Cosmic Dawn: thriller que aprobaría Jaime Maussan
Disponible en: cines estadounidenses y video en demanda.
Dirección: Jefferson Moneo.
Guion: Jefferson Moneo.
País: Estados Unidos
Elenco: Camille Rowe, Emmanuelle Chriqui, Antonia Zengers.
Palomómetro:![]()
Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt13094586/

Una supermodelo francesa apunta una pistola contra una reconocida actriz chilena en el clímax de Cosmic Dawn, una cinta extravagante de encomiable sinceridad y frecuente ingenuidad sobre una secta formada por supervivientes de secuestros extraterrestres.
Aurora (Camille Rowe) atestigua la desaparición de su madre a una edad joven. Incapaz de superar su ausencia, se refugia en el uso de drogas hasta que conoce a Natalie (Emmanuelle Chriqui), la dependienta de una librería abierta a altas horas de la noche, desde cuya trastienda opera un curioso grupo liderado por Elyse (Antonia Zengers), mujer que carece de apellido para firmar sus libros, pero no de la sagacidad para atraer a la confundida rubia recién llegada.
Al descubrir que, en este grupo, articulado como una secta, pero similar a una reunión de Alcohólicos Anónimos (“hola, mi nombre es Chuchita y los marcianos se llevaron a mi mamá cuando iba al mercado”), puede hallar al fin el entendimiento tan esperado, Aurora se les une. Lo que pronto entenderá es que estas personas aguardan con disciplina y esmero la fecha en que puedan reunirse con sus seres queridos, de cuyo rapto estelar fueron los únicos testigos.
Jefferson Moneo, director de Cosmic Dawn, asegura haber tenido contacto con seres alienígenas y que esta experiencia lo ha impulsado a la realización de esta cinta. Es decir, se trata de un tema vital para Moneo y, cómo tal, lo trata con el respeto que se merece.
Afortunadamente para la audiencia, esta reverencia no se traduce en un exceso de solemnidad, pues Moneo se inclina hacia la psicodelia cósmica sugerida por la temática: sintetizadores musicalizan el filme, cortesías de Alan Howarth (colaborador de John Carpenter en distintos soundtracks de aquel) y Andrew VanWyngarden (integrante de MGMT), imágenes gratas en celuloide de Vlad Horodinka, director de fotografía, y la frecuente incursión en efectos visuales cósmicos hacen que Cosmic Dawn tenga todas las características de un cine de género que se hubiera producido décadas atrás. Basta señalar que comparte ciertos aspectos de misterio que hicieron de El secreto del doctor Grinberg (Ida Cuéllar, 2020) una experiencia tan placentera.

La ocasional torpeza de sus montajes, que observan ya sea el asentamiento de Aurora en su nuevo hogar – un búnquer –, o el peculiar momento musical disfrutado por los integrantes del culto antes de su desayuno, hacen que la cinta de Moneo tenga cierto encanto, un “no sé qué” de ingenuidad que nos remite a una producción para televisión. Empero, la supermodelo francesa a cuadro, las canciones de MGMT (producidas exprofeso), la actuación de una de las actrices chilenas más reconocidas, los alucinantes momentos de abstracción lisérgica y el montaje en paralelo de su trama logran mantenernos apegados a la historia.
Ni siquiera requiere de gran verosimilitud ni de hacer explícito todo elemento en su universo – ¿a qué se dedica Aurora? ¿cómo puede pagar una habitación tan agradable? ¿cómo se sostiene el grupo de Elyse para pagar tantos uniformes monocromáticos para sus miembros? –. Tal vez no posea la sutileza ni la grandilocuencia para colocarse como una gran cinta, pero Cosmic Dawn es atractiva por la suma de sus cualidades.
Rowe es una apta actriz, quien con pocos elementos comunica la sensación de tener un pedazo faltante. Chriqui es una presencia familiar que con su linda sonrisa nos introduce al sospechoso mundo de las sectas, con todo y sus términos inventados, mientras que Zegers, en su debut en inglés, es perfecta para interpretar a la carismática lideresa Elyse. Tal vez si Moneo hubiera prestado más atención a su papel, la película hubiera podido alcanzar una nota mayor, pero es entendible que su enfoque personal lo llevara por preferir la perspectiva de Aurora.
El resultado es un tanto estrafalario, como lo sugiere la primera línea de esta reseña. Pero hay ocasiones en que uno solo quiere ver una película que se hubiera podido estrenar en los autocinemas repletos de cine de serie B en la década de 1980 y eso es suficiente.

