499: ficción y documental se conjugan para retratar la realidad mexicana

Escrito el 26 noviembre, 2021 @bmo985

Disponible en: cines.

Dirección: Rodrigo Reyes.

Guion: Rodrigo Reyes y Lorena Padilla.

País: México.

Elenco: Eduardo San Juan.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt10149938/

499
499. Dir. Rodrigo Reyes. 2020. Cortesía Piano Distribución.

Un soldado español aparece en las costas de Veracruz en la actualidad y hace el mismo recorrido que hiciera Hernán Cortés 499 años atrás. Lo que encuentra a su paso dista mucho de aquel territorio que conoció como parte de la comitiva del conquistador. Emprende un viaje hacia la antigua capital del Imperio mexica, ahora parte de una república que hace 200 años se independizó de España. ¿Cómo llegó allí? ¿Cuál es su propósito? ¿Por qué continúa su viaje? 499 conjuga ficción histórica y documental para ofrecer una mirada del terror diario que se vive en México.

El soldado errante, interpretado con silente melancolía por Eduardo San Juan, se convierte en los ojos a través de los cuales conocemos historia tras historia de inimaginable tragedia en este antiguo dominio de la Corona española. De forma inteligente y a través de los ojos de un extraño, 499 nos obliga a reflexionar acerca de la violencia y el sufrimiento ajeno que los mexicanos hemos normalizado tras más de 10 años de la mal llamada “guerra contra el narcotráfico”. La dislocación física y temporal del personaje refleja las distintas formas en que la violencia desplaza a los habitantes de este país, no solo físicamente, sino hacia el terreno del barbarismo, de la incertidumbre, de la existencia sin asideros en donde nada – ni la vida – es sagrado.

La dirección de fotografía, a cargo de Alejandro Mejía, juega con la contradicción que México le presenta a un extraño; paisajes de sobrecogedora belleza y miseria conviven con historias de brutalidad y crueldad. Los testimonios que San Juan recoge, como si se tratara de un genuino representante de la Corona española y por tanto la única autoridad dispuesta a escuchar el suplicio de las víctimas, son acompañados por estas imágenes que miran el horizonte: hacia la calle, hacia los árboles, hacia las colinas. El contraste entre imagen y sonido nos confronta con la crisis de violencia, provocando la pregunta, ¿cómo es posible que esto suceda en este país?

En un universo paralelo, una película sobre un conquistador del siglo XVI que es transportado al siglo XXI, seguramente sería una comedia. El acierto de Reyes radica en hacer que 499 juegue entre el documental y la ficción. La audiencia es obligada a ver a través de nuevos ojos, unos que no logran comprender en qué año se encuentran ni qué ocurrió con el magnífico imperio derrotado por las huestes de Cortés. Este personaje se desarrolla a partir de ideas muy sencillas y San Juan lo interpreta con solemnidad, aunque se permite dar paso a una sensibilidad que termina por resentir el peso de la cruel realidad mexicana. “Unos nuevos bárbaros se han apropiado de esta tierra” es el juicio al que llega y al que es difícil poner objeción.

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499. Dir. Rodrigo Reyes. 2020. Cortesía Piano Distribución.

En la presentación de la cinta, Reyes comentó que 499 nació a partir de una idea sencilla y se fue desarrollando poco a poco a medida que la grabación avanzaba hacia la Ciudad de México, emulando el trayecto de Cortés. La colaboración con periodistas y activistas le fue dando forma a los testimonios que integran la versión final. El proceso de posproducción fue difícil porque, señaló su director, el guion fue reescrito multitud de ocasiones durante la edición final.

El producto final, sin embargo, no parece que padezca por su improvisación. Al contrario, el arco dramático señalado por Reyes y sus editores (Andrea Chignoli y Daniel Chávez Ontiveros) se antoja casi perfecto, transitando de la costa al altiplano, volviéndose cada vez más terribles las historias de terror y supervivencia mientras se aproxima al centro, y alcanzando su clímax con la historia de Fátima, que ni siquiera a un soldado que haya vivido el sitio de Tenochtitlan – en que las aguas del lago de Texcoco se tiñeron de rojo – le parece menos que horrorosa. ¿No se había terminado la guerra ya?

Es imposible negar que 499 es difícil de ver por momentos y es altamente probable que el espectador promedio mexicano ya no quiera ver nada que señale la crisis interminable de violencia e impunidad. Pero – y este es un gran pero – la cinta está tan marcada por la reflexión, la contemplación y la voluntad de hacer oír las voces que sufren la falta de atención crónica del Estado mexicano, que perdérsela sería privarse de una experiencia vital de belleza conmovedora e introspección sorprendente.

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