Thelma: una nonagenaria reclama su dignidad
Dirección: Josh Margolin.
Guion: Josh Margolin.
Elenco: June Squibb, Fred Hechinger, Richard Roundtree, Parker Posey, Clark Gregg, Malcolm McDowell, Nicole Byer.
Palomómetro:![]()
Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt23778968/

Usualmente se tienen dos perspectivas sobre la vejez: o se idealiza bajo la noción de que los ancianos deberían ser sabios e intachables, o se trata como un martirio inevitable e indeseable que solo trae consecuencias negativas. Como el cine es un reflejo social, resulta raro ver historias que la dignifiquen, pues en la mayoría de los casos se ríen de los ancianos y no con ellos, usando su disminución física y psicológica como un chiste fácil, simplificando su personalidad en el proceso.
Thelma, largometraje debut del director Josh Margolin, es un ejemplo perfecto de cómo sortear el edadismo cinematográfico al construir a una heroína emblemática que, a sus 90 años, se rehúsa a ser pisoteada, reclamando su dignidad ante un hecho que parece simple, pero que por su edad resulta toda una travesía digna de La odisea.
Inspirada en una historia real de la abuela de Margolin, la película sigue a Thelma Post (June Squibb), una nonagenaria viuda que hace lo posible por mantenerse independiente, recibiendo visitas ocasionales de su nieto Daniel (Fred Hechinger) y disfrutando de una modesta reserva de dinero para no depender económicamente de su hija Gail (Parker Posey), quien la trata como si estuviese incapacitada. Thelma omite que, en los últimos años, ha tenido cáncer de mama, una mastectomía, sepsis, edemas, reemplazo de válvula cardiaca, reemplazo de cadera y un tumor cerebral, así que las preocupaciones de su hija están más que justificadas. Aunque lúcida, es incauta en lo que a la tecnología corresponde, resultando presa fácil de una estafa telefónica que le reclama 10 mil dólares.
Armada con su andadera, Thelma hace un plan: ir a la dirección a donde envió el dinero y reclamar que le regresen lo suyo, lo cual es más complicado de lo que parece porque a la mujer le cuesta caminar y ocasionalmente tiene lagunas mentales que la desorientan. La acompaña Ben (Richard Roundtree), un viejo amigo a quién ayuda a fugarse de un hogar de ancianos con su scooter, emprendiendo así una cacería por los estafadores.
El encanto de Thelma recae en gran medida en la gloriosa actuación de June Squibb. Hay algo en su encantadora encarnación de Thelma que recuerda a la galardona actuación de Christopher Plummer en Beginners (Mike Mills, 2010). Margolin evita la condescendencia y presenta a una mujer de personalidad compleja: testaruda, impasible y determinada. Es consciente de sus limitaciones, pero emprende el viaje como un grito de dignidad que todas las personas mayores merecen, ya sea para no ser estafadas o porque simplemente merecen tener toda la libertad y autonomía posibles.
A la par, el guión reconoce la vulnerabilidad de los ancianos y coste psicológico de ver cómo los años pasan factura física. Roundtree es un sidekick fantástico porque, si bien Ben también goza de cierto grado de autonomía, reconoce que la vejez es cruel y en el momento menos esperado la ayuda de otros no es una opción, sino una necesidad. También es grato ver a un personaje mayor que reconoce el sentido de comunidad que se forma en los hogares de ancianos y cómo la soledad camuflada de «deseos de independencia» es un martirio psicológico para muchos ancianos.
El humor es el fuerte de la película, pues a través de guiños a aclamadas historias de acción como Shaft o Misión imposible, las tareas más sencillas, como encender una computadora o cargar el scooter eléctrico, resultan extenuantes. La banda sonora de Nick Chuba construye una chistosa ambientación de acción, y Squibb es electrizante, tierna y una fuente constante de comedia por su valentía ilusa y su amargura ocurrente.
Thelma aparenta ser simple, pero en realidad es una película que revoluciona la manera de representación de las personas mayores en la pantalla grande. El reclamo de su heroína no es por los dólares, sino por la dignidad que merece como ser humano. El filme reconoce de manera compasiva la vulnerabilidad de los ancianos, pero afirma que la libertad, el compañerismo y la independencia son clave para vivir el tramo final de la vida con plenitud y orgullo.

Psicólogo desde 2018, cinéfilo de toda la vida. Me apasiona el cine independiente, los documentales y la animación. Entre mis cineastas favoritos se encuentran Michael Haneke, Abbas Kiarostami, Richard Linklater, Ken Loach, Kelly Reichardt y Céline Sciamma por su sinceridad y humanismo al entender los complejos matices del ser humano. Quizá fue la película Boyhood (Linklater, 2014) la que me hizo dar cuenta de la capacidad de belleza que tiene el cine como un medio para transformarnos a partir de historias que conecten a nivel emocional, reflejen o no nuestras experiencias de vida. Desde entonces, muchas películas han cambiado mi perspectiva no solo del séptimo arte sino de la vida en general.
