Palomita de maíz

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Physical: el flujo de consciencia implacable de una mujer al borde de la locura

Escrito el 7 junio, 2021 @alessandra_kr

Disponible en: Apple TV+.

Creadora: Annie Weisman.

Dirección: Craig Gillespie, Liza Johnson, Stephanie Laing.

Guion: Annie Weisman.

Elenco: Rose Byrne, Rory Scovel, Dierdre Friel, Della Saba, Paul Sparks, Lou Taylor Pucci, Geoffrey Arend, Ian Gomez, Ashley Liao.

Duración: 10 episodios de 30 minutos cada uno.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la serie: https://www.imdb.com/title/tt11828492/

“De verdad cree que es así de sencillo para nosotras, ¿verdad?” se pregunta a sí misma Sheila (Rose Byrne), después de que su esposo Danny (Rory Scovel) le da un consejo que únicamente exhibe la realidad tan dispareja que ambos viven en el San Diego de los 80 en Physical, la nueva serie de Apple TV+. Él es un perdedor que a su mediana edad está pensando que recibirá una promoción en su trabajo cuando más bien están a punto de despedirlo, ella es una ama de casa con un flujo de consciencia incesante que nos permite comprender lo mucho que es miserable y lo poco que piensa de sí misma y de los demás.

Esta primera temporada de Physical, compuesta por 10 episodios, presenta el ascenso de Sheila como una típica ama de casa a gurú de los aerobics. A través de estos episodios vemos cómo es que su obsesión con el ejercicio inicia, pero no vemos cómo es que llega hasta la cima. En este sentido, esta temporada únicamente funciona como un vistazo de la furia que es Sheila, animada por su terrible autoestima, deseo de hacer algo por sí misma y simple desdén por los demás, empezando por su marido y la vida corriente que ha creado con él.

El flujo de consciencia de Sheila – al que tenemos acceso la mayoría del tiempo – es la clave de la historia. ¿Nuestra calidad como persona se define únicamente por nuestras acciones o también por nuestros pensamientos? ¿Qué pasaría si los demás pudieran escuchar lo que sea que pasa por nuestras mentes cuando interactuamos con ellos? Estas preguntas son dignas de reflexión mientras vemos la serie, pues Sheila es mordaz con sus pensamientos, dejándonos entrever la doble vida que lidera: una como la esposa cariñosa y paciente de Danny, quien ahora – y gracias al impulso de ella – comienza una carrera política como el representante alternativo a la administración actual local, consumista y capitalista. La otra es como una mujer increíblemente insegura, sin interés por adherirse a las normas básicas sociales de su comunidad, y que más bien entierra su miseria con atracones de comida que después vomita.

Los pensamientos sin filtro a los que tenemos acceso indican que Sheila no es buena persona. Al revés, al inicio es complicado tolerar el veneno que atraviesa por su mente. Ya sea por la manera en que se trata a sí misma, como por la forma despectiva con que trata a Greta (Dierdre Friel), mamá de un niño de la escuela de su hija; sin embargo, ¿cómo podríamos esperar bondad hacia los demás cuando no tiene ni una pizca de compasión por sí misma?

Además, de repente tiene arranques perniciosos que más bien la colocan como un personaje desagradable, desde robarse una cámara de la casa de su amiga rica hasta intentar mantener un velo inaccesible entre ella y el resto de la gente basado en un sentido de superioridad. No sería desatinado compararla con Amy Dunne de Gone Girl (2014): impresionantemente brillante, pero terriblemente vindicativa. No podemos vitorearla cómodamente cuando va encontrando su misión y luchando por ésta, pero reconocemos muchas de sus batallas e inconformidades.

Quizá su situación más empática es la que vive en casa. Como parte de la comunidad liberal blanca y acomodada de San Diego, Sheila y su familia no tienen mucho de qué quejarse. El problema reside al observar el lugar que tiene en su hogar y las expectativas que tienen de ella. No solo porque sea parte de la corriente liberal y más progresista significa que tiene buena calidad de vida. Es aquí en dónde la escritora / creadora de la serie, Annie Weisman, exhibe sin tapujos el ambiente machista y condescendiente en el que vive. Danny acusa a Sheila cuando sucede algo malo en casa o en su campaña electoral, Sheila es constantemente infravalorada a pesar de que tiene ideas brillantes, y Danny nunca le da crédito cuando lo merece. ¿Así como no estar frustrada y enojada con la vida? En este punto, él bien podría ser el villano de la historia, lo cual se hace más notorio cuando entra en escena John Breen (Paul Sparks), un hombre inmensamente infeliz y que lidera la urbanización de la zona, pero que ve en Sheila lo lejos que podría llegar con sus videos de aerobics.

Precisamente Sheila encuentra en los aerobics dicha y sentido a su vida. Su personalidad obsesiva encuentra un escape. Poco a poco se involucra más y más en esta actividad, ideando propuestas para volverse el centro de atención y crear un mini imperio en su pequeña comunidad, ayudada a regañadientes por Bunny (Della Saba) – la maestra original de aerobics – y Tyler (Lou Taylor Pucci), el surfista /camarógrafo / novio de Bunny que más bien es un himbo que rápidamente se vuelve de lo más destacado de la serie.

Aun así, ésta le pertenece a Rose Byrne. Constantemente infravalorada en la industria, Byrne es una de las mejores actrices de la actualidad y aquí lo confirma. Con miradas heladas con palabras tibias, y pequeñas y agobiantes crisis emocionales en su cabeza, Byrne es un torbellino de emociones. Su semblante nostálgico queda a la perfección en este papel: siempre miserable, pero con algunos destellos de felicidad y muchos arrebatos de locura que se leen sencillamente en su exterior.

Byrne es apoyada por un elenco secundario destacable. Desde Rory Scovel como el esposo abusivo, hasta Dierdre Friel como Greta, quien presenta otra máscara de autodesprecio y miseria. ¿Acaso no podemos ser felices con lo que tenemos? Aunque la serie tiene un enfoque específico en la insatisfacción de la mujer blanca estadounidense, el hecho de que otros personajes también sean miserables – John Breen, por ejemplo – funciona como una crítica tenaz al boom de consumismo y avaricia de la década de los 80, á la Mujer Maravilla 1984.

La decoración de los sets a cargo de Kellie Jo Tinney y el diseño de producción de Kate Bunch nos llevan de regreso en el tiempo, en donde los centros comerciales se convertían en el centro del universo y las casas de un piso dominaban el diseño. El vestuario de Kameron Lennox brilla en Byrne. En esta historia la delgadez de Byrne es fundamental para la trama, ya sea para ahondar en su sentido de superioridad, explicar su batalla con la bulimia o presumir hermosas piezas que modela porque sabe la apariencia física que tiene.

Es difícil llegar a una conclusión definitiva sobre Physical. Sorpresivamente diría que 10 episodios no son suficientes para entender el enigma que es Sheila, y más al considerar que el flujo de consciencia que fue esencial al inicio poco a poco desaparece en los últimos episodios. Sin esos pensamientos, pareciera que es una persona normal y amigable. No obstante, sabemos que no es verdad.

Esto, y el hecho de que más historias alternativas e irrelevantes se introducen conforme avanzan los capítulos, fortalecen la idea de que fue poco tiempo lo que tuvimos con la historia. Consecuentemente, al final de la temporada terminamos con un sentido de insatisfacción y ansias, tal y como ha estado Sheila. Parece ser que la historia está empezando. Physical bien lo sabe y se aprovecha de esto al dejar un anzuelo tan intrigante.

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