Jay Kelly: perdido entre las estrellas y la farándula
Dirección: Noah Baumbach.
Guion: Noah Baumbach y Emily Mortimer.
Reparto: George Clooney, Adam Sandler, Laura Dern, Billy Crudup, Charlie Rowe, Louis Partridge, Riley Keough, Grace Edwards, Stacy Keach, Jim Broadbent, Patrick Wilson, Eve Hewson, Greta Gerwig, Alba Rohrwacher.
Países: Reino Unido, Estados Unidos.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt30446847

Noah Baumbach ya se dio cuenta de que está envejeciendo. El cineasta neoyorkino debutó en 1995 con Kicking and Screaming, un filme que sigue las desventuras de jóvenes recién graduados de la universidad sin idea de qué hacer con sus vidas. 30 años después, sigue presentando a personajes cuyas vidas han perdido el sentido y el rumbo, lo único que ha cambiado es el contexto.
Jay Kelly es el personaje principal (George Clooney) del filme, un actor hollywoodense que, continuando con la tradición de los protagonistas de Baumbach, parece tenerlo todo, desde un equipo liderado por su mánager Ron (Adam Sandler) y su publicista Liz (Laura Dern), hasta una vida de lujos. No obstante, tras un encuentro con Timothy (Billy Crudup), un excompañero universitario sin tanta suerte en el mundo actoral, sus fantasmas del pasado se despiertan y lo llevan a un espiral existencial. En esta travesía, Kelly explora los aspectos más íntimos de su vida, incluyendo sus relaciones terminadas y los caminos no recorridos, en un intento por poner su vida bajo control.
En papel, tras Historia de un matrimonio (2019), película donde Baumbach representó una experiencia vivida, y Ruido de fondo (2022), en donde exploró un lado abstracto de su papel como director, Jay Kelly se siente como su siguiente paso natural, un filme sobre alguien que tenía al mundo en sus manos en su juventud, pero que, con el paso de los años, se ha perdido en su carrera. Lamentablemente, al igual que el personaje que da nombre a su filme, Baumbach termina extraviado al intentar aterrizar el aislamiento y el narcisismo de la fama en contraste con la convivencia y la cercanía de la vida común.
De hecho, sorprende la manera en la que Baumbach pierde el control; en especial al tomar en cuenta que las historias de personajes en crisis son su especialidad. Quizás esto proviene de la redundancia de la mayoría de las reflexiones sobre la vida de Kelly, una persona vacía, un padre ausente, un actor que nunca siente que hace lo suficiente y un artista que no sabe cuándo está actuando y cuándo es él mismo. Este debacle se establece en la primera sección del filme y, cuando la historia se transfiere a Italia para que Kelly acepte un tributo cinematográfico, el filme no se esfuerza en profundizar más en esta crisis, cayendo en repeticiones de las mismas ideas, imágenes y argumentos.
En este sentido, Baumbach no parece tener mucho qué decir sobre la relación entre la fama y el personaje titular, al menos no a través de la representación de la cultura del estrellato. Los elementos que utiliza –las analepsias mentales donde Kelly reflexiona sobre su pasado, el vacío visual que siempre hay alrededor del protagonista, los paralelos entre la vida del actor y su mánager– caen en la reiteración. Un ejemplo es el uso de su séquito, cuyo integrantes se separan del actor poco a poco cual representación de la falta de relaciones importantes en su vida. Asimismo, estos no tienen un valor intrínseco, más bien representan la superficialidad temática de la película.
Lo que rescata al filme es la exploración de la vida doméstica de Kelly, un aspecto familiar en el cine del director con propuestas como Los Meyerowitz: la familia no se elige (2017) e Historias de familia (2005). En este punto, encontramos a personajes que realmente lo confrontan en lugar de ceder ante sus meditaciones nostálgicas y narcisistas. Los mejores momentos son aquellos en los que Kelly enfrenta a las personas en su vida que no están relacionadas con la farándula hollywoodense: sus hijas Daisy (Grace Edwards) y Jessica (Riley Keough), y su padre (Stacy Keach). Los momentos en los que estos personajes ponen a prueba el sentido de realidad del protagonista –situaciones en las que la propuesta muestra mayor vulnerabilidad– es cuando Baumbach y compañía encuentran su punto fuerte.
Similar a Ruido de fondo, la idea central del filme parece un punto de arranque para la exploración de algo menor, una metonimia temática que funciona. Mientras que aquella propuesta usa el apocalipsis como representación de una relación rocosa de una pareja, Jay Kelly utiliza la fama y la vida bajo los reflectores para representar la falta de realización personal y la sensación de ser un simple espectador en la película de la vida propia.
A pesar de que esta idea resuena en la escena final, el momento más contundente de los 132 minutos de duración, el resto del filme deambula. Incluso con la bella fotografía de Linus Sandgren o la emotiva musicalización de Nicholas Britell, la película constantemente posterga el ajuste de cuentas entre la estrella de cine y la persona de la misma forma en que el protagonista huye de esa realidad. Lo que comienza como una exploración del vacuo resultado del estrellato se convierte en un reflejo de sí mismo: vacío emocional, bello y cautivador, lleno de estrellas y glamour, y carente de un propósito mayor.
Nacido en un pueblo pequeño sin cine, Carlos se enamoró del séptimo arte de manera gradual, llegando al apogeo en medio de su adolescencia. Fanático del cine de género, su pasión por el cine no conoce límites, pasando a medios televisivos y literarios, películas clásicas y modernas, ganadoras del Óscar, y las peores del año. Su segunda pasión es escribir sobre las cosas que le gustan y celebrar estas pasiones con gente que las comparta.
