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El bastardo: Jutlandia, tierra de emprendedores

Escrito el 12 abril, 2024 @bmo985

Dirección: Nikolaj Arcel.

Guion: Anders Thomas Jensen y Nikolaj Arcel basados en la novela El capitán y Anna Barbara de Ida Jenssen.

Elenco: Mads Mikkelsen, Amanda Collin, Simon Bennenbjerg, Kristine Kujath Thorp, Malina Hagberg.

País: Dinamarca.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt20561198/

El bastardo. Dir. Nikolaj Arcel. Zima Entertainment. 2023.

Un hombre de mirada dura, con el uniforme raído, pero limpio, se presenta ante los ministros del rey danés en algún momento durante el siglo XVIII. Su petición: establecer una colonia en las llanuras de Jutlandia, donde la colonización impulsada por la autoridad real ha fracasado una y otra vez. A cambio, el capitán Kahlen (Mads Mikkelsen), solo pide una cosa: que cuando logre su cometido reciba un título nobiliario y una bonificación monetaria digna de su hazaña.

El bastardo, elegida por la academia de cine danesa para representar al país nórdico en los recién celebrados premios Óscar, tiene todo para conformar una historia épica: el sufrimiento en pos de la conquista de una naturaleza indomable, un hombre de origen humilde que lucha contra los intereses de un terrateniente cruel, un escenario inhóspito, etc. Sin embargo, denota una superficialidad en casi cada aspecto de su puesta en escena, recordando más a obras hollywoodenses de cariz rosado y simplista como El patriota (Roland Emmerich, 2000) que a épicas nórdicas contemporáneas como Godland (Hlynur Pálmason, 2022).

Su villano, el cruel miembro de la nobleza De Schinkel (Simon Bennenbjerg), es todo lo contrario del endurecido capitán Kahlen (cuyo corazón de pollo, una vez revelado, no puede ocultarse). De Schinkel es el hijo mimado de un noble, heredero de tierras, propiedades y vidas humanas, mientras que aquel es el disciplinado hijo no reconocido de un noble que embarazó a su empleada doméstica. Sin demeritar la actuación de Bennenbjerg, De Schinkel rápidamente cae en la caricatura. Simplemente es demasiado malo: sádico, cruel, arrogante, irredimible por donde se le vea, mientras que Kahlen bien podría coronarse como un santo, no solo por su impecable ética del trabajo y habilidad planificadora, sino también por su bondad, demostrada por su adopción de la huérfana Anmai Mus (Malina Hagberg) y la doncella viuda Anna Barbara (Amanda Collin).

Mikkelsen, acostumbrado a interpretar a hombres normales en el cine nórdico y a villanos en el cine estadounidense, lleva lo mejor de los dos mundos hacia el personaje de Kahlen: la mirada recia, el ladrido de órdenes, la exigencia de orden y lealtad, la sonrisa cómplice, las manos abiertas y la expresión de amor sin necesidad de palabras. Sin embargo, muy pronto queda claro que El bastardo le queda chica. Es una épica sin la escala requerida, ocupando los eventos centrales de apenas un año en la vida de sus personajes, entre los cuales pretende relaciones significativas sin hacer el trabajo pesado de mostrar su desarrollo, dándolas por sentado hasta que llegue el momento de retomarlas porque la trama lo requiere.

Durante la mayor parte de su duración, El bastardo se articula como una historia de esas que le gustan tanto a Hollywood: la de un underdog, es decir, alguien que tiene todas las de perder y aun así triunfa en la vida. Claro que en este largometraje el personaje aspira a obtener un título nobiliario y no a fundar una cadena de comida rápida, pero los paralelos son innegables, pues gran parte de la diferencia que el filme señala entre De Schinkel y Kahlen es el grado en el que cada uno merece lo que tiene. No hay grandes ideas sobre el destino ni sobre la naturaleza del poder (que algunos críticos han comparado con los wésterns, anotación que poco viene al caso porque en aquel género lo que menos nos ocupa es quién merece qué, sino quién puede utilizar la violencia en beneficio propio), ni mucho menos sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, noción central para lo que anhela Kahlen en un páramo yermo donde la ausencia de agricultura imposibilita la civilización.

La dirección de Nikolaj Arcel es adecuada, pero le hace un flaco favor al talento de Mikkelsen, mostrando con frustrante timidez la lucha de su personaje en todos los frentes: el romántico (mira que desperdiciar un triángulo romántico que incluye a Kristine Kujath Thorp [Enferma de mí, Kristoffer Borgli, 2022] es un crimen imperdonable), el político y, sobre todo, el agrícola. No es una película mal dirigida, pero es convencional, trillada y, lo más inexcusable, blandengue. Hacia el final, Arcel intenta corregir rumbo, llevando a Kahlen hacia caminos distintos, pero solo sirve para subrayar cuán ausente está la pasión – por la tierra, por una mujer, por una hija, caray, ni siquiera hay pasión por las papas que Kahlen tanto atesora y en las cuales apuesta la victoria de su proyecto– a lo largo de la película.

En fin, El bastardo, muy a su pesar, no es una aventura memorable en la planicie danesa, ni un cuento de romance arrebatador, ni un pseudo wéstern épico, ni una historia sobre el triunfo de un emprendedor del siglo XVIII, ni el relato contra todo pronóstico del triunfo de un humilde tubérculo sudamericano en tierras nórdicas, todo lo cual intenta abarcar. En cambio, es regular, con actuaciones interesantes, pero constreñidas por la mediocridad y la falta de intensidad de su puesta en escena.

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