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Monstruo: un thriller adolescente que no termina de cuajar

Escrito el 10 mayo, 2021 @bmo985

Disponible en: Netflix.

Dirección: Anthony Mandler.

Guion: Janece Shaffer y Colen C. Wiley basados en la novela de Walter Dean Myers.

País: Estados Unidos.

Elenco: Kelvin Harrison Jr., Jennifer Ehle, Jeffrey Wright, John David Washington y Jennifer Hudson, A$AP Rocky, Tim Blake Nelson, Lovie Simone, Jharrel Jerome.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt2850272/

En Estados Unidos hay más de dos millones de personas encarceladas. Uno de cada cuatro prisioneros en el mundo cumple su sentencia en el país norteamericano. A pesar de solo conformar el 13% de la población estadounidense, la población afroamericana representa el 40% de las personas en prisión. Monstruo retrata una historia en la que el color de piel se convierte en una marca de culpabilidad.

Steve Harmon (Kelvin Harrison Jr.) es un chico de 17 años que vive en el barrio de Harlem en Nueva York. Curioso y con inclinaciones artísticas, deambula las calles de la ciudad en compañía de sus amigos, siempre con una cámara en la mano, listo para capturar lo que sea que llame su atención. Su vida cambia cuando es acusado de ser cómplice en el robo de una tiendita – allá conocidas como bodegas – en el que el dependiente es asesinado.

Súbitamente pasa de editar películas caseras en su cuarto a enfrentar la posibilidad de una sentencia de veinte años. Sus padres, interpretados por Jeffrey Wright y Jennifer Hudson, tratan de mantener la compostura en nombre de su hijo, pero es claro que una sentencia de culpabilidad destruiría la vida de Steve y aquellos a su alrededor.

Una de las primeras cosas que llama la atención de Monstruo es la narración: constantemente mira hacia atrás con flashbacks. La película abre cuando Steve es procesado y encarcelado. Su voz en off explica los pormenores de su historia. Esta estructura le permite culminar en una nota alta, pues el drama y el misterio alcanzan su punto más álgido hacia el final. Sin embargo, entre los numerosos problemas de la cinta, es que no pasa mucho en el ínterin. Steve Harmon no es un personaje interesante, ni lo son su familia y amistades. En realidad, la cinta apenas nos deja conocer al protagonista, pues prefiere darnos acceso a sus nimios pensamientos que mostrarnos la manera en que se relaciona con su familia y entorno.

Antes y durante de su encarcelamiento apenas intercambia un par de líneas con sus padres, actores cuyos talentos están desperdiciados en papeles minúsculos. La única relación que la cinta explora es aquella entre Steve y James King (A$AP Rocky, a quien recordamos como el interés romántico de Lana del Rey en el video de National Anthem, dirigido por Anthony Mandler, el director de esta cinta). King es un típico extrovertido que complementa al callado Steve, quien prefiere tomar fotos y grabar videos. Nos da la impresión de que se trata de un pandillero con un corazón de oro cuyo interés por el callado aspirante a artista es genuino. Sin embargo, esta relación desaparece tan pronto como comienza el juicio de ambos y Steve declara en el estrado que no era más que un conocido, traicionando la única relación humana que la cinta había desarrollado.

A menudo, la cámara de Mandler se coloca en hombro, moviéndose con sus sujetos y haciéndonos sentir que caminamos a su lado. Los atardeceres se convierten en una herramienta expresiva del director para dar cuenta del idilio juvenil de Steve y sus amigos. Irónicamente, uno de los personajes secundarios de la cinta, el maestro de cine de Steve, el señor Sawicki (el genial Tim Blake Nelson), le dice a Steve que “no basta con tener belleza en tu película, pues debes contar una historia,” dando una estocada de muerte a la cinta que estamos viendo.

Mandler no logra hilar una narrativa visual para contar esta historia más allá de cámara en mano – la famosa y frustrante shaky cam –, atardeceres conmovedores y voz en off. Mandler se formó en el mundo de los videos musicales – tiene más de un centenar bajo sus créditos – y Monstruo es su primer largometraje. Si quiere aspirar a la fructífera carrera del director de videos musicales convertido en director hollywoodense más notable –David Fincher, por supuesto –, bien haría en seguir el consejo del señor Sawicki.

Con una cámara en constante movimiento, a menudo se siente la influencia de Barry Jenkins en el estilo de Mandler. Sin embargo, la insistente voz en off y la desconexión de las secuencias con la trama tiene como resultado una película que se esfuerza demasiado por expresar el espíritu artístico de su creador. Por ejemplo, una escena presenta a Steve y su novia (Lovie Simone) en una sesión fotográfica espontánea en una azotea. En el fondo suena Charcoal Baby de Blood Orange. Es una idea atractiva, pero la voz en off surge de repente para recitar unas líneas producto de la reflexión de Steve sobre la vida que acaba de perder. Hay una clara noción de unir la poesía de la palabra con la poesía visual que fracasa estrepitosamente, produciendo una cacofonía de sonido y tono. Es como si el director estorbara a sus propias intenciones.

Otra cuestión es que Monstruo flaquea es su falta de empatía en general. Como audiencia, no tenemos motivos de empatizar con Steve más que por el simple hecho de ser el protagonista. A pesar de verlo tomar fotos y videos, andar en bicicleta con sus amigos, bailar con su novia y editar sus videos de travesuras juveniles, no hay escenas que nos informen de sus sueños o motivaciones. Un diálogo torpe lo coloca como un cineasta en ciernes, pero nada más.

Los abogados que acusan y defienden a Steve piden al jurado – y por ende a la audiencia – que lo vean como un monstruo o como un humano. Esto es en clara referencia al tratamiento injusto del sistema judicial estadounidense, que encarcela a los hombres afroamericanos en números mayores a los de cualquier otra etnicidad. Sin embargo, en la defensa de Steve, los otros jóvenes afroamericanos que enfrentan proceso – el ya mencionado King, Bobo (John David Washington) y Osvaldo (Jharrel Jerome)– son retatratados como criminales en quien es imposible confiar. La propia abogada de Steve (Jennifer Ehle) cuestiona su credibilidad en un intento por exonerar a su cliente. La cinta se desborda en empatía hacia Steve a la vez que rechaza esta misma actitud hacia los otros jóvenes implicados en el robo.

Al final, queda la impresión de que el único elemento redentor del protagonista es su estatus de clase mediero, que su privilegio económico debe exonerarlo automáticamente de cualquier sospecha. Se trata de una postura cuestionable, y más allá de la postura política que expresemos, de una falla del guion, de una contradicción que surge al proclamar una visión humanizadora solamente hacia su protagonista.

Monstruo es una obra que no cuaja del todo. No construye el mundo habitado por sus personajes, y ni se molesta en hacer que estos se desarrollen satisfactoriamente. Aún así, tiene una culminación notable por la manera en que empalma los sucesos más interesantes y dramáticos de la historia, mostrando un control que Mandler había puesto de lado en el resto de la cinta.

La historia es interesante en la misma manera que un episodio de Law & Order lo es. Monstruo puede proporcionar una dosis razonable de entretenimiento frente a la pantalla, pero si buscan algo de mayor profundidad, entonces tendrán que buscar en otro lado.

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