Romería: el derecho a la memoria y el fin de las certezas
Dirección: Carla Simón.
Guion: Carla Simón, Neus Pipó Simón.
Elenco: Llúcia Garcia, Mitch, Tristán Ulloa, Alberto Gracia, Miryam Gallego, Janet Novás, José Ángel Egido, Martina Troncoso.
Países: España, Alemania.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt32538648/

Hay una vieja y desgastante costumbre en nuestras sociedades: la de negar los problemas familiares por el «qué dirán». Esa cultura del silencio obliga a fingir una unión inexistente, sentando a todos a la mesa cada fin de semana como si nada pasara, cuando en realidad está pasando de todo. Con Romería, la directora catalana Carla Simón se mete hasta la cocina de estas dinámicas para entregar una película aparentemente sencilla, pero que aborda temas de una fuerza descomunal. Su naturalidad se agradece profundamente; la cinta se convierte en un espejo incómodo, pero necesario, en el que cualquiera se puede ver reflejado.
Tras explorar la infancia y la pérdida en Verano 1993 y el arraigo en Alcarràs, Simón cierra con Romería una bellísima e íntima trilogía sobre la memoria familiar. La idea nace de su necesidad de descubrir su propia historia: el romance de sus padres, a quiénes no pudo conocer porque fallecieron cuando ella era muy pequeña.
Esa misma orfandad y urgencia vital la hereda Marina, la protagonista de la cinta, interpretada magistralmente por la joven debutante Llúcia Garcia Torras —quien, según relata la directora, nunca antes había actuado—. La búsqueda que emprende Marina es, en el fondo, la búsqueda de identidad en la que todos, en algún momento de la vida, hemos hecho o intentado hacer.
La narrativa está bellamente hilada en dos tiempos. Por un lado, acompañamos el presente de Marina a través de los diarios de su madre; por el otro, viajamos con ella a Vigo, el hogar de la familia de su padre, a quienes jamás ha visto. Ese viaje al norte de España resulta doblemente revelador: primero, por la bruma y la atmósfera nostálgica que el mar gallego otorga a la pantalla; y segundo, porque confronta a la protagonista con una gran verdad cinematográfica: a veces, las respuestas que buscamos no están en el destino, sino en nosotros mismos. Carla Simón demuestra, una vez más, que no hace falta recurrir al melodrama barato para tocar las fibras más profundas y complejas del ser humano.
Tendemos a idealizar a las personas y a las cosas, sobre todo a aquellas con las que no pudimos convivir. Las convertimos en figuras mitológicas a las cuales nos aferramos, olvidando por completo que esas deidades eran, en realidad, seres humanos con fallas y contradicciones. Es ahí donde Carla Simón planta las preguntas más inteligentes y dolorosas de la película: ¿Queremos realmente saber la verdad? ¿Estamos preparados para ella? Al venir de una fibra tan honesta y personal de la directora, estas interrogantes se sienten vivas y palpables.
Lo verdaderamente hermoso de Romería es que Marina no se queda estancada. Más bien, se descubre, se libera y rompe con la idealización de un padre ausente y de una familia biológica que, a pesar de compartir la misma sangre, nada tiene que ver con ella ni con sus valores. Ahora sabe perfectamente quién es, de dónde viene y, lo más importante, hacia dónde va, pues aquello que encontró no la define.
El mensaje final es enorme y profundamente sanador: no eres lo que te viene heredado; tienes el derecho y la libertad de construir tu propio camino.

Ale Stardust (como Ziggy de David Bowie) ama el cine y las series más que la comida. Fueron ellos quienes la acompañaron la mayor parte de su infancia y ahora le regalan un escape de la vida adulta. Fan de Harry Potter, los tatuajes, la lucha libre, creyente de la magia y de las películas de Hugh Grant, después de haber querido ser chef, historiadora y Power Ranger, se decidió por Ciencias de la Comunicación (por supuesto en la UNAM). Ahora pasa sus días intentando escribir sobre lo que ve y soñando con ser como Jo March.
