The Outrun: la desdicha de vivir en sobriedad
Dirección: Nora Fingscheidt.
Guion: Nora Fingscheidt y Amy Liptrot, basado en la novela del mismo nombre de Liptrot de 2016.
Elenco: Saoirse Ronan, Paapa Essiedu, Nabil Elouahabi, Izuka Hoyle, Lauren Lyle, Stephen Dillane.
Países: Reino Unido, Alemania.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt11687002/

En el trastorno por consumo de alcohol, mejor conocido como alcoholismo, existe una relación curiosa entre la persona y su sustancia etílica de preferencia. El alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central e inhibe la liberación de la oxitocina, un neuromodulador también llamado «la hormona del amor o la felicidad”. Por lo tanto, el alcohol, en el cerebro de un alcohólico, es una especie de equilibrio mental, una «cura» para los malestares emocionales que en los periodos de sobriedad se sienten insoportables.
Sin duda, el alcoholismo es la adicción con una representación más prolífica en la historia del cine, aunque en gran medida las historias sobre personajes alcohólicos se centran en las consecuencias que sus días, tardes y noches de borracheras ocasionan en sus relaciones interpersonales. En otras palabras, son historias sobre los horrores que el alcohol ocasiona en la vida de las personas.
Uno de los motivos por los cuales The Outrun destaca en el panorama de los melodramas sobre el alcoholismo, es que es más bien un cuento poético sobre la relación de una mujer con la naturaleza, tanto en los paisajes que la rodean como en su propia capacidad de autodestrucción. Aquí no es solo el alcoholismo lo que se muestra como indeseable, sino también la sobriedad, la cual se retrata como una fase más de un proceso interminable de sanación.
Rona (Saoirse Ronan) ha escuchado al menos un centenar de veces la frase «Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia», la cual se repite sin falta en todos los grupos de Alcohólicos Anónimos a los que acude. Tras mucho tiempo en un espiral de destrucción, discotecas y botellas de vodka, Rona regresa a las Islas Orkney, su tierra natal, donde el frío y la ventisca casi pueden sentirse a través de la pantalla.
Por una parte, busca un reinicio tras días acumulados de sobriedad que se vuelven semanas, tratando de adaptarse al rutinario trabajo isleño. Por otra, se martiriza recordando su pasado, desde su época en Londres cuando sus amigos tenían que sacarla cargada de las discotecas o cuando lastimaba física y emocionalmente a su novio Dayin (Paapa Essiedu) en sus peores estados etílicos.
El periodo de sobriedad de Rona le sirve para plantearse una verdad inquietante: quizá era más feliz siendo alcohólica, inconsciente y alienada de la realidad que ahora que está sobria y que sus demonios la acechan sin clemencia. Dado que está sola como consecuencia de sus propios actos y la disfunción de su familia, las solitarias y gélidas noches en Orkney son aún más difíciles de sobrellevar.
The Outrun cuenta con una narrativa fracturada no lineal, lo que permite que uno mismo ate los cabos sueltos de la vida de Rona y rellene las líneas en blanco para comprender la magnitud de su estado psicológico actual. Su color de cabello es una forma sencilla de reconocer en qué punto de la historia nos encontramos.
La directora Nora Fingscheidt condensa los sucesos de la vida de Rona con un realismo crudo, entablando un balance satisfactorio entre el caos y la serenidad de su existencia. En el pasado, su cabello azul eléctrico se mueve bajo la luz de las discotecas que frecuenta con sus amigos y Dayin al salir de sus clases de biología. La fotografía de Yunus Roy Imer nos sumerge en la vida caótica nocturna de Londres, repleta de excesos y una idea de felicidad que se derrumba cuando Rona vuelve a casa con cada vez menos amigos y una nueva pelea con su novio. En el presente, lo único que mueve su cabello es el viento, y aunque ya no toma alcohol, su vida no es precisamente feliz, pues los conflictos con su padre problemático, un hombre bipolar que ha deteriorado su autoestima desde que tiene uso de razón, siguen presentes.
The Outrun muestra que la salud mental es cambiante a través de sutiles metáforas. Por ejemplo, en el pasado el ritmo de la fotografía es frenético, siguiendo el estilo de vida de fiesta y descontrol de Rona, y en el presente, el enfoque es más austero, pero con furia contenida.
Tras la implacable visión de una niña con un trastorno de conducta en System Crasher (2019), Fingscheidt vuelve a demostrar que no observa los problemas de salud mental desde una perspectiva sintomática, sino como una parte sensible de un ser humano más grande y complejo que su condición. A Rona no la define exclusivamente su alcoholismo y las consecuencias del mismo, sino su fascinación por la biología y las leyendas de la isla que son metáforas de su espíritu quebrantado en busca de paz.
Mucho se ha dicho de como Saoirse Ronan es una de las actrices más virtuosas de su generación y una vez más demuestra por qué ha cosechado una base fiel de fanáticos, así como la aclamación de la crítica. A diferencia de sus roles anteriores nominados al Óscar, The Outrun le permite explorar un personaje crudo e intransigente. Encarna a Rona con suma transparencia al mostrar la angustia no solo de cargar con sus propias expectativas de sobriedad, sino con la apariencia que tiene que dar a las personas que se preocupan por ella, buscando no decepcionarlos o preocuparlos con otra recaída.
Es conmovedor y desolador que The Outrun y la volátil actuación de Ronan pongan sobre la mesa la idea de que tal vez estar sobrio es casi tan triste como ser alcohólico. No porque esto no sea una realidad, sino porque los problemas de salud mental crean la idea de que no hay escapatoria, y el alcoholismo, particularmente, hace sentir a las personas que la única respuesta para las angustias existenciales de estar vivo están al fondo de una botella.
The Outrun es como un rompecabezas trágico y catártico. Entiende que ningún proceso de sanación es fácil y lineal, que la conexión con la naturaleza es indispensable para purificar el alma y que hay ciertos eventos traumáticos interiorizados que nunca se van del todo. Aun así, al final también muestra que lo hermoso de la vida es que siempre habrá un día más para sanar, llorar o reír.

Psicólogo desde 2018, cinéfilo de toda la vida. Me apasiona el cine independiente, los documentales y la animación. Entre mis cineastas favoritos se encuentran Michael Haneke, Abbas Kiarostami, Richard Linklater, Ken Loach, Kelly Reichardt y Céline Sciamma por su sinceridad y humanismo al entender los complejos matices del ser humano. Quizá fue la película Boyhood (Linklater, 2014) la que me hizo dar cuenta de la capacidad de belleza que tiene el cine como un medio para transformarnos a partir de historias que conecten a nivel emocional, reflejen o no nuestras experiencias de vida. Desde entonces, muchas películas han cambiado mi perspectiva no solo del séptimo arte sino de la vida en general.
