Palomita de maíz

– Sitio independiente de cine y TV.

The Mastermind: la ilusión del plan imperfecto

Escrito el 6 marzo, 2026 @StarcoVision

Dirección: Kelly Reichardt.

Guion: Kelly Reichardt.

Países: Estados Unidos, Reino Unido.

Elenco: Josh O’Connor, Alana Haim, Hope Davis, John Magaro, Gaby Hoffmann y Bill Camp.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt33455099/

“¿Por qué sientes que tienes que robar para conseguir dinero? ¿No podrías conseguir un trabajo?”
Dog Day Afternoon (Dir. Sidney Lumet, 1975)

The Mastermind. Dir. Kelly Reichardt. MUBI. 2025.

Los individuos, en algún momento dado, han pensado en cometer un robo o, por más pequeño que sea, un acto que contravenga el imperio de la ley. Sin ánimos de ponerse puritanos es una verdad de la humanidad. Hay una extraña seducción en la adrenalina que puede vivirse al cometer un delito, en especial de los de guante blanco. El cine ha cultivado al ladrón como un arquetipo elegante y calculador, figuras carismáticas como Danny Ocean y Rusty Ryan de Ocean’s Eleven (Steven Soderbergh, 2001) o Thomas Crown en The Thomas Crown Affair (Norman Jewison, 1968) no han hecho más que acrecentar ese mito.

En The Mastermind, Kelly Reichardt lo desarma, quitando esa mística del robo como una coreografía perfecta para mostrarlo como un gesto torpe, ejecutado por personajes que distan mucho de ser criminales, y más bien son individuos arrastrados por la inercia de sus propias vidas. Aquí, el atraco pasa a segundo plano para poner el foco en la distancia entre la idea de control y la evidencia constante de que, en efecto, nunca llegamos a tenerlo.

Ambientada en el Massachusetts de la década de los 70, la película sigue a James Blaine “JB” Mooney (Josh O’Connor), un carpintero desempleado que, en un intento desesperado por cambiar su destino, organiza el robo de cuatro pinturas de Arthur Dove del museo local. El plan, en apariencia sencillo, da cuenta de la cantidad de malas decisiones que puede tomar una persona en apuros. Tras el golpe, marcado por una violencia imprevista, uno de sus cómplices es detenido y, sin escapatoria, señala a JB como “la mente maestra” de la operación. A partir de acá, el protagonista inicia una fuga errática que lo tiene deambulando de ciudad en ciudad mientras intenta ocultar las piezas. En ese recorrido, alejado de su esposa Terri (Alana Haim) y su familia, hasta enemistado con sus amigos Fred (John Magaro) y Maude (Gaby Hoffmann), JB da cuenta de cómo el golpe perfecto no es más que una cadena de decisiones que lo arrastran al abismo.

Como es su costumbre, Reichardt construye la película con un ritmo contenido. No hay anticipación a los hechos, así como el robo en sí mismo no es el clímax de la historia. La planificación del golpe, los momentos previos y las consecuencias se integran en una misma atmósfera de plena quietud. Pese a creer que puede llegar a coquetear algo con el género de thriller, The Mastermind se aleja de este tipo de filmes para ofrecer una experiencia mucho más cercana al estudio del hombre como ser conflictuado, más que del clásico suspenso.

Reichardt no está interesada en el robo en sí, sino en el clima que rodea dicho acto. El filme se nutre de pausas, dudas y pequeños errores que convierten cualquier plan en algo inherentemente frágil. En lugar de glorificar el delito, la realizadora opta por despojarlo de su aura magnífica. No hay un montaje frenético ni una música que acelere el pulso ante las acciones delictivas, sino silencios prolongados y conversaciones que revelan más incertidumbre que determinación.

En este sentido, el título de la película también funciona como una gran ironía. JB dista mucho de un cerebro criminal y más bien es un hombre sin rumbo. Su plan carece de la precisión que el cine suele atribuir a los autores de grandes atracos y se sostiene, más bien, en intuiciones y decisiones de carácter improvisado. Lo deja, en todo sentido, como un hombre incapaz de sostener su propio plan. Al frente de esto está un impecable Josh O’Connor, demostrando que es uno de los mejores actores de la actualidad. El intérprete dota al personaje de una mezcla de ansiedad y desconcierto que refuerza su torpeza; le regala un magnífico humanismo.

La riqueza del filme también radica en el contexto histórico que lo rodea. La década de los 70 fue, sin duda, una época compleja para todos los rincones del mundo. En el caso de Estados Unidos, se trató de una sociedad que, aun cuando pareciera lejos de grandes torbellinos revolucionarios, tampoco estaba libre de tensiones políticas y culturales. Reichardt juega con eso, mostrando de forma efímera las protestas contra la guerra de Vietnam, las cuales no están como una simple mención, sino como un recordatorio de un momento de ebullición donde toda certeza comenzaba a resquebrajarse. En medio de ese clima de inestabilidad, el fracaso de un plan como el de JB parece inevitable.

The Mastermind es una película sobre ilusiones, aquellas que creamos en orden de “transformar” nuestra vida y justificar decisiones absurdas. JB cree haber encontrado una salida fácil a su frustración, un gesto que podría sacarlo de la mediocridad cotidiana. Equivocado. Reichardt observa ese impulso con una suerte de compasión que, en sí, no juzga al personaje, pero tampoco lo romantiza. En ese equilibrio reside la riqueza de la cinta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Palomita de maíz participa en el Programa de Afiliados de Amazon, diseñado para que el sitio gane comisiones a través de enlaces con Amazon. Esto significa que cuando compren alguna película, serie de televisión o libro en Amazon a través de los enlaces establecidos en el sitio, Palomita recibirá un porcentaje del precio ese producto.