Palomita de maíz

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Qué huevos, Sofía: emprendedurismo extenuante

Escrito el 26 febrero, 2025

Dirección: Carlos Santos.

Guion: Ingrid de Lasse.

País: México.

Elenco: Giovanna Romo, Liliana Arriaga, Ricardo Peralta, Yanet García, Sergio Mayer, Emmanuel Orenday.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt34723784/

Qué huevos, Sofía. Dir. Carlos Santos. Cinépolis Distribución. 2025.

Una mujer escapa de las garras de su jefe narcisista para emprender en el mismo ramo que él solo para tropezarse con obstáculo tras obstáculo, entre los cuales se encuenta su problema con la bebida. Esta trama toma cuerpo en la comedia Qué huevos, Sofía del director mexicano Carlos Santos (Señora influencer de 2023 y Chilangolandia de 2021), que se inscribe en la vertiente de la sátira mexicana que tanta mella ha hecho en la taquilla nacional.

En Qué huevos, Sofía la comedia descansa en personajes arquetípicos que sirven de alivio cómico para soportar el peso de la historia dramática de su protagonista, Sofía (Giovanna Romo), una mujer capaz que prácticamente supervisa el funcionamiento de una fábrica de galletas en la Ciudad de México y quien anhela el ascenso que parece merecer. Al no obtenerlo, renuncia de forma estruendosa y emprender un negocio en el mismo ramo.  Pronto se le unen sus amigos, Charo (Liliana Arriaga), Huidobro (Ricardo Peralta), Lupita (Priscila Arias) y Pamela (Yanet García), todos los cuales tienen motivos para odiar a su ex jefe Maciel (Sergio Mayer).

Es curiosa la forma en la que los arquetipos inconfundiblemente mexicanos han encontrado su lugar en la comedia mexicana contemporánea. Charo es la mujer de clase baja cuyo pariente narcotraficante le otorga un préstamo a Sofía (hay un chiste recurrente sobre cómo Charo, por pertenecer a la clase baja, tine una familia numerosa). A Huidobro le corresponde ser el personaje homosexual amanerado hasta el cliché (“ser gay es muy caro en estos días”, señala en una de sus aportaciones cómicas). Pamela es la mujer atractiva y, por esto, no necesita ser graciosa. Mientras que Lupita solo se remite a actuar con el tipo de mezcla de incredulidad y urgencia cómica que uno esperaría de un sketch de Jorge Ortiz de Pinedo (hay que reconocer que esto lo hace bien Arias).

Maciel, el principal antagonista, también es un personaje unidimensional, aunque el guion lo concibe más complicado que la interpretación de Mayer, quien lo dota de su arrogancia característica y de su toque particular que consiste en emitir cada uno de sus diálogos con ausencia absoluta de emociones y humanidad. (Mayer es el eslabón más débil del filme, pero no porque su personaje sea odioso, sino porque su incompetencia actoral se presenta en monólogos anticlimáticos, ¿¡dónde está el regusto sabroso del villano?!).

En cambio, Sofía es un personaje mucho más completo según el guion de Ingrid de Lasse. En este rubro Qué huevos, Sofía intenta separarse del montón de comedias mexicanas al introducir, a través de flashbacks, una historia de niñez y juventud desgarradora que de cierta forma explica los claroscuros del personaje. Esta madre soltera, amorosa y chambeadora se hunde en el alcoholismo cuando las cosas no le funcionan y, de alguna forma, esta complejidad se encamina hacia un homenaje a las mujeres mexicanas en situaciones similares. La actuación  de Romo (la cual principalmente consiste de groserías proferidas a grito pelado) parece recuperar algo de la ferocidad de la madre soltera mexicana, pero su construcción es elemental y, como consecuencia, la promesa de su redención carece de peso. Esto se debe tanto a la inclusión aleatoria de los flashbacks traumáticos que tanto explican como la eximen de responsabilidad de su alcoholismo, los cuales pertenecen más bien a culebrones transmitidos a la hora de la comida que a la pantalla grande.

Las consecuencias lógicas del alcoholismo de Sofía no son exploradas, puesto que la harían ver como mala madre, acaso el único crimen imperdonable en un país como México. La falibilidad de Sofía no señala hacia su humanidad sino a la voluntad charlatana y aplanadora de buscarle explicación a todo. Frente a los demonios que se ciernen sobre ella, el filme reinventa el hilo negro: solo hace falta que Sofía le eche ganas.

Qué huevos, Sofía se mueve entre las fórmulas del melodrama y la sátira grotesca del espacio de trabajo y el resultado es una comedia trivial, con chistes trillados que se huelen a la distancia antes de que aparezcan. Es un drama insoportablemente sentimental que no se atreve a explorar todas las aristas de su personaje central por miedo a arriesgarse a perder la simpatía del espectador; un festín de gritos y momentos catárticos que aturden los sentidos por su abundancia. Esta torpe exploración del espacio de trabajo no es más que una fantasía simplista que perpetúa la pequeñoburguesía como una aspiración frente a la explotación laboral, y su dramaturgia parece tan alejada de la realidad como cualquier capítulo de La rosa de Guadalupe (2008-).

La ineptitud actoral de Mayer, la ropa entallada de la influencer convertida en actriz (hay que especular si su contrato estipulaba el uso obligatorio de vestimenta halagadora para las posaderas), lo repetitivo del personaje de Romo, el descarado product placement y su incursión hacia el emprendedurismo de tufo vagamente feminista que deviene en échaleganismo optimista hacen de Qué huevos, Sofía una película desagradable y común. Este experimento que buscaba profundizar y dinamizar a la comedia mexicana puede marcarse como fallido.

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