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Godland (TIFF 2022): retrato del colonizador

Escrito el 11 septiembre, 2022 @bmo985

Sección: Contemporary World Cinema.

Dirección: Hlynur Pálmason.

Guion: Hlynur Pálmason.

Elenco: Elliott Crosset Hove, Ingvar Sigurðsson, Vic Carmen Sonne, Jacob Hauberg Lohmann, Ída Mekkín Hlynsdóttir, Waage Sandø, Hilmar Guðjónsson.

Países: Dinamarca, Islandia, Francia, Suecia.

Palomómetro:

Más información de la película: https://tiff.net/events/godland

Godland. Dir. Hlynur Pálmason. 2022.

Lucas (Elliot Crosset Hove), un sacerdote danés, se traslada a Islandia (entonces una colonia danesa) en algún momento entre finales del siglo XIX e inicios del XX en este relato épico de Hlynur Pálmason. Godland está marcada por una mirada costumbrista que nos transporta a una época no tan distante en que el ojo de la cámara fotográfica que el protagonista carga a sus espaldas representa la pulsión por dominar, porque, como había señalado John Berger en Modos de ver, lo que se conoce se representa y lo que se representa se adquiere.

Filmada en el formato académico de 4:3, desde un inicio aparenta una antigua fotografía, pues de allí parte: imaginando al hombre que dejó tras de sí siete retratos de la costa sur de Islandia entre los siglos XIX y XX. Recordándonos a un óleo del pintor ruso Illya Repin (pero de menores dimensiones), Pálmason y su directora de fotografía Maria von Hausswolff demuestran interés por la vida cotidiana islandesa, donde escasean los árboles y abundan la lluvia y la roca volcánica.

Un par de planos construidos con paneos circulares refuerzan el aspecto pictórico del filme, como si se tratara de grandes frescos realizados para conocer las costumbres de un rincón remoto del Atlántico Norte. El interés de Pálmason y von Hausswolff no deja de lado el asombroso horizonte islandés: húmedo, musgoso y tan inclemente como hermoso. Godland está influenciada por los ritmos de la naturaleza, sean los animales que hacen posible la pesada travesía a través de la isla o los volcanes que la dificultan. Por este y otros motivos es más que una película, se siente como una máquina del tiempo que, por 143 minutos, nos traslada más de 100 años atrás. Es una sensación similar a la que tuve al ver La ciudad perdida de Z (James Gray, 2016), como si se abriera un paréntesis y me fuera posible olvidar de que se trata de una película.

Se puede hacer otra conexión de corte temático con Blanco en blanco (Théo Court, 2019), pues en Godland la cámara fotográfica operada por el personaje central sirve como una metáfora de la dominación colonial. El tomar una foto denota no solo el ánimo científico de conocer a través de imágenes, sino que revela la relación entre colonizadores y colonizados. Lo que se captura con este ojo mecánico es lo que se posee: territorios, animales y personas, aunque también lo que se deja fuera tiene su motivo, como sucede en un momento climático. Las imágenes que Lucas toma son también una historia que escribe con el sudor y la sangre de otros, un relato de precoz triunfalismo sobre su heroica gesta.

Godland. Dir. Hlynur Pálmason. 2022.

Lucas representa el ethos del colonizador. Orgulloso, necio y altivo, prefiere recorrer la isla a caballo que navegar para llegar a su destino. La pesada travesía es posible gracias al recio Ragnar (Ingvar Sigurðsson), hombre curioso que conjuga la entereza islándica con un temperamento de cascarrabias, quien, junto al perro juguetón que lo acompaña, se roba la película. Los defectos morales de Lucas encuentran su contraste en la quejumbrosa aquiesencia de Ragnar, pues mientras uno le pide a Dios que le otorgue lo que se merece, el otro pone manos a la obra, ya sea para atravesar glaciares, ríos y llanuras, o para construir la iglesia requerida.

Pero Lucas solo trata de poner en práctica aquello que le fue enseñado por su superior, un hombre glotón que con ligereza señala que “si los apóstoles pudieron comunicar el Evangelio, eso quiere decir que no hay tarea imposible”, escena que sugiere una cercanía temática con Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) y la obra que adaptaba, El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. El comienzo de un viaje que parece imposible, la mentalidad colonial de la subyugación, la arrogancia del dominador y la embriaguez de creerse invencible son algunos puntos en común, pero Pálmason tiene el acierto de no dejarse llevar por el relato fluvial de aquellas obras.

En Godland, a pesar de hallarnos en el terreno conocido de la crítica del colonialismo, nos encontramos con una gramática visual novedosa, a medio camino entre los planos de larga duración de Andréi Tarkovski, la composición cuidada de Ingmar Bergman y Sven Nykvist, y la solemnidad en servicio de la historia de James Gray.

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