Cherry: el potencial de una crítica social pertinente se pierde en una pésima ejecución

Escrito el 25 febrero, 2021 @alessandra_kr

Disponible en: Apple TV+.

Directores: Anthony Russo, Joe Russo.

Guionistas: Angela Russo-Otstot, Jessica Goldberg. Basada en la novela de Nico Walker.

Elenco: Tom Holland, Ciara Bravo, Jack Reynor, Michael Rispoli, Jeff Wahlberg, Forrest Goodluck, Michael Gandolfini.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt9130508/

¿Qué tanto es mucho? Esa es la pregunta que nunca se detuvieron a pensar Anthony y Joe Russo al momento de hacer su más reciente película, Cherry. Después de estar a cargo de algunas de las cintas más anticipadas y taquilleras de los últimos años – Avengers: Infinity War y Avengers: Endgame –, los hermanos directores se reunieron con uno de sus superhéroes (Tom Holland alias Spider-Man) para traer a la vida una historia íntima de un joven en apuros, basándose en la obra de Nico Walker.

Dividida cual libro en episodios, prólogo y epílogo, la película sigue a Cherry (Holland) a través de distintos episodios de su vida, empezando en 2003 cuando inicia la universidad y llegando hasta 2021, después de 18 años de infortunios y descalabros basados en decisiones aceleradas y erradas. Cherry es el perfecto ejemplo de lo que sucede cuando uno es su propio enemigo. Su historia intenta ser una reflexión de una generación estadounidense perdida en las manos de la guerra, los ideales patrióticos norteamericanos y las drogas para intentar olvidar. De hecho, es curioso notar que esta crítica únicamente pertenece a una muestra específica (y muy blanca) de la población de Estados Unidos.

Prácticamente la historia está anclada en la relación entre Cherry y Emily (Ciara Bravo). Se conocen en una clase de la universidad y empiezan una relación apasionada, aunque moldeada por las inseguridades de ambos. Ella tiene traumas nacidos por sus padres disfuncionales y él está muy clavado en la nueva relación. Por eso, su mundo se viene abajo cuando ella decide irse a estudiar a Canadá, propiciando el inicio del fin del Cherry normal y corriente que conocemos. Desgraciadamente, ella solo existe para ser la catalizadora de las malas decisiones de él, algo así como lo contrario al arquetipo de Manic Pixie Dream Girl.

Una de las cosas más peculiares de la película es la manera en que presenta personajes inmaduros y estúpidos – es evidente que su inocencia e incapacidad de medir las consecuencias de sus actos marcan su vida – mientras que los diálogos suenan como conversaciones y monólogos de adultos. El guion hablado a través de las bocas jóvenes de Holland y Bravo se siente falso en los mejores momentos y vergonzoso en los peores. Frases como “un día sano de otoño, en el que podías oler las hojas húmedas” o “estaba metido en su cerebro de lagarto” son dos breves ejemplos del guion inverosímil que cimienta la historia.

En este punto también destaca la incesante e innecesaria narración a cargo de Holland. En. Todo. Momento. ¿Recuerdan el consejo de que es mejor mostrar que decir? Evidentemente los Russo, y las escritoras de la película, Angela Russo-Otstot y Jessica Goldberg, lo olvidaron por completo. Esto resulta en una insufrible narración en la que las cosas obvias se terminan obviando más. Es imposible entender a los personajes por lo que muestran, ya que las ideas de Cherry apantanan lo que observamos.

Esto está relacionado con el exceso introducido por los directores. Los Russo hacen uso de muchos recursos cinematográficos en muchas ocasiones. Precisamente algunas de las críticas positivas que han marcado su carrera en Marvel están relacionadas con sus aciertos técnicos en las peleas de acción. Pareciera que los hermanos intentan replicar esos aciertos con un drama con tintes de denuncia social que está más enfocado en la vida introspectiva del personaje y que por lo mismo brillaría más si los directores bajaran su intensidad técnica para acoplarse a la interioridad de Cherry.

No obstante, hacen mucho ruido con sus innovaciones técnicas e intentos de hacer la historia cool. En un drama como éste, no deberíamos notar tantos trucos técnicos – uso incesante de un soundtrack ecléctico, un uso hiperactivo de la cámara cual película de acción, un sonido amplificado que distrae constantemente, y el uso sin límites de la cámara lenta – sino que más bien, deberíamos involucrarnos en la historia y el personaje. Los Russo decidieron apantallar en vez de involucrar a la audiencia.

Aun así, lo más tortuoso de Cherry es su sobrecarga narrativa. Parece que estamos viendo tres películas (como mínimo) en una. La primera abarca la historia del joven en su etapa de estudiante universitario, la otra en su etapa de militar y la última como veterano de guerra con trastorno por estrés postraumático (TEPT) que se vuelve ladrón de bancos para mantener su vida como adicto. La dimensión de la historia es monumental, la duración de la película es agotadora (2h20min) y la ejecución es lastimosa.

Sin embargo, en este caos narrativo se salvan varias cosas. Los hermanos no escatiman en presentar el lado desagradable del ejército estadounidense. La película bien podría funcionar como una contrapropaganda del ejército, y no porque promueva la paz o critique la guerra, sino porque ridiculiza a la institución y los líderes militares, mientras que exhibe el terrible trato otorgado a los soldados rasos. La película mejora ligeramente una vez que Cherry vuelve a casa y debe lidiar con su TEPT y su inhabilidad por adaptarse.

La película descansa por completo en los hombros de Holland, quien, a pesar del guion y la falta de profundización de su personaje, ofrece una actuación esforzada. Ya sabíamos que Holland es uno de los mejores actores de su generación, y aquí lo refuerza. La calidad de la película está completamente desligada de su compromiso y vulnerabilidad. Mientras que Bravo también da todo de sí en el papel, no hay mucho que decir sobre un personaje que únicamente funciona para servir al personaje principal de la película.

Cherry es una explosión de ideas y recursos cinematográficos que buscan impresionar al espectador y ahogarlo de cualquier pensamiento crítico. Quizá si se hubieran presentado menos capítulos de la historia de Cherry o si se hubiera manejado la historia con más sobriedad, las cosas hubieran funcionado mejor. Aun así, no se pueden olvidar un guion terrible e incómodo, y la falta de profundidad de un personaje aparentemente atormentado que terminan por hundir lo que pudo ser una crítica resonante de la sociedad estadounidense.

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