Amparo: una nación en contra de una madre

Escrito el 16 mayo, 2022 @ECinematografo

Dirección: Simón Mesa Soto.

Guion: Simón Mesa Soto.

País: Colombia.

Elenco: Sandra Melissa Torres, John Montoya, Diego Alejandro Tobûn.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt9737568/

Amparo. Dir. Simón Mesa Soto. Ocúltimo. 2021.

Simona Duque de Alzate fue una mujer que, durante la guerra de independencia colombiana, entregó a sus cinco hijos como reclutas para la milicia rebelde. Su sacrificio fue celebrado por el gobierno republicano naciente y es todavía una muestra del deber de las familias colombianas de ser generosas con el país, manteniendo el ejemplo del reclutamiento voluntario.

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“¿Cuál país ni que hijueputas?,” grita Amparo (Sandra Melissa Torres), una madre que intenta evitar que su hijo Elías (Diego Alejandro Tobón) sea reclutado por el Ejército Nacional en el Medellín de inicios de los 90. La situación es injusta: su hijo fue privado de su libertad durante una batida, práctica en la que se reclutan jóvenes de forma forzada. Parece que está familia es castigada por su condición social, ya que, al ser incapaces de pagar la cuota para adquirir la libreta militar (documento que certifica que cumplió con el servicio militar obligatorio o que adquirió el estatus de reservista), no pueden evitar que Elías sea enviado a una región peligrosa.

Amparo no es Simona; no es alguien destinado a ser respetada por la cultura colombiana. Ella es madre soltera de dos hijos y la única proveedora de bienestar en su hogar. Es valiente, aunque una paria porque cada uno de sus hijos tiene un padre diferente y, pese a su esfuerzo, es la mamá de un vago y una niña grosera. Una mala mujer y una pésima madre.

Duque de Alzate fue galardonada con la posibilidad de una pensión vitalicia por su sacrificio. En cambio, Amparo jamás es seducida con tal privilegio y ninguna familia lo ha sido desde el siglo XIX. Ella quiere que su hijo se quede en Medellín porque piensa que es su derecho como madre. Ninguna idea de patria es suficiente para convencerla de que tiene que enviar a su hijo a morir, sobre todo a las malas.

La historia se ubica previo a la promulgación de la ley 48 de 1993, la cual reglamenta el reclutamiento en Colombia, y establece ser el hijo único de una madre soltera como una excepción al servicio militar obligatorio. Amparo está claramente sentenciada por la época y solo tiene un día para pagar una alta suma de dinero a unos tramitadores usureros y así evitar que su hijo sea alejado de ella.

Amparo. Dir. Simón Mesa Soto. Ocúltimo. 2021.

La dirección de Simón Mesa Soto encierra a Amparo en la pantalla. Su presentación guía la atención de la audiencia hacia el rostro de Sandra Melissa Torres, una madre y comerciante convertida en actriz, mientras este es acorralado por la mirada del público y una sociedad que le antagoniza. Aún con la película situándose en el Medellín de los 90, los lentes utilizados por Mesa y su director de fotografía Juan Sarmiento comprimen la perspectiva del entorno alrededor de Amparo, lo cual hace que su experiencia sea una pesadilla incómodamente contemporánea.

Es así como se hace énfasis en la interpretación de Torres, cuya mirada es estoica, más no libre de sentimientos. Su rostro parece frío, pero sus sentidos están agudizados. Amparo es una madre que huele, toca y escucha. Su mirada es potente y orgullosa, aún si está quebrada por el miedo, o constantemente traicionada por la indiferencia de su comunidad y familia.

La película encuentra la forma de multiplicar su urgencia con Amparo no solo debiendo rescatar a su hijo en un tiempo determinado, sino haciéndolo de manera que también le sobren minutos para recoger a su otra hija del colegio. El guion, escrito por Mesa Soto, está repleto de preguntas que salen de la boca de las autoridades que niegan toda solidaridad a Amparo y su hijo. Amparo no supo educar a Elías, quien merecía ser reclutado al ser un vago y un inservible que desertó del colegio y que solo puede cuidar a su hermana mientras su mamá trabaja. Todo esto siendo culpa de una madre que no supo paliar la pereza de su hijo.

Estas son expresiones que llevan consigo la mentalidad de indiferencia (“es pobre porque quiere”) que tanto caracteriza a la sociedad colombiana, independiente de su estrato. En una escena, un hombre que posee 30 millones de pesos se niega a prestarle dinero a Amparo, ignorando que, en el futuro, se encontrará en la misma situación que ella cuando su propio hijo crezca. “Ese no es problema mío,” le responde Víctor (John Jairo Montoya) al echarla de su casa.

Amparo. Dir. Simón Mesa Soto. Ocúltimo. 2021.

En un abrir y cerrar de ojos, Amparo, empleada de una lavandería y citadina, se reconoce a sí misma como una víctima potencial del Conflicto Armado. Ella no sabe dónde queda Caquetá, la zona donde su hijo será enviado, no obstante, reconoce que esa guerra no tiene nada que ver con su cotidianidad: la explotación laboral, el rebusque económico y la responsabilidad de cuidar a dos hijos sola. Su hijo no debería pelear por una nación que la señala y menosprecia, y que tiene dentro de sí una corrupción maligna y miserable que se aprovecha de su desesperación.

Amparo tiene que lidiar con aquellos que utilizan la autoridad del Ejército Nacional para explotar la ingenuidad de las madres dispuestas a pagar o hacer lo que sea para rescatar a sus hijos de las redadas, una práctica que hoy constituye una violación de la Constitución colombiana. La protagonista vende todo lo que puede y conversa con seres oscuros para conseguir el dinero que permitirá que su hijo escape de ser “enviado al monte” en esa ocasión, aunque pueda ser víctima de otra batida.

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Las instituciones de una nación, así como sus interminables conflictos, pueden ejercer una fuerza simbólica sobre sus habitantes, justificado el reclutamiento como un deber ancestral, justo y necesario. No obstante, independientemente de la longevidad del Ejército, existen otras instituciones centenarias, aquellas encabezadas por madres, que se destacan por su capacidad de supervivencia. De acuerdo con su nivel de ingresos, unas pueden mantener a sus hijos seguros en su hogar, mientras que otras tienen que entregarlos al servicio militar obligatorio.

El ejemplo de Simona Duque de Alzate solo representa a una mujer, pero ¿qué hay de las vivencias de otras madres? Amparo retrata esta inequidad con eficiencia narrativa y una cámara intimidante que sigue a una mamá que no tiene escrúpulos para proteger a los suyos hasta el final de su batalla. Si bien las prácticas mostradas en la película están proscritas y la audiencia podría sentirse segura por el paso del tiempo, todo colombiano sabe que la guerra siempre estará a la vuelta de la esquina.

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