Palomita de maíz

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Segundo premio: el anhelo en la música

Escrito el 13 diciembre, 2024 @andreamarserr

Dirección: Isaki Lacuesta, Pol Rodríguez.

Guion: Isaki Lacuesta, Fernando Navarro.

Elenco: Daniel Ibáñez Rodríguez, Francisco Martín Ocete «Cristalino», Stéphanie Magnin Vella, Mario Fernández Olmedo «Mafo”, Javier «Chesco» Ruiz, Daniel Molina, David Alcalá Fraile, Eduardo Rejón, Julen Clarke.

País: España.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt27518776/

Segundo premio. Dirs: Isaki Lacuesta, Pol Rodríguez. Outsider Pictures. 2024.

Una manera relativamente sencilla de conectar con alguien es a través del arte. La música, en particular, goza tanto de esta capacidad que hace que las personas se vuelvan uno cuando suben a un escenario o graban una canción. Sin embargo, también puede alejar o mantener una tensión infinita.

Escucho “Una Semana en el Motor de un Autobús” mientras escribo sobre Segundo premio, la película española enviada a los premios Óscar en la categoría de mejor película internacional. Esta retrata el periodo previo a la grabación del tercer álbum de la banda granadina de indie/shoegaze Los planetas. Sin embargo, “esta (no) es una película sobre Los planetas”, como la misma cinta lo indica al inicio con una tarjeta de título que va cambiando hasta establecer eso. No es una película de Los planetas porque bien podría ser sobre cualquier otra banda que haya experimentado tensión en un momento importante de su carrera.

Los personajes de la historia son “el cantante” (Daniel Ibañez Rodríguez), “el guitarrista” (Francisco Martín Ocete “Cristalino”), “el baterista” (Mario Fernández Olmedo “Mafo”), “el bajista” (Javier “Chesco” Ruiz) y May (Stéphanie Magnin Vella), la bajista original cuya salida de la banda detona una crisis dentro del grupo, particularmente entre el cantante y el guitarrista.

A pesar de que yo no sabía de la existencia de Los planetas, la película me resultó tan cautivante como para sentirme involucrada en su historia. Durante una reunión con la disquera, el cantante argumenta que si bien no tienen canciones, lo que ellos tienen es un “concepto”. Así, esta propuesta bien podría unirse al tipo de películas basadas o inspiradas por discos conceptuales, cuyo mayor exponente es quizá The Wall de Pink Floyd. 

El segundo premio parece justamente eso, un disco conceptual con partes claramente marcadas por subtítulos. En el primero,“La banda hecha 500 pedazos”, comienza con la crisis de la banda ante la partida de May. El trabajo de una bajista forma los cimientos de una banda y sin May, la poca estabilidad que parecían tener se desmorona. El cantante intenta mantener la banda a flote durante un momento tan seminal para el grupo, mientras que el guitarrista se encuentra absolutamente perdido en sí mismo.

Mientras escucho a Los planetas me queda claro que el equipo creativo de la película entiende perfectamente a esta banda. El sonido refleja a unos músicos sinceros que aman la música por lo que los hace sentir y vivir, pero también porque aspiran a más, aspiran a todo. Es por eso que cualquier persona que comprenda esta sencilla premisa sobre la música en sí podrá conectar con esta película. Incluso sin conocer a Los planetas podrían pensar que es una banda ficticia que sirve como stand-in de su grupo musical favorita.

La dirección resalta particularmente en los momentos íntimos entre el cantante, el guitarrista y May. Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez utilizan ciertos cuadros y efectos para mostrar lo cercanos que son a pesar de la distancia física y emocional, o de ni siquiera estar en el mismo lugar. La piel desnuda de May cede ante el contacto de los dedos inexistentes de sus amigos y compañeros de banda; el guitarrista y el cantante sobreponen sus cuerpos hasta diluirse y formar una sola persona. Es así como Segundo premio evoca el deseo, el amor, y la pasión, así como la decepción, la soledad y la impotencia.

Segundo premio es una película dolorosa. Plasma el proceso de llegar a la comprensión de que no podemos cambiar a las personas con las que nos sentimos conectadas, así sea para bien o para mal, o solo por conveniencia personal. Sin embargo, también comparte la reflexión de que hay momentos en los que estar juntos, compartiendo pensamientos y sentimientos honestos – ya sea con simples miradas o con un buen riff – es más que suficiente para sentirse cerca de alguien. No es que las palabras sobren, es solo que hay cosas que las palabras por sí mismas no pueden comunicar.

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