1917: un inmaculado logro técnico con una frialdad inglesa innegable

Escrito el 16 enero, 2020
Por Alessandra K

En dónde la puedes ver: cines

Director: Sam Mendes

Elenco: Dean-Charles Chapman, George MacKay, Richard Madden, Benedict Cumberbatch, Andrew Scott, Colin Firth, Mark Strong, Daniel Mays, Adrian Scarborough, Jamie Parker, Richard McCabe, Michael Jibson.

País: Reino Unido, Estados Unidos

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt8579674/

La emoción detrás del estreno de 1917, la nueva película bélica de Sam Mendes, ha sido abrumadora. Antes de salir a nivel internacional, ya había ganado un Globo de oro por mejor película dramática y mejor director para Mendes. Incluso en las nominaciones a los Premios Óscar figura entre las favoritas a ganar en algunas categorías incluyendo fotografía y dirección (el hecho de que esté nominada a mejor guion original es un misterio para mí).

Al ver por fin el resultado final, es imposible no admirar el gran logro visual y técnico de la película. No obstante, la conclusión que me deja esta cinta es que efectivamente los británicos son increíblemente hábiles, pero abrumadoramente taciturnos y fríos. A pesar de que existen numerosos momentos idóneos para una reacción emotiva, la incomodidad emocional que se presenta es tal que no provoca nada en la audiencia. Mientras aprecio sus logros técnicos, me deja helada por dentro.

Basada en una historia que Mendes escuchó de pequeño por parte de su abuelo que peleó en la Primera Guerra Mundial, 1917 retrata los intentos desesperados de dos soldados (Dean-Charles Chapman, George MacKay) por evitar un ataque inglés a tropas alemanas que significaría la masacre de 1,600 soldados, el hermano de uno de ellos incluido. Así, los soldados inician una batalla contra el tiempo – y los alemanes – que incluye trampas múltiples, encuentros con cadáveres, intentos fallidos de humanidad con los enemigos y épicas persecuciones.

La película ya es famosa por parecer que se filmó en una sola y larga toma, a la Birdman, aunque en realidad se filmaron múltiples tomas (algunas con una duración de hasta nueve minutos) para llegar a este resultado final. Los videos de detrás de cámaras permiten apreciar el gran esfuerzo que exigió la producción para seguir a los protagonistas en su carrera por tierra, agua y túneles. El compromiso y la meticulosidad de todos los involucrados son los máximos logro de la película, incluyendo la estratégica edición de Lee Smith.

Aun así, el MVP de la película es el fotógrafo y leyenda andante Roger Deakings. Además de considerar el logro creativo, físico y logístico de las tomas largas, el trabajo final es visualmente deslumbrante. En ocasiones somos los ojos de los soldados y en otras somos testigos de lo que viven y sufren, siempre de manera clara y cercana. Esto se aprecia en los numerosos minutos situados en la noche o en los túneles, la nitidez está presente en todo momento.

Asimismo, Thomas Newman creó una banda sonora perfecta para la creación de una atmósfera estresante y envolvente. La música es el broche de oro para la creación de ese sentimiento de pánico y alerta que exige la carrera mortal de los muchachos.

Por último, el elenco está liderado por George McKay, quien para ahora ya debería ser toda una estrella por su trabajo en cintas como How I Live Now (2013) o Captain Fantastic (2016). A pesar de que la cinta cuenta con varias estrellas del cine inglés – Colin Firth, Benedict Cumberbatch, Mark Strong, Andrew Scott (Hot Priest forever) y Richard Madden – estos salen en calidad de cameo, dejando todo el foco al joven actor, quien ofrece una interpretación memorable y agotadora. Además, Dean-Charles Chapman de fama de Game of Thrones, parece estar haciendo una transición interesante a la pantalla grande.

A pesar de todos estos logros, la película tiene una limitación: una represión emocional que previene reacciones emotivas entre la audiencia. Definitivamente se presentan múltiples escenarios en los que una respuesta emocional es exigida y hasta cierto punto se da. El problema recae en que estas demostraciones de emoción son tan calculadas y discretas – muy al estilo inglés de ser – que las escenas no terminan con un punch emocional que desarma al espectador dejándolo con deseos de más.

Se aprecia que la película aborde una guerra que casi nunca es expuesta en la pantalla grande, incluyendo escenas gráficas e impresionantes de algunas de las víctimas mortales del conflicto – felicitaciones para el equipo de maquillaje. No obstante, en el aspecto emocional nos deja mucho que desear, fallando en superar a cintas como The Thin Red Line (1998), Saving Private Ryan (1998) o Dunkirk (2017). Perdonen ustedes, pero la cinta está realizada con tanta soberbia británica que se siente fría para esta latina hambrienta de tacto y emotividad.

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