Palomita de maíz

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Tops Palomita de maíz: nuestras 10 películas animadas favoritas del siglo XXI

Escrito el 10 junio, 2024 @cinematictalk

Dando inicio a nuestra nueva sesión de top 10 de Palomita de maíz, el equipo votó por nuestro top de las películas animadas del siglo XXI. Acá nuestros resultados:

 

10. Wolfwalkers

Dirs. Tomm Moore, Ross Stewart; 2020.

En una era donde abunda la animación digital, cuando se estrenó Wolfwalkers en 2020 pareció un milagro. La película más madura de Cartoon Saloon, un estudio que nos entregó filmes como The Secret of Kells (2009) y The Breadwinner (2017), esta propuesta se sintió como aire fresco no solamente por la animación, sino porque muestra que una historia extremadamente sencilla, pero bien contada, siempre es bienvenida.

Bajo la magia y el mito, cuenta la amistad entre Robyn, una aprendiz de cazadora, y Mebh, una niña que domina a la manada de lobos, y la conexión que comparten. La historia ofrece el simple mensaje de que nuestras diferencias muchas veces son solo superficiales y que, en el fondo, nos parecemos más de lo que aparentamos. Sencillo, que realmente emocionante. Asimismo, la película muestra la invasión inglesa a Irlanda desde un punto de vista infantil, pero sin blanquear la situación (tal y como Disney lo hizo en los 90 con Pocahontas). – Julia Andrade

 

9. Marcel the Shell with Shoes On

Dir. Dean Fleischer Camp, 2021.

¿Qué puedo decir de Marcel the Shell with Shoes On que no haya dicho antes? El poder de la ópera prima de Dean Fleischer-Camp recae en que Marcel funciona dualmente como un personaje y un símbolo. A través de una personalidad bellamente trazada por un guion melancólico, Marcel (interpretado vocalmente por Jenny Slate), una pequeña caracola parlante, afronta diferentes crisis existenciales a lo largo de la cinta. Sus vacíos recaen en la desconexión con su comunidad, alejados por eventos ajenos a su control, y el frágil estado de su vida actual, viviendo únicamente con su anciana abuela Connie (Isabella Rossellini) aterrado de los cambios que sabe se avecinan.

Como stop-motion es una película impresionante. Hay algo Malickiano en la forma de desplazar la cámara comprendiendo el diminuto y abrumador mundo de Marcel. Fleischer-Camp guia al personaje titular hacia nosotros con plena seguridad, no solo porque el diminuto personaje es ridículamente tierno, sino porque sus diálogos cavan profundamente en el dolor existencialista de que la vida es pasajera, cambiante y aterradora.

Marcel es un símbolo de bondad, identidad y resiliencia, mostrando cómo las adversidades y penurias de la vida no nos hacen desconocer nuestras propias virtudes y defectos. La película no trata simplemente de una caracola parlante que busca reconectar con sus familiares con la ayuda de un documentalista, ocurrentemente pasando por una ruptura. Marcel the Shell with Shoes On trata sobre la belleza de la vida en los pequeños detalles, así como de la importancia de permitirnos tener miedo, ser ridículos y vulnerables. – Cesar Guedez

 

8. El viaje de Chihiro

Dir. Hayao Miyazaki, 2001.

El viaje de Chihiro fue la película que hizo que se conociera a nivel mundial al maestro de la animación Hayao Miyazaki, quien ya era famoso en su propio país, Japón. Además de la fama mundial que le trajo, el filme también obtuvo numerosos premios, incluidos el Óscar a Mejor película de animación y el Oso de oro en el Festival de cine de Berlín. Se trata de una película que muestra la belleza de la animación tradicional, cuadro por cuadro, y la técnica tradicional japonesa, ilustrando una linda metáfora sobre el crecimiento a la etapa adulta y las traiciones en el mundo actual.

La cinta presenta a Chihiro, una niña que acaba de cambiarse de casa con sus padres. En camino a su nuevo hogar deciden cortar camino, encontrándose accidentalmente en un túnel que los lleva a un pueblo fantasma. Mientras que sus padres se alimentan sin que nadie los atienda, Chihiro explora el lugar y se da cuenta de que parece ser una trampa o pertenece a un mundo distinto al suyo. Cuando regresa a buscar a sus padres se da cuenta de que se han convertido en cerdos, emprendiendo una aventura para recuperarlos mientras conoce a los personajes locales.– Israel Acosta

 

7. Inside Out

Dir. Peter Docter, 2015.

Todas las personas alguna vez nos hemos preguntado cómo funciona el cerebro humano, qué diablos hay dentro de nosotros que nos hace accionar, sentir y obrar de determinada manera. De esa incertidumbre nace Inside Out, una película que quita toda la carga neurológica al tema y lo trata desde la más absoluta emocionalidad.

La historia se centra en una jovencita llamada Riley, capaz de sentir alegría, tristeza, miedo, desagrado y furia. Estas emociones cobran vida dentro de ella para regular sus acciones, presentadas como figuras algo neuróticas que bien podrían ser un paralelismo entre cualquier millennial promedio trabajando en una multinacional. Mientras Riley va experimentando cambios en su personalidad propios de su evolución personal, los trabajadores de su mente se esfuerzan porque la maquinaria trabaje a tope.

Inside Out prueba que no existe tal división entre la animación para niños y para adultos. El filme nos enseña a aprender a convivir con todo aquello que nos hace únicos, a abrazar nuestros sentimientos y a valorar todo aquello que, por el propio transcurso de la vida, ya no tenemos tan presentes. Es un mimo al ser humano como humano. – Valentina Starcovich

 

6. Persépolis

Dirs. Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud; 2007.

Marjane es una chica creciendo en Irán de los años 70. Como cualquier otra niña, busca su identidad, independencia y reconstruir los ideales que había creado respecto a cómo sería su vida. Persépolis, aparte de ser un extraordinario manifiesto sobre la identidad femenina en sociedades machistas, devastadas física y moralmente por la guerra, es una historia de madurez y lo maleable de nuestra identidad e intereses.

Basada en el cómic de la misma codirectora Marjane Satrapi, Persépolis destaca de inmediato por una estética monocromática e inspirada en arte gótico. La historia sigue a Marjane en un viaje de autodescubrimiento, tanteando entre la rebeldía adolescente, el cuestionamiento de las imposiciones patriarcales, las decepciones amorosas que todos vivimos y la angustiante presión de la adultez que nos exige tomar decisiones que nos acompañarán por el resto de nuestra vida.

Esta es una película de contrastes. No solo por cómo el blanco y negro se funden en armonía para crear imágenes a la par bellas y aterradoras, sino también por la manera en que condensa el humor y el drama de rebelarse ante una autoridad aterradora. En Persépolis se ilustran todos los pasajes de la vida desde un enfoque no determinista. Los momentos más bellos y hórridos se plantean en lo cotidiano, no como algo que define la complejidad de nuestra identidad. – Cesar Guedez

 

5. Ponyo

Dir. Hayao Miyazaki, 2008.

Por segunda vez, una película de Studio Ghibli aparece en la lista y, con toda honestidad, cualquiera de sus producciones podría fácilmente figurar en el top 10. Aunque bien se podría defender el caso de numerosos títulos, es un placer que Ponyo sea la cinta seleccionada para representar a Hayao Miyazaki en el top 5. La película es una bocanada de ternura, amor y resiliencia que bien representa el sello Ghibli y un lado más sensible y sencillo de los temas complejos que siempre representa en pantalla.

Cual cuento de hadas, Ponyo se centra en una criatura mágica marina con cara humana que, por azares del destino y una personalidad aventurera, se encuentra perdida en tierra firme hasta que el niño Sōsuke la encuentra. Después de entablar un vínculo fuerte entre ambos, la ahora llamada Ponyo se rehúsa a regresar a su vida previa, deseando ser humana y quedarse con Sōsuke. Así, se desarrolla una aventura en donde el equilibro natural se pone en jaque – incluso causando tsunamis y angustias emocionales entre los lugareños – solo para demostrar el poder del amor y la pertenencia. Marcada por un complejo y admirable sentido de complicidad y gentileza, Ponyo es igualmente una historia de amor – madre e hijo, madre e hija, Ponyo y Sōsuke, y hacia la naturaleza – como de apreciación por aquellos que de verdad observan nuestros más grandes deseos y nos aceptan justo por ellos. – Alessandra Rangel

 

4. Shrek

Dirs. Andrew Adamson, Vicky Jenson; 2001.

Cuenta la leyenda que los animadores de DreamWorks que trabajaban en la producción de The Prince of Egypt (1999) serían enviados a trabajar en Shrek a modo de castigo si cometían algún error. “Getting Shreked” era el nombre por el que conocían esta amenaza. Más allá de esta historia urbana, sí es un hecho que Shrek era la producción a la que iban a parar quienes no estaban trabajando en otro proyecto del estudio: era “la hermanastra más fea” ubicada en una cocina con tres lavabos a espaldas de los escritorios. La idea detrás del proyecto era hacer una película animada para adultos que también pudiera ser disfrutada por los niños, y no al revés, como la tradición dictaba hasta ese momento.

Tan pronto se estrenó, el rumbo del cine cambió para siempre: no es exageración decir que la historia del cine de animación, y del cine en general, se puede dividir en AS (Antes de Shrek) y DS (Después de Shrek). Lo aclamada que fue por la crítica y el público le valió tal apoyo en la temporada de premios que la Academia creó para el año de su estreno la categoría de Mejor película animada y Shrek se convirtió en la primera receptora de dicho premio. Con un ritmo impecable, un elenco sin par, música pop que abona a la dirección de la historia, un humor astuto, personajes entrañables que inspiraron una variedad de secuelas y spin-offs (algunas dignas sucesoras como Shrek 2 y Puss in Boots: The Last Wish) y una trama que involucra discriminación, persecución, desplazamiento y hasta gentrificación, Shrek es una película fundamental para el cine de animación del siglo XX. Get Shreked! – Andrea Marín Serrano

 

3. Pollitos en fuga

Dirs. Nick Park, Peter Lord; 2000.

En el 2000, Aardman Animations lanzó Pollitos en fuga. El primer largometraje de la casa de animación desarrolla un relato sobre la búsqueda de libertad bajo un entorno esclavista. En la zona rural de Yorkshire, Ginger y un grupo de gallinas desean escapar de una opresiva granja controlada por los Tweedy, un matrimonio que piensa transformar su negocio en una productora de pays de pollo. No obstante, los intentos fallidos de escape por parte de Ginger y compañía cambian cuando conocen a Rocky, un gallo norteamericano.

Los directores Peter Lord y Nick Park ejecutan una sagaz comedia que, con técnica stop-motion e inspirada en la Segunda Guerra Mundial, muestra la esclavitud, el abuso laboral, la idealización del heroísmo y la unidad. Así, con slapstick y tintes oscuros, Pollitos en fuga resalta la esperanza y los miedos que marcan la toma de decisiones y la motivación para lograr la libertad personal. – Mariana Fernández

 

2. Flee

Dir. Jonas Poher Rasmussen, 2021.

Hay una tendencia a describir el documental cómo el “cine de lo real” para ubicarlo en los límites de un género cinematográfico propio y con ello dictar convenciones sobre su forma: cabeza parlante, seguimiento de personaje y material de archivo, este último como una alternativa para ilustrar un pasado “perdido”. Bajo esta lógica, aunado a su exasperante asociación con lo infantil, lo animado no parece corresponder a “lo real”. No obstante, los cineastas han demostrado que estas clasificaciones sólo sirven a un propósito comercial por medio de trabajos que aprovechan la animación para retratar las imágenes que viven en la memoria, encontrando nuevas formas de retratar “lo real”.

Esto es lo que hacen Jonas Poher Rasmussen y su equipo en Flee, en el que presentan la historia de Amin Nawabi, un alias para proteger su identidad. Por medio de animaciones recrean el relato del protagonista sobre el escape de su familia de Afganistán en medio de la guerra, su travesía para encontrar refugio en Europa y la experiencia de crecer en medio de la violencia e incertidumbre de la migración, además del miedo al rechazo por su sexualidad. Estas experiencias configuran un trauma que afecta su cotidianidad y que busca afrontar por medio de la realización del documental.

Tomando como referente Vals con Bashir (Ari Folman, 2008), Flee aprovecha la animación para encontrar formas de representar la violencia y el trauma de los procesos migratorios forzados, cambiando lo explícito por lo artístico y dejando que las memorias de su protagonista no tengan un propósito de exhibición, sino que más bien sean una forma de reconciliación con el pasado por medio de la imaginación. Al demostrar consideración sobre la ética documental y desafiar las convicciones de forma, Flee demuestra porque hizo historia con sus tres nominaciones al Óscar. – Juan Andrés Rodríguez

 

1. La vida de Calabacín

Dir. Claude Barras, 2016.

La vida de Calabacín es una película francesa de animación stop-motion dirigida por Claude Barras, con guion de Céline Sciamma. La historia sigue la vida de Icare, apodado Calabacín, un niño de nueve años que queda huérfano y es enviado a un orfanato. La sensibilidad de la película se manifiesta a través de la delicada representación de las emociones y la exploración tierna de temas complejos.

La cinta aborda la historia de aceptación desde múltiples perspectivas. Calabacín llega a un hogar tras una tragedia y, junto con otros niños con pasados difíciles, encuentran un espacio en donde pueden ser ellos mismos y aprender a aceptarse mutuamente. A medida que los personajes revelan sus heridas emocionales, la película trata con empatía y compasión los desafíos de la vida y la importancia de la aceptación.

La animación aporta una estética que refuerza la sensibilidad de la historia. Los personajes tienen expresiones faciales y movimientos que capturan la complejidad de sus emociones, contribuyendo a la autenticidad del relato. La vida de Calabacín se destaca por su capacidad para tocar los corazones del público a través de la vulnerabilidad y la esperanza. – Julia Andrade

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