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War for the Planet of the Apes: “Simios unidos, fuertes”

Escrito el 15 mayo, 2024 @ECinematografo
Esta reseña contiene spoilers de War for the Planet of the Apes.
War For The Planet of the Apes. Dir. Matt Reeves. 20th Century Studios. 2017.

En Rise of the Planet of the Apes, Caesar (Andy Serkis) surgió como la cabeza de un grupo de simios tan inteligentes como los seres humanos. En Dawn, la siguiente película, los frutos de su revolución se pudrieron cuando Koba (Toby Kebbell) condenó la soberanía de Caesar por cuidar de los intereses de una especie tan cruel como la humana, encendiendo un conflicto armado con ellos. War for the Planet of the Apes, la última pieza de esta trilogía, plantea otra catástrofe: la muerte de la empatía de Caesar.

Léase: Rise of the Planet of the Apes: las posibilidades del intelecto

En las entregas anteriores, Caesar poseía sabiduría y rasgos de tiranía. Aunque inició una sociedad para gobernarse lejos de la humanidad, sus decisiones políticas copiaron sus peores errores. Lo construido jamás fue una democracia completa, sino un culto dependiente de la voluntad de su soberano. De haber sido distinto, Caesar no hubiera ignorado las preocupaciones de Koba, convirtiéndose en el responsable indirecto de haberlo radicalizado. War abre con Caesar mitigando los daños de la guerra causada por Koba, mientras la dependencia de su pueblo hacia su liderazgo se torna irreversible. De fracasar como símbolo de cohesión y estabilidad, su sociedad podría ser aniquilada.

Apoyándose en los esfuerzos de Weta Digital, la emblemática empresa neozelandesa de efectos especiales, el director Matt Reeves perfecciona la apariencia y condición emocional de su protagonista como preparación para su viaje más oscuro. El uso de la técnica motion capture (la proyección de la corporalidad de un actor en un personaje digital) nubla los límites entre Andy Serkis y el simio que encarna. Las primeras escenas de War revelan angustia en el rostro de Serkis, aun dentro de un chimpancé generado por computadora. Sus ojos se llenan de lágrimas mientras camina impotente junto a varios heridos.

Reeves y el co-guionista Mark Bomback violentan la esperanza que Caesar guardaba en la misericordia de sus adversarios humanos. Hasta la piedad que demostró con ellos falla en rendir frutos: los humanos supervivientes atacan a su familia y secuestran al resto de su pueblo. Desde ahí, el diseño de producción y los decorados proyectan la decepción de Caesar. No hay ningún escondite para los simios, solo la desolación inherente de un invierno miserable. La arquitectura de la naturaleza que tanto protegía a los simios es abandonada por una cárcel estrecha y fría llena de nieve y lodo.

Léase: Dawn of the Planet of the Apes: los errores de un lider ingeuno

El rencor de Caesar es indomable. Su sabiduría se quiebra tanto como para ignorar que separarse de los suyos para completar su venganza colocó a su gente en un riesgo mayor. Por lo menos, sus amigos Maurice (Karin Konoval) y Rocket (Terry Notary) se niegan a abandonarlo en su conflicto en contra del sanguinario Coronel (Woody Harrelson), uno de los últimos líderes militares de la especie humana. El compositor Michael Giacchino establece el fracaso de la empatía de Caesar hacia los humanos con un motivo en el cual se dificulta discernir alguna melodía. La percusión que acompaña a los humanos es monstruosamente monótona e intimidante. Como audiencia, no destacamos ninguna capacidad de redención, solo el desprecio de Caesar. Con música así, reconocemos que el perdón es imposible.

El viaje de Caesar se torna más peligroso con cada paso que toma hacia el Coronel. Caesar asesina a humanos y simios que se atraviesan en su camino (hasta alucina con un Koba que le recalca que está violando sus principios). Para su suerte, Maurice trasciende su proprio trauma y aquel de Caesar y Koba. Este orangután sabe que la crueldad de sus adversarios no identifica a toda una especie y reconoce quién es inocente cuando adopta a una niña humana (Amaih Miller) al descubrir que es muda.

War hace justicia a su título, no mediante alargadísimas escenas de violencia, sino desde la amistad entre Maurice y la pequeña. Esta guerra es íntima, en donde el odio y los prejuicios tan abundantes en el corazón de los simios y los humanos deben detenerse antes de extenderse hacia quién no lo merece. Esta narración expresa que la redención está en brindarse la oportunidad de reconocerse como diferente de las circunstancias del otro. Junto a la niña, Maurice capta que los simios poseen un privilegio que antes era un menester único de la humanidad: el don de la palabra. En Rise, los simios de Caesar empezaron subyugados al maltrato humano, incapaces de poner en palabras su propio sufrimiento. En un trágico giro del destino, ahora son los humanos los que no pueden vociferar siquiera un susurro.

Maurice se deja intrigar por la valentía de una niña que demuestra que su empatía es también su propósito, así como Caesar antes de caer en la desesperanza. La escena más linda en War tiene a Maurice señalando que las fortalezas de su acompañante superan su incapacidad de comunicarse verbalmente: sus acciones hablan por ella, más allá de las falencias de su especie. Maurice simplemente se limita a llamarla Nova. La niña no es humana o simio, es su propia persona. Alguien que persiste en su interés de ver lo mejor en los demás, así no pueda ponerlo en palabras.

War For The Planet of the Apes. Dir. Matt Reeves. 20th Century Studios. 2017.

En su momento más decadente, Caesar es testigo de que la voluntad de Nova es más fuerte que cualquier ventaja militar. Ella le recuerda que su especie no solo es una de violencia, sino también una de compasión. Cuando la niña arriesga su vida para llevar agua a Caesar y los simios presos, el tema musical que representaba a los humanos, tan mísero y falto de ternura, deja de ser reproducido por percusión y empieza a ser interpretado por un piano. Con Nova, la humanidad cruel que dominaba, ahora parece inocente y soberana de sus propias pasiones.

Finalmente, los humanos antagonistas generan una tensión formidable que cierra varios temas en la trilogía. Harrelson interpreta a un villano despiadado que hace difícil que Caesar se sienta completamente inspirado por las acciones de Nova. Sin embargo, Caesar decide escuchar a su enemigo y se sorprende al entenderlo. La especie del Coronel está falleciendo o padeciendo de una enfermedad que los hace mudos. Si no extermina a la especie de los simios, sabe que el tiempo abrirá las puertas para un planeta con los simios como la raza dominante y a los humanos como el nuevo ganado.

Caesar reconoce este argumento como cierto al haber sido víctima directo de una especie que, en principio, dominaba la Tierra simplemente porque podía construir una sociedad por cuenta de su habilidad para comunicarse. Rise cuestionaba si los humanos podrían vivir en paz con una especie que demostrara su nivel de inteligencia. Dawn respondía a esta pregunta mostrando a Koba renunciando al pacifismo de Caesar para imponerse a sí mismo como el lider de la especie dominante. War termina con Caesar confirmando que muchas de las virtudes y falencias que la humanidad reclamó como propias existen en el resto de la naturaleza, dentro de sí mismo y en sus compañeros simios.

Reeves dedica los últimos minutos de su película a Caesar. Su prioridad es recuperar el corazón de este personaje. Caesar se enfrenta al dilema de asesinar al Coronel con sus propias manos o escapar con su gente hacia un nuevo hogar. De nuevo, los oídos de la audiencia son bendecidos por la música de Michael Giacchino. Aun siendo muy tarde para un cuerpo cansado, el sonido revela que Caesar vuelve a identificarse con los humanos, su vulnerabilidad, la extensión tan destructiva de sus conflictos personales y, sobre todo, esa esperanza que transmiten cuando sienten empatía. Al final, Caesar comparte comunión con Maurice, disfrutando de un atardecer en el hogar que siempre buscó para los demás simios, reconociendo la extensión de su sacrificio y perdonando sus errores.

Este momento tan hermoso es también el mayor hueco en la trama de la trilogía. Caesar no alcanza a compartir con su pueblo lo aprendido. Los simios vivieron la leyenda de Caesar al ser liberados y rescatados por él, pero no alcanzan a escuchar de su propia boca cómo triunfó sobre la ambición y la miseria emocional experimentadas por Koba; o de cómo una niña le enseñó que un individuo puede demostrar más amor de lo posible para su especie; o de cómo la autoridad importa más cuando se distribuye y no se centra en un solo sujeto. War cierra el viaje de tres películas con un vacío narrativo en el que un pueblo tiene que descubrir por su cuenta lo fácil que es olvidar la solidaridad cuando se tiene poder.

***

War for the Planet of the Apes culmina una trilogía cuya escala es gigantesca en materia de emotividad. El arco narrativo de Caesar comenzó en Rise presentando a un revolucionario que desafiaba el statu quo humano y luchaba por la libertad de su especie. En Dawn, este revolucionario se transformó en un líder conservador, buscando establecer un orden en medio del caos y proteger a los suyos a cualquier costo. Sin embargo, en War, Caesar es despojado de su alma y su estatus político. Su trilogía llega a su clímax con una aventura personal en la que recuperar su paciencia y compasión le permite descubrir más sobre su propia autoridad y liderazgo, sosteniendo a los suyos no desde el poder absoluto, sino ejemplificando las virtudes y los defectos existentes tanto en la humanidad como en sí mismo.

 

El legado de Caesar continúa en Kingdom of the Planet of the Apes.

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