The Matrix Resurrections: hora de volver a enamorarnos

Escrito el 5 enero, 2022 @palmurcio

Disponible en: cines y HBO Max (en Estados Unidos).

Dirección: Lana Wachowski.

Guion: Lana Wachowski, David Mitchell y Aleksandar Hemon.

Elenco: Keanu Reeves, Carrie-Anne Moss, Yahya Abdul-Matee III, Jonathan Groff, Jessica Henwick, Neil Patrick Harris, Jada Pinkett Smith, Lambert Wilson.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt10838180/

The Matrix Resurrections
The Matrix Resurrections. Dir. Lana Wachowski. 2021. Warner Bros.

The Matrix Resurrections abre con una escena de acción donde Bugs (una increíblemente carismática Jessica Henwick) regresa a un mod de una nueva versión de la Matrix para despertar a un nuevo Morpheo (Yayha Abdul-Mateel III). Menos de 20 minutos dentro de la película, el poema de Lana Wachowski deja claras sus bases: olvida todo lo que creías conocer sobre Matrix. Se han acabado las coreografiadas secuencias de acción inspiradas en el anime y las cámaras lentas solo son guiños referenciales en vez de pasajes visuales utilitarios. También olvida a los héroes. El Morpheo que hace casi veinte años despertó a “el elegido” ahora se tambalea torpemente mientras redescubre su propia identidad. Es más, olvida al Elegido y su relato mesiánico.

Criticando desde dentro el hambre incesable del público por fagocitar relatos indistinguibles, The Matrix Resurrections pone en imágenes brillantes (literalmente espacios barrocos llenos de luz cercanos a fotogramas preciosistas new age de Cloud Atlas, la antítesis de los grises sombríos que caracterizaban la entrega original) una crítica, una parodia metatextual de cómo la alegoría de la transición y opresión de Lana Wachowski ha sido trivializada en el imaginario popular en favor de cámaras lentas, gafas de sol y patadas voladoras. De cómo nos hemos olvidado de qué iba Matrix (1999) en realidad, pero, al mismo tiempo, de cómo Wachowski ha vuelto a enamorarse de su propia creación a través de un relato sobre aferrarse al recuerdo del amor en una línea más cercana a Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004), pero muchísimo más optimista. Es posible salir del bucle. Es posible enamorarse otra vez de algo que te han arrebatado.

Lana no es tímida en sus intenciones: en la nueva Matrix, Neo/Thomas Anderson (Keanu Reeves) está atrapado bajo la identidad de un diseñador de videojuegos condenado a recrear una y otra vez la obra que le ha aprisionado. Un éxito convertido en una jaula alimentada a la fuerza por un estudio despiadado dispuesto a asfixiar a la gallina de los huevos de oro, con su artífice de por medio o no. Si esto suena familiar, es porque Lana sustituye en “el elegido” el duelo ante su propia creación después de que Warner Bros le dijese en su momento que Matrix tendría secuelas, estuviese a bordo o no.

Sin embargo, en medio de la desesperación hay una luz, un salto de fe: la esperanza de que nunca es tarde para reescribir tu propia historia y cambiar tu mundo si alguien es capaz de recordarte, o eres capaz de retener un ápice de la memoria del sentimiento que impulsó por primera vez el proceso creativo.

The Matrix Resurrections
The Matrix Resurrections. Dir. Lana Wachowski. 2021. Warner Bros.

En esta Matrix casi todos los personajes son meramente instrumentales, y no es casualidad que el reparto de Sense8 esté dando vueltas por ahí: desprovista del tono bleak, “cool” y sombrío del cyberpunk de las primeras, Resurrections se siente más como un espectáculo de realismo mágico que cruza la mitología posmodernista de Cloud Atlas con el espíritu soñador de la serie de Netflix. Mezclando influencias orientalistas con arquitectura mesopotámica y tradición romántica judeocristiana en su diseño, IO (previamente Zion), habitada por los humanos libres, es un canto a la diversidad y a la libertad de por fin tomar decisiones propias.

La acción no abunda, la nostalgia se parodia con bromas internas de Neo siendo incapaz de volar o riéndose de que el kung fu estuviese presente dentro de la saga en primer lugar. Los personajes icónicos de las secuelas – Niobe (Jada Pinkett Smith) y Merovingian (Lambert Wilson) – están tan viejos y cansados como la fama de la propia odisea, y Neo se da un baño con un patito de plástico.

Solo hay una instancia donde Resurrections parece recordar con cariño a sus predecesoras y donde se puede divisar algo parecido al fan service (y ni siquiera, porque es funcional para la estructura de la propia historia): Neo y Trinity (Carrie-Anne Moss) enamorándose, salvándose, muriendo el uno por el otro y resucitando con una conexión capaz de mover el mundo.

Ahí estaba el alma de la obra.

Wachowski ha resucitado su propio amor por la saga que llegó a asfixiarla cuando se convirtió en una multinacional superexplotada con una horda de fans que demandaban un mindfuck con patadas, en vez la historia de conexión humana que siempre quiso contar. The Matrix Resurrections es la carta de denuncia más sincera posible a la codicia de los grandes estudios, pero también una caricia preciosa de perdón y reencuentro. Es posible volver a encontrarse. Es posible cambiar el mundo. Y los héroes, ahora desmitificados, encuentran redención y retribución en algo más catártico que la venganza y la violencia: en recordar lo muchísimo que es posible amar algo, incluso después de que te lo hayan arrebatado.

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