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Ven y mira, de Elem Klimov: bienvenidos al fin del mundo

Escrito el 2 marzo, 2022 @CarlosPHL1
Aleksei Kravchenko en Ven y mira. Dir. Elem Klimov. Jamus Films. 1985.

Ven y mira de Elem Klimov, situada en la Bielorrusia de la Segunda Guerra Mundial, tiene una escena que quedará grabada en mi memoria para siempre. Flyora (Aleksei Kravchenko), un niño entrando en la adolescencia y protagonista de esta historia, se encuentra con una visión terrible. Campesinos y viudas desplazadas por la invasión alemana rodean a un camarada que fue quemado vivo y que no fallece sin antes señalar al niño su responsabilidad en estos crímenes. Si la culpa ya es un sentimiento complicado, no puedo imaginarme el infierno emocional de un niño que está convencido de que facilitó la llegada de los nazis a su pueblo.

Flyora no tiene ninguna responsabilidad por los crímenes de una horda de genocidas. Haber rescatado una escopeta para participar en la guerra no parece una falta grave, pero sí hacerlo bajo la vigilancia estricta de un invasor despiadado que espera cualquier provocación para justificar la aniquilación de cientos de vidas humanas. El rostro del actor novato que interpreta a Flyora expresa un dolor inmenso. El encuentro con el campesino le confirma que no tiene a nadie en el mundo, o motivos para estar vivo. Tiene un largo camino por delante: incontables tragedias que presenciar y mucho tiempo para recordar sus errores sin recibir alivio alguno, así vaya a morir al día siguiente.

Todos hemos experimentado la sensación de que estamos presenciando el fin del mundo. Algunos lo sentimos con una pandemia, otros con la pérdida de un ser querido, y otros con la improbabilidad de su supervivencia. El soviético Elem Klimov, director de la película, sobrevivió a catástrofes: fue testigo del costo humano de la Segunda Guerra Mundial siendo solo un niño y sufrió por la muerte de su esposa. Cuando la Guerra Fría abrió la posibilidad de una catástrofe nuclear sin precedentes, Klimov hizo trabajo de archivo histórico, entrevistó a sobrevivientes del conflicto bélico más mortal de la historia humana y, junto a Ales Adamovich, escritor y testigo de guerra, creó el borrador de una película que se llamaría Matar a Hitler.

El trabajo de Klimov y Adamovich resaltaría los relatos terribles de innumerables supervivientes, mientras su protagonista vivía en carne propia esta desesperanza. Los años 70 (y tal vez cualquier época del dominio humano) exigían la realización de esta película. Según sus creadores, después de ver Matar a Hitler nadie podría justificar una guerra o repetir los crímenes de lesa humanidad que presenciaron cuando eran niños. La audiencia tendría que aprender a aniquilar al tirano que lleva dentro o perecer por ignorar su propia historia.

Los cineastas tenían la intención de mostrarle al mundo los peligros de la guerra desde el punto de vista de los inocentes que la padecían. Sin embargo, esta premisa no convenció a los aparatos soviéticos de censura. Por esto, siete años después, a mediados de los 80, Klimov cambió el título de su guion sin comprometer ninguna de las cualidades de la historia que quería contar y se dedicó a la filmación de Ven y mira, una obra destinada a advertir al mundo sobre las consecuencias del expansionismo militar e ideológico, de ignorar la pobreza y la experiencia de aquellos que jamás apostaron a quedarse sin hogar y, sobre todo, de la incapacidad de devolver el tiempo y solucionar aquellos eventos que ya no tienen vuelta atrás.

Aleksei Kravchenko en Ven y mira. Dir. Elem Klimov. Jamus Films. 1985.

La visión de Klimov es una cinta que rechaza la convencionalidad de la continuidad del tiempo y se adhiere a los ritmos que tendría una pesadilla hiperrealista. Los bosques, las aldeas y el cielo parecen el cadáver de algo que alguna vez fue un hogar, mientras que los retratos individuales y en grupo del reparto muestran familias enteras que no están preparadas para vivir el apocalipsis. Todo esto lo vivimos a través de los ojos de Flyora, un niño campesino que es llevado al límite por las circunstancias.

Klimov quería utilizar a un actor no profesional como protagonista, de manera que la genuinidad de sus acciones fuera incontrovertible. No obstante, quería que Kravchenko no quedara traumatizado por la naturaleza del guion, por lo que contrató psicólogos e hipnólogos para aliviar la experiencia del niño durante la filmación. Estos esfuerzos fueron en vano, pues Kravchenko resultó inmune a cualquier tipo de abordaje psicológico y entró en desnutrición, su cabello se volvió blanco y su rostro reflejó adversidades abrumadoras.

Filmada de forma cronológica en el transcurso de nueve meses, la película abre en un pueblo bielorruso desolado en un país que progresivamente era ocupado por la Alemania nazi. Los adultos temen que cualquier acción pueda resultar en la muerte de sus familias, pero los niños solo ven un juego. Como ya se mencionó, Flyora rescata una escopeta, esperando que sea una boleta de entrada en el ejército de partisanos defendiendo la región. Su sonrisa y orgullo se extienden por su rostro mientras ignora el lamento de su madre. Ella sabe que las cosas no terminarán bien y exclama que prefiere ser asesinada de una vez a verlo ir a la guerra.

Entonces, Flyora abandona la calidez de su hogar por la intemperie del bosque, trabajos forzados, y una existencia debajo de ropas mojadas que atraen la putrefacción. El Universo le envía señales para que huya. Su general lo abandona en el campamento, hiriendo su orgullo, y la naturaleza coloca huevos de ave en el suelo que él pisa, dándose cuenta de las criaturas que asesinó sin haberlo querido. Sin escapatoria, Flyora es condenado a trasladarse de tragedia en tragedia sin pausa.

Sobrevivir no parece un privilegio. La inocencia de Flyora y la vida de los pueblerinos se deterioran en el transcurso de semanas en las que Flyora jamás provee alimento a los suyos o dispara a los transgresores. Klimov muestra que la guerra no es un propósito de honor: ¿de qué sirve la victoria de un bando, si millones de personas pierden su dignidad y vidas en el proceso?

Aleksei Kravchenko en Ven y mira. Dir. Elem Klimov. Jamus Films. 1985.

El cineasta no escatima en una experiencia que se censura a sí misma con recursos narrativos falsos. Las aventuras fútiles de Flyora, que incluyen cargar a un espantapájaros vestido de Hitler como un esfuerzo desesperado de nacionalismo e intentar robar una vaca, son recordatorios de la miseria humana generada por los conflictos armados. Aún con estas anécdotas siendo revisadas por personas fieles al trauma de otros, las circunstancias mostradas en Ven y mira son increíblemente dolorosas. La secuencia más infame es el incendio de una aldea y el exterminio de sus habitantes. Klimov y Asimov pudieron terminar su cuento allí; sin embargo, deciden comentar que el evento que representan no fue un episodio aislado. Más bien se repitió 626 veces en toda Bielorrusia.

Ven y mira es todo un propósito desgraciado. No solo cuenta con el poder de cientos de historias reales como fuente, sino que juega con matices visuales y sonoros para configurar un infierno absoluto y verdadero. La película tiene una banda sonora (a cargo de O. Yanchenko) basada en un sintetizador sombrío. Cuando Flyora sufre sordera por cuenta de la catástrofe bélica, los sonidos se vuelven intimidantes y se combinan con música distorsionada de Mozart. El niño no puede escuchar a los demás y permanece confundido por los ruidos de un conflicto que no entiende.

Por su cuenta, la fotografía de A. Rodionov es un triunfo singular. Dado que toda la película fue filmada en locación, los bosques son un trágico recordatorio de las condiciones que no son dignas para ningún ser humano y las casas son espacios que no proveen calidez, sino hacinamiento y hambre. La cámara nos obliga a mirar el rostro de algo que solía ser un niño, pero que ahora es un fantasma lleno de arrugas y con ampollas en los ojos.

Vuelto un zombi, Flyora termina su viaje situándose cara a cara con la triunfante figura de Adolf Hitler en un cuadro sumergido en un charco. El niño saca la escopeta, el instrumento que abrió la puerta al fin de los tiempos para su familia y su aldea, y disparar al retrato. En su cabeza, Flyora mata a Hitler en innumerables ocasiones, devolviendo el tiempo y regresando la prudencia a Europa. Finalmente, cuando tiene la oportunidad de matar al bebé que se convertiría en uno de los mayores genocidas de todos los tiempos, la escopeta no es disparada. Flyora no puede matar a un inocente.

Es imposible recomendar Ven y mira, pues no tiene valor como entretenimiento. Es una película de guerra con herramientas narrativas que no parecen manipuladoras o superfluas, sino sinceras e informativas en extremo. Los hechos mostrados por Klimov y Adamovich pueden representar cualquier guerra en la historia, un espacio donde los motivos relacionados con un conflicto bélico son solo justificaciones vanidosas para la tortura y el asesinato. Tan dura como es la cinta, es una experiencia imprescindible para el público y más para aquellos que sostienen poder. Una advertencia tan cruda que su director no quiso realizar otra película en su vida. “Todo lo que me fue posible, lo hice,” Klimov concluyó.

 

 

Lecturas adicionales:
https://www.theguardian.com/news/2003/nov/04/guardianobituaries.russia
https://mubi.com/es/notebook/posts/casualties-of-war-elem-klimov-s-come-and-see

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