Palomita de maíz

– Sitio independiente de cine y TV.

FINDE – 5 a 7 de agosto

Escrito el 10 agosto, 2022

Cada semana, los colaboradores de Palomita de maíz responden la pregunta: entre series y películas, ¿qué viste el pasado fin de semana?

 

Cesar Guedez

A Distant Place

A Distant Place es un relato discreto que no necesita de conversaciones largas o momentos obvios para adentrarse en los sentimientos y el universo interno de sus personajes. El director surcoreano Park Kun-young inyecta a su película una esencia similar a la aclamada God’s Own Country (Francis Lee, 2017), una de mis películas favoritas. Tengo predilección por las películas que optan por sugerir y narrar sus conflictos a través de las interacciones sutiles. Ambientada en la pacífica provincia de Gangwon en Corea del Sur, tomando como protagonista a Jin Woo (Kang Gil-woo), un hombre con una hija pequeña que trabaja y reside en un rancho de ovejas que comparte con una familia: padre, hija y abuela. Progresivamente, se desvelan los motivos por los cuáles Jin Woo y su hija se mudaron de la ciudad al campo junto a esta familia.

Más secretos aparecen con la llegada de Hyun Min (Hong Kyung) al pueblo, presentado como un amigo a los demás, pero en realidad es pareja de Jin Woo desde hace años. El triunfo de A Distant Place radica en no convertir a sus personajes en víctimas de los clichés gastados en el cine de temática gay. Es más bien un viaje de reflexión personal en el que todos los personajes, principales y secundarios, afrontan realidades crudas y humanas sobre lo que deben cambiar en su vida para buscar la satisfacción. Con actuaciones brillantes y una fotografía preciosa, el universo que construye la película desvela distintos malestares humanos en todas las etapas de la vida: niñez, adultez y vejez. La historia representa el lugar distante que todos buscamos para hacer valer nuestra dignidad y felicidad.

Disponible en VOD.

 

They/Them

El debut como director de John Logan es una de las películas del año. Así es, sin ningún adjetivo que agregar, porque no lo merece. Logan es un buen guionista, y su larga carrera desde The Aviator (Martin Scorsese, 2004) hasta películas de James Bond lo ha demostrado. Dirigir es un universo completamente diferente, y nunca me queda claro qué pretendía al hacer este mal intento de drama, thriller y slasher. La premisa es sencilla: un grupo de adolescentes LGBTQ+ son llevados a un campamento para «tratar» su sexualidad, orientación sexual, identidad de género o expresión de género. Owen (Kevin Bacon) dirige con condescendencia y cinismo el campamento está, acompañado por su esposa psiquiatra y un par de jóvenes que trabajan para reforzar los roles de género «apropiados» para cada uno de los campistas.

La película es insípida y poco creativa como para ser considerada un slasher. Las muertes ocurren avanzada la trama cuando un enmascarado misterioso hace la típica matanza de Jason en la saga de Friday the 13th. En el camino a una resolución absurda y anticlimática, nos encontramos con personajes clichés. Logan sugiere que las personas de la comunidad LGBTQ+ solo existen con base en su sexualidad o a su género. Nadie tiene un ápice de personalidad y el manejo de tonos entre el drama, la sátira y el thriller es un desastre. Para empeorar, no hay un conocimiento apropiado de cómo funcionan los centros de las mal llamadas «terapias de conversión».

El guion es atroz por su constante exposición obvia: largos discursos sobre la maldad de las personas que trabajan aquí y lo buenos que son los jóvenes oprimidos. La película termina sintiéndose hipócrita porque nunca hay un interés en entender y respetar la vivencia queer contemporánea. Los involucrados se hacen pasar por aliados con una insistencia vergonzosa. Suma a eso comentarios transfóbicos inagotables y tienes una de esas películas que es mejor que te cuenten a que la veas.

Disponible en Peacock.

 

J. Alejandro Becerra

Dirty Ho

El cine de acción alcanzó uno de sus pináculos en Honk Kong, como es bien sabido. Pero no solo Jackie Chan y Sammo Hung crearon obras maestras de golpes, acrobacias y patadas voladoras, pues en esos años entre la muerte de Bruce Lee y el tránsito de Jackie Chan a Hollywood, también estuvieron activos directores como Liu Chia-liang (también conocido como Lau Kar-leung) e intérpretes como Gordon Liu Chia-Hui (a quien Tarantino le dio el papel de Pai Mei en Kill Bill 2) y Wong Yu actuando en obras maestras infravaloradas como Dirty Ho de 1979.

En esta se cuenta la historia del onceavo príncipe de la corona imperial, Wang (Gordon Liu Chia-Hui), quien vive incógnito en una provincia lejana, pasando el tiempo apreciando antigüedades, bebiendo vino regional y rodeándose de mujeres hermosas. Cuando uno de sus hermanos quiere matarlo para eliminarlo de la línea de sucesión, Wang debe usar sus habilidades de kung fu para sobrevivir y mantenerse en el anonimato. A la vez, Wang es perseguido por Ho Ching (Wong Yu), un ladrón de poca monta, ambicioso y arrogante, quien es superado una y otra vez por aquel hasta que acepta a regañadientes pasar a ser su discípulo.

Definida en su primera mitad por la elegancia de enfrentamientos secretos de kung fu entre Wang y sus aspirantes a asesinos, ante la supina ignorancia de Ching, que, aunque sutiles, no dejan de ser impresionantes (pero sí cómicos) y en su segunda parte por la espectacularidad de sus batallas – incluyendo el clímax, el cual me atrevo a decir que incluye la coreografía de acción más alucinante que haya visto –, Dirty Ho (también conocida como Ho el sucio) es una obra maestra no solo de Honk Kong ni del cine de artes marciales, sino de la cinematografía mundial.

Disponible para renta en Prime Video.

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