Palomita de maíz

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Corazón borrado: la “cura” para la homosexualidad en el siglo XXI

Escrito el 21 septiembre, 2019

Disponible en:

Director: Joel Edgerton

Elenco: Lucas Hedges, Nicole Kidman, Russell Crowe, Joel Edgerton, Troye Sivan, Xavier Dolan, Joe Alwyn.

País: Estados Unidos

Duración: 114 min.

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt7008872/

Actualmente el orgullo gay se puede ver no sólo en la Ciudad de México, sino en diferentes partes del mundo. Jóvenes y adultos salen a las calles para demostrarle al mundo que no tienen de qué ocultarse y, por el contrario, ondean la bandera del arcoíris como símbolo de aceptación. Pero, ¿qué pasa con los jóvenes homosexuales que se niegan a aceptar su realidad? o en casos más extremos, ¿con aquellos que aceptan someterse por voluntad propia a una terapia de rehabilitación para revertir su orientación sexual?

Jared Eamons (Lucas Hedges), quien da vida a uno de tantos casos, a su corta edad es consciente de que no llegará muy lejos a lado de una mujer, pero ante una familia creyente en Dios y debido a los constantes cargos de consciencia sobre su homosexualidad, intenta “curarse” mediante una terapia denominada Love In Action, ofrecida en una congregación a cargo del pastor Victor Sykes (Joel Edgerton, quien también dirigió y escribió la cinta).

Con plena voluntad, Jared intenta rehabilitarse en dicho centro, aunque por un momento olvida que a quienes intenta hacer felices – primero que a él – es a sus padres, con el fin poder curarse y de darles los nietos que tanto anhelan. Sin embargo, el dolor y la frustración de no poder borrar las intenciones de su corazón dan como resultado una negativa hacia las terapias.

El guion adaptado por Edgerton bajo el argumento de Garrard Conley (autor de la memoria del mismo nombre) nos brinda detalles personales sobre la vida del escritor, en donde prácticamente todo aquello que se puede apreciar bajo el lente operado por el cinefotógrafo, Eduard Grau, da luz a la carencia de efectividad de las terapias de rehabilitación en Estados Unidos.

Si bien por momentos la cinta pareciera espesa y un tanto carente de acción, el director nos invita a dejarnos llevar por la narrativa visual. Es decir, busca que el espectador se ponga por momentos en los zapatos del protagonista y se imagine cómo sería vivir en medio de una situación en la que la lucha constante no es ante el tabaco o una botella de vino, sino contra uno mismo, en donde ni una cirugía de corazón podría “formatearlo” por dentro como si fuese máquina.

Por su parte, Marshall (Russell Crowe) y Nancy (Nicole Kidman), padres del joven, acompañan a su hijo durante su travesía, aunque entre ellos no logran coincidir respecto al rumbo que debería tomar su hijo, ni mucho menos en su actuar. Para Marshall, quien también funge como pastor evangélico, es preferible sobrellevar a su hijo en lugar de aceptarlo, pero para Nancy es preferible aceptarlo y amarlo, por lo que, contrario a su marido, opta por sobrellevar sus creencias.

Durante un reencuentro con sus padres, Jared observa que su madre ha dejado de asistir a la congregación, por lo que Jared le cuestiona sobre el porqué de esto, a lo que Nancy responde: “Amo a Dios, pero también amo a mi hijo”.

Cabe señalar que en ocasiones la película presenta prejuicios por parte de organizaciones de personas creyentes, pero esto suele ser recíproco por parte de diferentes grupos de la comunidad LGBT+, sin lograr ningún consenso entre ambas partes. No obstante, parece que no es parte del plan de Edgerton contraponer a la Iglesia católica y a la comunidad LGBT+, ni tampoco dar preferencia a alguna de éstas… es decir, nunca dice: “ellos son los buenos, y aquellos son los malos”. Por el contrario, su objetivo principal es Jared y su vida.

Con todo lo anterior, ¿podríamos afirmar que la homosexualidad tiene cura? Según la Organización Mundial de la Salud, aquello no es una enfermedad, por lo tanto, no podría curarse. Al parecer, lo que Garrard Conley y Joel Edgerton nos comparten a través de la memoria y la película, respectivamente, es que para Conley no fue una elección, ya que cuando intentó cambiar su orientación, simplemente no lo logró.

La película nos regala un cierre en donde el final feliz nunca formó parte del plan, ya que a través de las actuaciones de Russell y Kidman se nos permite apreciar que en un escenario similar, los amigos, hermanos y padres no podrán borrar el corazón de su hijo(a), y tan sólo habrá dos opciones: amar o sobrellevar a la persona.

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