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Babylon: los matices del espectáculo cinematográfico

Escrito el 25 enero, 2023 @ralejandroant

Dirección: Damien Chazelle.

Guion: Damien Chazelle.

País: Estados Unidos.

Elenco: Diego Calva, Margot Robbie, Brad Pitt, Jean Smart, Jovan Adepo, Lukas Haas, Li Jun Li.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt10640346/

Babylon. Dir. Damien Chazelle. Paramount Pictures. 2022.

Cinco largometrajes después (cuatro de ellos con un amplio alcance comercial) y queda claro que Damien Chazelle es un cineasta profundamente interesado en historias sobre las obsesiones y pasiones, así como los respectivos alcances de sus personajes. Si bien el tema principal ha variado a lo largo de su filmografía, existe un punto en común que puede encontrarse en al menos las tres películas previas a Babylon: la búsqueda de la perfección y sus consecuencias. No obstante, en su más reciente esfuerzo el cineasta francoestadounidense se aleja hasta cierto punto de misiones particulares –como convertirse en el mejor baterista de jazz, hacerse de una carrera actoral en Hollywood o alcanzar la luna para procesar el duelo personal – para examinar la perfección encarnada y la comunidad encargada de engendrarla.

Babylon es una tragicomedia épica cuya historia está situada a finales de los años 20 y principios de los 30, es decir, durante la consolidación del cine sonoro en Hollywood. Alrededor de dichos años fue estrenado el icónico documental del director soviético Dziga Vertov, El hombre de la cámara (1929), mismo que en retrospectiva funciona como una completa y poética representación del fungir y alcance técnico del aparato cinematográfico. Si la cinta de Vertov está interesada en las imágenes y el aparato a través del cual son captadas, la de Chazelle lo está en el efecto sociocultural que dicho fenómeno tiene sobre los encargados de realizar dichas imágenes. Los personajes de Babylon tienen un objetivo: alcanzar la perfección o, en otras palabras, el cine.

La misión que la trama le confiere a los personajes, como en otras cintas de Chazelle, es más bien una condena ambivalente. A través de Manny (Diego Calva), Nellie (Margot Robbie) y Jack (Brad Pitt) se representa una tierra que, a pesar (¿o a raíz?) de su putrefacción, corrupción y degeneración humana, es capaz de producir imágenes que resultan antitéticas, bellísimas. Ese es el conflicto que estimula a Babylon, un filme que, durante tres horas, encarna el exceso y la grotesca opulencia hollywoodense no sólo mediante su trama, sino también desde el montaje frenético y la contrastante musicalización que externa tanto esplendor como decadencia. Sin embargo, a medida en que el personaje de Calva es corrompido por el entorno intoxicante, la balanza entre ambos opuestos gradualmente se inclina hacia el menos agraciado.

El retrato del quehacer cinematográfico en Babylon se acerca más al tono desolado de El primer hombre en la luna (2018) que al optimismo medido de La La Land (2016). Aquí, la producción del séptimo arte acarrea el caos, las consecuencias, los riesgos y un margen de error tan ligero como el de llevar una tripulación a la luna. No obstante, la comedia ácida en Babylon, a comparación con la seriedad de El primer hombre en la luna, obedece al marcadísimo contraste en cuanto a los motivos de ambos bandos.

Babylon. Dir. Damien Chazelle. Paramount Pictures. 2022.

En la historia protagonizada por Ryan Gosling como Neil Armstrong, el personaje adopta la obsesión para evadir la necesidad de lidiar con el duelo que su familia afronta. Por su parte, los personajes de Babylon son recipientes vacíos que obedecen a la idiosincrática demanda del público por historias contadas a través de una cámara, cueste lo que cueste realizarlas. A diferencia del personaje de Armstrong, los presentes en Babylon no cuentan con un conflicto personal que los motive en su búsqueda de la perfección y eternidad. Son individuos cuyo narcisismo les permite ignorar las atrocidades y abusos que les rodean porque los aplausos, el glamour y las luces los ciegan.

Chazelle se cuestiona qué tan por encima está el arte cinematográfico de los cimientos a partir de los cuales es producido, así como las razones por las cuales ha sido capaz de emanciparse de ellos con el paso del tiempo para existir por sí solo en la eternidad. Babylon es un filme que no está enamorado del cine, sino obsesionado con entender su entorno e impacto sociocultural.

La cinta disemina todos los elementos que posibilitan el embotellamiento de la magia en el cine. Su resolución temática, como la de muchas de las más grandes expositoras del séptimo arte, es ambigua e invita al espectador a juzgar por sí mismo el profundo conflicto intelectual al que ha sido expuesto. Tal vez no sea la mejor obra del director, pero sí la que más tiene por expresar de su asignatura.

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