudad europea en la que personas enmascaradas asesinan a policías y descarrilan un tranvía sin consecuencias aparentes).
Eso sí, Ryan Gosling, como el espía que da nombre al título de la cinta y que está a la fuga, demuestra que es el real deal, dejando su carisma por todo lugar por el que pasa, usando su perfecto timing de comedia para robar las pocas risas de la cinta y dándole profundidad a un personaje estereotipado sacado superficialmente de las películas de espías. Qué estimulante es verlo en pantalla. No obstante, son muchos los aspectos negativos de la película como para siquiera catalogarla como palomera (Regé-Jean Page ofrece una de las peores actuaciones del año, Chris Evans está incontrolable y las tomas con drones son innecesarias y desesperantes). ¿De verdad este es el futuro del género de acción? No, por favor.
Disponible en Netflix.
La gran libertad
Integrante de mi lista de películas más esperadas desde su estreno en la edición de 2021 del Festival de Cannes, por fin se me hizo ver La gran libertad. Protagonizada por el alemán Franz Rogowski, uno de mis actores favoritos y sello personal de garantía, el filme es un melodrama bien llevado sobre un evento histórico que no se menciona mucho, al menos no en el contexto alemán post-Segunda Guerra Mundial: el encarcelamiento de homosexuales bajo cargos de depravación e inmoralidad. Rogowski interpreta a Franz, un hombre que fue enviado directamente a la cárcel después de estar en un campo de concentración una vez que la guerra terminó, y que se la pasa entrando y saliendo de prisión a lo largo de décadas por su firmeza desafiante de vivir bajo su verdad, sin importar las consecuencias.
Rogowski, con su mirada triste y profunda, una transformación física que establece una diferenciación evidente en tres periodos distintos, y una sensibilidad que no exige que hable mucho, demuestra que es uno de los mejores actores del mundo, pues aparentemente no hay nada que no se atreva a hacer en aras de su arte. Acompañado por un elenco exclusivamente masculino en el que destaca la soledad, el aislamiento y el miedo, La gran libertad deja un hueco en el corazón que merece ser explorado.
Disponible en cines mexicanos y en MUBI en algunos países latinoamericanos.
Cesar Guedez
Anything’s Possible
Ya lo mencioné cuando tuve la oportunidad de reseñar Heartstopper, que uno de los grandes cambios en la industria del entretenimiento audiovisual es la llegada de generaciones jóvenes en los medios y la presentación de temas que, hace un par de décadas, no estaban presentes o, si lo estaban, tenían un enfoque burlesco y humillante. Muchas discusiones hay en torno a la necesidad de la representación LGBTQ+ en los medios. Lo que algunos tildan de «adoctrinamiento» no es más que un reflejo del estado actual de una sociedad agotada de la opresión, la censura y la vulneración de su existencia, de la expresión de su sexualidad y de la dignidad que merecen.
A pesar de ser en extremo convencional en su estructura de comedia romántica, Anything’s Possible es precisamente una demostración virtuosa y relevante de los cambios que estamos haciendo para mejorar la calidad de vida de las minorías en la sociedad, y de los cambios que aún nos quedan por hacer. Kelsa (Eva Reign) es una adolescente transgénero que conecta con encanto e irreverencia con Khal (Abubakr Ali), compañero de arte de la secundaria. Se puede sentir el compromiso del director Billy Porter, quién además de ser un talentoso actor es una de las figuras públicas modernas que más se comprometen por las causas de la comunidad gay. Aquí, se respetan y conocen los matices de la vivencia trans en tiempos en los que se piensa que todo está solucionado, incluyendo la transfobia de otros estudiantes, las quejas conservadoras e ignorantes sobre cuál es el baño adecuado para las personas, y, sobre todo, el hecho de que Kelsa, en sus propias palabras, no quiere ser ni víctima ni heroína. El resultado es profundamente empático con sus protagonistas y no ofrece comentarios ni resoluciones trilladas a sus problemas complejos.
Disponible en Prime Video.
Ready or Not
El género slasher está lejos de morir, y los años recientes nos lo han demostrado con propuestas que, dentro de lo que se espera del género, resultan originales. Ver de nuevo Ready or Not desde 2019 funciona para recordar cuáles son los parámetros modernos en este tipo de cine. Los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett tenían claro que su propuesta llevaría una connotación de comedia sarcástica e irreverente, una que no hubieran logrado sin la presencia de la espectacular Samara Weaving en la mejor interpretación de su joven carrera. La sátira autoconsciente funciona con elementos clichés intencionales: una familia millonaria con tradiciones retorcidas y una heroína con energía electrizante determinada a sobrevivir a una cacería humana.
En este sangriento juego de las escondidas, Grace (Weaving) debe ocultarse de la familia de su nuevo esposo en una inmensa mansión, percatándose más temprano que tarde que si la atrapan será utilizada como sacrificio que la familia Le Domas ha hecho por generaciones. Con líneas hilarantes como “fucking rich people» se puede sobre analizar Ready or Not y pensar que hay comentarios de crítica social sobre la avaricia, la codicia, la ambición por dinero, el poder y el hecho de que los millonarios observan al resto del mundo como seres desechables que pueden usar a su conveniencia. Más allá de las interpretaciones, este es el claro ejemplo de cómo una historia convencional puede funcionar en las manos correctas. Es visualmente atractiva, con un elenco actoral formidable y con varias escenas que quedarán en la memoria colectiva del cine slasher.
Disponible en Star+.
Alejandro Becerra
Cantando bajo la lluvia
Sin duda la cumbre del género musical en el Hollywood clásico, esta película de Stanley Donen y Gene Kelly es un espectáculo sin igual. De la mano del atlético, carismático y encantador bailarín Kelly, además de una jovensísima Debbie Reynolds y Donald O’Connor, Cantando bajo la lluvia cuenta una historia inspirada en la transición del cine mudo al sonoro en Hollywood. Kelly interpreta a Don Lockwood, un galán confiado que está condenado a estelarizar películas con la insoportable Lina Lockwood (Jean Hagen), pero cuando la ineptitud de ella amenaza las carreras de ambos, Lockwood debe recomponer su última película, encontrando el apoyo de su amada Kathy Selden (Reynolds) y su amigo Cosmo (O’Connor) para convertirla en un musical.
Sin haberla visto ya conocía el híper imitado número musical, pero es que si ha perdurado en la memoria colectiva es por su impecable manufactura. Cantando bajo la lluvia funciona en todos los niveles, como una comedia irreverente sobre Hollywood, un musical de números despampanantes, un vehículo para el soberbio Kelly y, sobre todo, como una demostración de la belleza inigualable del Technicolor. La pongo al lado de Las zapatillas rojas (Michael Powell, Emeric Pressburger) de 1948 como uno de los ejemplos de que el cine a color nunca se ha visto igual.
Disponible en HBO Max.
Juan Rodríguez
La vida de Calabacín
MUBI se ha convertido en uno de mis servicios de streaming favoritos, ya que es un espacio para el cine independiente y los clásicos, su equipo hace una excelente curaduría y envían recomendaciones diarias y semanales y variadas. Uno de los filmes de la semana pasada fue La vida de Calabacín (2016), dirigida por Claude Barras y con guion de Céline Sciamma. Basada en la novela de Gilles Paris, esta cinta animada de stop motion se centra en la vida de un niño que es enviado a un orfanato tras la muerte de su madre, ahí conoce a otros niños y forma amistades marcadas por las tragedias del pasado y la esperanza del futuro.
Si bien es una historia sencilla, la animación es bella y se atreve a explorar una temática muy dura como lo es el abuso y abandono infantil, ofreciendo una resonancia emocional a la audiencia, lo que la hace fácil de recomendar a cualquier persona. Es un deleite total; mi única advertencia es que hay una alta probabilidad de que los deje en lágrimas al momento de rodar los créditos, así que prepárense y tengan pañuelos a la mano.
