La caja: el drama de la sociedad mexicana al centro del escenario
Dirección: Lorenzo Vigas.
Guion: Lorenzo Vigas, Paula Markovitch, Laura Santullo.
Elenco: Hatzín Navarrete, Hernán Mendoza, Dulce Alexa Alfaro.
Países: México, Estados Unidos.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt13846544/

Es difícil hablar de una película como La caja. El venezolano Lorenzo Vigas, quién en 2015 se alzó con el León de oro del Festival internacional de cine de Venecia por el drama Desde allá, ha creado una cinta misteriosa y sombría que puede confundir las expectativas de la audiencia. Se trata de una de esas obras que comienzan siendo una cosa y luego se convierten en algo completamente distinto.
Hatzín (Hatzín Navarrete) es un jovencito que viaja desde la capital hacia el norte de México para recoger los restos de su padre, encontrados en una fosa común. En México se entiende por fosa común el espacio dentro de los panteones municipales donde son inhumadas las personas no identificadas. Se trata de un elemento crucial para entender la crisis humanitaria de personas desaparecidas que enfrenta el país. Este tema sirve como telón de fondo de la película.
Las autoridades entregan a Hatzín una caja metálica que contiene los restos de su padre, identificado como Esteban Espinoza Leyva, así como una credencial que fue encontrada junto al cadáver. La foto en dicha credencial pone a Hatzín en el camino de Mario Enderle (Hernán Mendoza).
Convencido de que Mario es el hombre de la foto y, por consiguiente, su padre vivo, Hatzín devuelve la caja metálica a las autoridades. En un principio, Mario no quiere nada con el chico. “Yo me acuerdo de ti. Y no solo es la foto”, dice el joven. “Yo no soy la persona que estás buscando. Estás confundido”, responde Mario. La tenacidad de Hatzín termina por vencer a Mario.
En adelante, estos dos personajes inician una relación singular que el guion encapsula en diálogos cortos, puntuales y libres de sentimentalismos. Hatzín, quien cursa el segundo año de secundaria y vive con su abuela diabética en Ciudad de México, se convierte en la mano derecha de Mario, un hombre tan bonachón como severo que trabaja reclutando trabajadores para las maquilas y espera la llegada de un hijo.
Pronto, la cinta adquiere tintes de un drama criminal. Vigas muestra a retazos el problema de explotación laboral que rodea a la industria manufacturera en México. Este es un trabajo peligroso en el que no conviene hablar demasiado. Hatzín, un chico observador y perspicaz, no tarda en captar esta realidad.

Estos son los momentos en los que más destaca la actuación de Navarrete. No es la típica interpretación conmovedora de un actor joven. A decir verdad, su silencio y pasividad resultan exasperantes. Por momentos es difícil empatizar con el personaje, sobre todo a medida que avanza la película y sus decisiones se vuelven más cuestionables. Sin embargo, el rostro de Navarrete conjura un misterio que se quiere descifrar.
En lugar de huir del peligro, Hatzín comienza a hurgar en la desaparición de una joven trabajadora. En este punto, el chico está al tanto de que su supuesto padre tiene un lado oscuro, lo cual pone a prueba su lealtad como hijo. “Tú no me traicionarías, ¿verdad?”, le pregunta Mario. Quizá es muy tarde para una toma de postura. Aunque indudablemente víctima de manipulación emocional por parte de un adulto, Hatzín sella su camino.
Vigas y sus compañeras guionistas, Paula Markovitch y Laura Santullo, merecen reconocimiento por la construcción audaz de los personajes centrales, aun cuando el acercamiento a estos resulta frío y restringido, haciendo difícil la lectura de sus sentimientos e intenciones.
Hay una dureza en la fotografía de Sergio Armstrong G. que resulta intimidante. Filmada en zona desértica, Armstrong captura este espacio natural fronterizo sin adornos ni intensiones preciosistas. Gracias a su trabajo, sobre todo hacia el final, la cinta puede ser leída como una historia de sobrevivencia en una tierra cruel donde se viven las situaciones parentales más horríficas.
Definitivamente, esta no es la típica exploración del vínculo paternal que suele verse en pantalla. Más bien, La caja es una representación absorbente de cómo la muerte, la desesperanza, el crimen y la corrupción moral marcan las vidas de tantos mexicanos, sean víctimas o victimarios.

Kenny Díaz nació un 28 de enero de 1996 en Carolina, Puerto Rico, en donde vive. Creció viendo telenovelas con su mamá y amando el pop romántico contemporáneo. Su amor por el cine vendría más tarde junto con el seguimiento a las premiaciones como los Globos de Oro y los Premios Óscar. Ama el cine de Terrence Davies y las historias centradas en personajes femeninos fuertes y complejos. Obtuvo su bachillerato en Historia de América en 2019 de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Actualmente cursa una Maestría en Estudios Culturales en la Universidad Ana G. Méndez, Recinto de Gurabo. Entre sus intereses de investigación están los movimientos sociales y prácticas de resistencia, la construcción de culturas de paz y el problema de la violencia en América Latina desde la producción cultural, con énfasis en el cine y la literatura. Aspira a ser guionista de cine en unos años, así como docente e investigador.
