Veneno: la revolución de la memoria

Escrito el 7 diciembre, 2021 @ECinematografo

La memoria es un asunto maravilloso. Es el sitio donde cultivamos nuestra identidad, así como el amor y dolor que hemos sentido. Tener un público dispuesto a escuchar sobre nuestra experiencia es un privilegio y una oportunidad para embellecer cada evento. Aunque Cristina, una mujer trans y la protagonista de la serie española Veneno, insista en contarnos su historia recurriendo a disparates, su vida es tan irresistible y sincera como ella.

Veneno
Isabel Torres, Daniela Santiago, Jedet Sanchez en Veneno, 2020. Atresmedia Studios.

La noche en la que Cristina cruzó un río

Cristina Ortiz Rodríguez, también llamada La Veneno, es introducida en diferentes ocasiones durante el primer episodio de la serie. Su primera aparición sucede desde la perspectiva de Valeria, una niña que se desvela para ver en televisión ese contenido que no transmiten en el día. La pequeña es testigo de la escandalosa aparición de la Veneno y por primera vez se siente validada. Ella es una niña, aunque su apariencia todavía no corresponda a esta conclusión.

Después, otra perspectiva de esa noche es presentada. La serie nos da la bienvenida al Parque del Oeste de Madrid, un espacio que esconde la supervivencia de mujeres trans ejerciendo la prostitución en la oscuridad. Cuando un programa amarillista de TV intenta capturar su experiencia, ellas les atacan para prevenir que la luz de las cámaras destruya su único medio de subsistencia. En este contexto y quebrada por un miedo patológico a su madre, Cristina es descubierta y exhibe su cuerpo, sensualidad y vitalidad ante los televidentes españoles.

El primer episodio establece uno de los temas centrales de Veneno, colocando a los medios de comunicación como espacios contradictorios que marginan a aquellos que amenazan con mostrar aquello que estaba oculto, o que permiten que una persona oprimida pueda ser quien en realidad es en público. Ya como adulta y estudiante de periodismo, Valeria (Lola Rodríguez) se cruza eventualmente con la Veneno, quien la invita a ser valiente y completar su transición. Como agradecimiento, la joven se ofrece a recoger las memorias de su nueva amiga para revelarlas al mundo.

Una historia de tragedia y magia

Valeria se maravilla ante las anécdotas de la Veneno, en particular, la forma en la que abrazó su sexualidad en un pueblo donde solo recibía discriminación y malos ratos. La joven contrasta lo que escucha con su propio privilegio. Si bien aún no ha iniciado su transición, tiene el apoyo de una amiga, una familia de mujeres trans y su mamá. En cambio, en el caso de Cristina, ella no recibió ni un gramo de afecto por parte de su madre, alguien que la torturó psicológicamente con su tradición e indiferencia.

Isabel Rodriguez y Lola Rodriguez en Veneno, 2020. Atresmedia Studios.

La narración de la Veneno exige que la producción de la serie corresponda con el formato de las películas biográficas sobre artistas. La historia de Cristina es construida con coloridos flashbacks que detallan cómo atravesó los inicios más humildes y violentos para aceptar su identidad y huir de Adra, su pueblo natal. La visión que tiene Cristina de su infancia y juventud es encantadora, incluso si sabemos que no estamos presenciado una historia feliz.

Valeria confronta a Cristina en varias ocasiones sobre la forma en la que cuenta su historia. La Veneno le responde que ella es la dueña de su historia y que la contará como le parezca. La serie cumple la promesa de su protagonista y combina su narrativa biográfica con herramientas del realismo mágico, distorsionando el cuento de Cristina para maravillar al espectador con monaguillos con falda y cola de pavo real, un ejército de mil prostitutas listas para brillar en la noche o defenderse de los nazis, y funerales sacados directamente del cine de Tim Burton.

Con semejantes recursos, Veneno resulta honesta en las minucias de la experiencia de Cristina, sobre todo su relación con su cuerpo y su placer. A través de Cristina, Valeria entiende su cuerpo, particularmente en cómo sus genitales y su silueta son cosificados con fines tanto eróticos como médicos. Pese a estos obstáculos, Valeria cree en su transición y en las oportunidades que tiene para vivir su placer bajo sus propios términos, aún si acepta con dolor que la Veneno jamás tuvo estas ventajas.

La maldición de Cristina Ortiz

En el episodio “La maldición de las Onassis” (ep4) sucede una transición radical en la historia. Los escritores Javier Ambrosi y Javier Calvo preguntan a la audiencia si continuarán viendo una serie que está a punto de divorciarse de su encanto. De vuelta en la narración sobre las experiencias de Cristina en Madrid, conocemos a la mujer que la inspiró a completar su transición y que le advirtió sobre la odisea que tenía por delante.

Cuando su apariencia física resulta un obstáculo para conseguir trabajo, Cristina se ve obligada a prostituirse para sobrevivir y ahorrar lo suficiente para pagar sus cirugías. Ya cuando la Veneno compra el cuerpo que soñaba, la vemos tomar su lugar junto con las demás trabajadoras sexuales expresando una dignidad impresionante antes de exigir en voz alta respeto a sus pares. Bautizada por su amiga Paca (Paca la Piraña) con su icónico apodo, Cristina solo teme una cosa: la violencia que corre por sus venas. Ella teme convertirse en su madre y arrasar al mundo con su ira.

Veneno
Daniela Santiago en Veneno, 2020. Atresmedia Studios.

Cristina eventualmente llega a un nivel de fama que casi ninguna mujer trans soñaba en ese momento. Su comedia, sus rápidas respuestas e ingenio resultan ser populares entre la audiencia española. Cada una de las actrices que interpreta a la Veneno (Jedet Sánchez, Daniela Santiago e Isabel Torres) refleja esa picardía en cada etapa de su vida, ganándose cada carcajada y lágrima que nos causan.

Los escritores no se quedan atrás y aumentan la complejidad del personaje, mostrando aspectos de Cristina que la hacen vulnerable. Por un lado, está el hecho de que Cristina es analfabeta. Aun cuando nos muestran los lujos que puede darse, también entendemos que no tiene claridad sobre los alcances de su propia riqueza o los papeles que firma. Por otro lado, su necesidad de buscar el amor que jamás ha recibido la hacen caer en las jugarretas de su novio, una persona que, cuando no la abusa física y emocionalmente, le roba su dinero y genera contratos donde reclama su cuerpo como suyo.

En la cima de su fama, Cristina intenta desesperadamente reconectarse con su mamá, esperando que pueda aceptar la persona que decidió ser. Pese a esta desesperación, su madre solo acepta verse con ella en televisión en vivo para recibir dinero por sus apariciones. Incluso cuando Cristina intenta enfrentarla con todo su carisma, mostrándole cómo es que el público ha sabido amarla cuando ella no, la madre se mantiene en una posición cruel.

El valor de una vida

La Cristina del presente sufre las experiencias que vivió en una prisión de hombres, donde su cuerpo y orgullo fueron cruelmente profanados, confunden sus prioridades. En libertad, la notoriedad que tanto la empoderó se convierte en parte de su perdición. Piensa que solo puede ser apreciada por los televidentes, aquellos que añoran su regreso, y no por aquellos que siempre han estado con ella, como sus amigas, Paca y Valeria, a quienes humilla en televisión nacional para ganar relevancia.

Años después, Valeria, ya graduada y viviendo con su novio, no ve el sentido de contar la historia de una mujer tan impredecible y con valores tan contradictorios. Entonces, en un brillante giro de persistencia, perdón y paciencia, la joven entiende la importancia definitiva de las memorias de Cristina y cómo el infierno que vivió le permitió a ella y otras muchas identificarse como mujeres orgullosas de su identidad. A la luz de sus propios problemas, Valeria acepta que el espíritu de sus referentes también le han permitido salir adelante.

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Jedet Sánchez en Veneno, 2020. Atresmedia Studios.

En manos de otros, los cambios de tono de Veneno, que saltan entre fantasía y realidad, serían la perdición de cualquier serie de televisión. Sin embargo, la dirección y la construcción de narrativa llevada a cabo por los Javis funciona como una celebración reveladora de una vida que merece ser recordada bajo sus propios términos, una vida trágica que giraba alrededor de lograr ser amada. Aliens, zombis, príncipes…si así quieres recordar tu vida, esa es la verdad más absoluta. Esto no implica una fantasía vana, sino un acto de sinceridad hacia tu propia experiencia.

Cristina Ortiz Rodríguez vivió, amó, cometió errores, provocó, escandalizó, sufrió e inspiró. Todos los episodios de Veneno valen la pena cuando escuchamos la última línea de la serie. Después de que Valeria apela a sus fantasías y le cuenta un final maravilloso para su historia, Cristina le pregunta, “¿es bonita mi vida?” “Es preciosa”, le responde Valeria. “Pues léemela otra vez”, responde Cristina. La escritora vuelve a sacar el libro de su bolso y empieza a contar de nuevo esta historia, un cuento que le pertenece a las mujeres que le precedieron y a aquellas que están por venir.

 

Veneno está disponible en HBO Max.

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