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El hombre gris: espectáculo fallido que pone énfasis en ‘gris’

Escrito el 25 julio, 2022 @bmo985

Disponible en:

Disponible en: Netflix.

Dirección: Joe & Anthony Russo.

Guion: Joe Russo, Christopher Markus, Stephen McFeely.

País: Estados Unidos.

Elenco: Ryan Gosling, Chris Evans, Ana de Armas, Billy Bob Thornton, Regé-Jean Page, Alfre Woodward, Jessica Henwick, Julia Butters.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt1649418/

El hombre gris. Dirs. Joe & Anthony Russo. Netflix. 2022.

Después de casi 10 años de estadía en los estudios Marvel, y de haber dirigido sus dos películas más exitosas (Avengers: Infinity War [2018] y Avengers: Endgame [2019]), los hermanos Joe y Anthony Russo continúan su camino por Hollywood con El hombre gris. Trastabillando, demuestran que su contribución a aquel universo tenía más que ver con su capacidad de imprimir un aura de simpatía y amistosa casualidad a los personajes y poco o nada con su entendimiento del cine de acción.

Ryan Gosling interpreta a Sierra Seis, un exconvicto que fue reclutado en la prisión por Fitzroy, un Billy Bob Thornton que por algún motivo está caracterizado como un general de la Guerra Civil estadounidense. El programa Sierra, en el que fue incorporado, es un programa de la CIA para asesinos de élite que la agencia usa de forma extraoficial. Son anónimos, peligrosos y, sobre todo, no tienen escrúpulos.

Carmicheal (Regé-Jean Page), un arrogante agente de inteligencia, contacta a Seis para eliminar una amenaza que resulta ser otro agente del programa Sierra, quién tiene en su posesión una memoria con información que revela la corrupción de Carmichael. Antes de morir, el agente convence a Seis de tomarla y cuestionar la autoridad de su jefe, por lo que de inmediato Seis se ve acorralado por las huestes de aquél ante su negativa de entregar la memoria. Es entonces cuando Lloyd Hansen (Chris Evans) es enviado para eliminarlo y recuperar la información delicada.

La desesperación de Netflix, casa productora del filme, por tener una franquicia propia, lo que en términos actuales quiere decir un universo de personajes que pueda explotar sin misericordia (como Disney lo hace con el universo de Marvel y Star Wars), es clara en El hombre gris, tanto por su final como por lo atestado de su elenco. Tal vez por esto es por lo que los hermanos Russo fueron contratados para imprimir ese sello inconfundible de acción, de viajes por el mundo y de intercambios sarcásticos que ha definido al universo Marvel. Entonces la pregunta es: ¿lo han logrado? Para responder necesitamos evaluar distintos elementos: los personajes, la manufactura, el mundo diegético y el interés que provocan en su conjunto.

Tal vez sea injusto decir esto (sobre todo para el gremio de directores), pero Ryan Gosling siempre me ha parecido un tipo que se dirige a sí mismo. Es un amo absoluto del oficio actoral, pues su especialidad ha sido interpretar a hombres silenciosos que tienen un repositorio de carisma instantáneo a su alcance. Gosling dice mucho con pocos diálogos, ya sea que uno lo necesite en plan de conquistador arrogante (Crazy, Stupid Love [Glenn Ficarra y John Requa, 2011]), o como un tipo patético y chiste andante (The Nice Guys [Shane Black, 2016]), o bien, como un pianista talentoso que persigue sus sueños (La La Land [Damien Chazelle, 2016]). De casi cualquier situación Gosling sale avante gracias a su presencia carismática e instintos infalibles, y El hombre gris no es la excepción (además de que su cuerpo tonificado lo convierte en un asesino creíble).

El problema con su personaje es el mismo de todos los demás: adolece de cualquier tipo de motivación, personalidad e interés para la audiencia. Los Russo lo capturan como un asesino serio, recio, que va directo al grano, pero que también ha sabido mantener su moralidad intacta. Sin embargo, cuando tratan de indagar en su vida interior, encuentran poco de dónde sujetarse. Una historia torpe y apresurada sobre su padre abusivo y su estancia en prisión interrumpe la narración a intervalos y su enfrentamiento climático con Evans hace juego con la edición para apelar a la fuerza interior que suponemos lo impulsa. Es una pobre imitación del tipo de exploración psicológica que Lynne Ramsay y Joaquin Phoenix hicieron en Nunca estarás a salvo, una deconstrucción magistral de su material fuente. En El hombre gris no hay mayor motivación que lo momentáneo, lo fugaz.

El hombre gris. Dirs. Joe & Anthony Russo. Netflix. 2022.

El hombre gris nos recuerda a películas sobre el mundo del espionaje clandestino, como la trilogía Bourne o la saga de John Wick. En ambos casos, hombres expertos en el arte del matar son cazados por el mundo en que antes se desempeñaron exitosamente, al igual que en la película que ahora nos ocupa. La diferencia estriba en que los dos primeros ejemplos destacaron del montón porque hicieron algo de forma excepcional.

Si bien la saga de Bourne inauguró la infortunada moda de la cámara tembleque (el famoso shaky cam), lo cierto es que su coreografía de combate era impecable. Matt Damon se convirtió en un héroe de acción de la noche a la mañana por la brutalidad sobria de sus peleas que lo veían liarse a golpes con otros agentes expertos en departamentos parisinos, azoteas alemanas y otros escenarios europeos. Lo mismo puede decirse de la saga comandada por Keanu Reeves, cuyo cuidado, esmero y respeto por construir secuencias precisas de balazos y peleas cuerpo a cuerpo la han colocado como una de las favoritas entre el público. En cambio, El hombre gris palidece por la pobreza de su imaginación en este rubro, por la ligereza intrascendente de su violencia y, en general, por la incoherencia de sus planos de acción.

¿No se supone que los hermanos Russo tienen el conocimiento técnico para hacer una secuencia rica en golpes y guamazos entre hombres y mujeres musculoses, luego de su experiencia en los estudios Marvel? Si algo demuestra El hombre gris es que aquella no es escuela ni incubadora de talento directoral, sino más bien un lugar donde se forman gerentes de comida rápida: supervisores a quienes les entregan el producto prácticamente hecho y cuya labor consiste en arrear a los empleados para que el cliente tenga un platillo caliente en la boca.

Es inconcebible que los directores responsables de la que fue alguna vez la película más exitosa en la historia (Avengers: Endgame) sean incapaces de armar una escena coherente con movimiento, explosiones, muertes y balazos. Todo lo que pasa a cuadro carece de la cualidad espectacular que otras películas (de menor presupuesto, hay que decir) de autores más capaces han filmado en los últimos 10 años. El espectador encontrará mayor disfrute en un filme infravalorado como lo es Justicia implacable (Wrath of Man, Guy Ritchie, 2021), en la siempre confiable Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015) o en cualquiera de los recientes filmes de Tom Cruise (Misión: imposible – Nación secreta [Christopher McQuarrie, 2015] es una de mis favoritas). Vamos, es que ni siquiera se plantea un universo creíble dentro de la película, aspecto que también caracterizó a los filmes mencionados (destacando John Wick) y, por tanto, no parece que sea un digno de explorar en otras entregas.

El hombre gris no puede entregarle a su audiencia ni la parca delicadeza del thriller de espionaje ni la fuerza y precisión de la película de acción. ¿Entonces qué es lo que ofrece? Más que nada, diálogos infectos de sarcasmo que, si bien arrancan una risa de vez en cuando, están arraigados en el terreno del cliché (“Si quieres hacer un omelette, tienes que matar a algunas personas”, dice el personaje de Evans en un momento) y que poco o nada hacen para hacernos invitarnos a que nos importe el destino de los personajes. Evans, repitiendo su papel de villano después de Entre navajas y secretos (Knives Out [Rian Johnson, 2019]), lo hace con gusto y placer (lo que es entendible después de encarnar a un superhéroe tan ñoño como el Capitán América durante una década), pero el guion le queda chico.

Lo mismo sucede con la excelente Ana de Armas. En comparación con su breve pero indeleble papel en Sin tiempo para morir (No Time to Die [Cary Fukunaga, 2021]), su aparición en El hombre gris pasa sin pena ni gloria. No conocemos a Dani Miranda por sus diálogos y tampoco nos queda en la memoria su desempeño físico (aunque sí su rostro). Si la escuela de Marvel es una de supervisión, entonces la de Netflix como estudio de producción es la del desperdicio: de recursos, talento y el tiempo de los espectadores.

En suma, El hombre gris demuestra no solo que Ryan Gosling y Chris Evans le proporcionan suficiente inercia a cualquier proyecto cinematográfico para hacerlo entretenido, sino además que la era del streaming conforma un proyecto cultural y que sus productos no son así por defecto sino por diseño: de planos genéricos, de diálogos humorísticos sin peso dramático, de presupuestos inflados por el abuso de imágenes generadas por computadora, de tramas inconsecuentes hechas para ser olvidadas tan pronto terminan, de un infantilismo soso que solo busca entretener, reconfortar y distraer y que se niega a desafiar, indagar ni relacionarse con el mundo real, todo con el afán de reemplazar a la televisión como la caja idiota de antaño en la que lo único que importa es la cantidad, no la calidad.

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