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Thor: un pleito entre hermanos

Escrito el 24 junio, 2022 @ECinematografo
(Camino a Amor y trueno, parte I)
Este artículo contiene spoilers.
Thor. Dir. Kenneth Branagh. Marvel Studios. 2011.

La primera tanda de películas del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU por sus siglas en inglés) fue una época cómoda: solo teníamos que seguir una o dos películas al año, en vez de ocho series de televisión y películas. Antes podíamos digerir a los personajes de este universo, pese a tantas tramas interconectadas y ¡amenazas a la integridad del planeta Tierra!

Thor (Chris Hemsworth), el Dios del trueno, fue uno de mis personajes favoritos de la Saga del Infinito (2008-2019) en el sentido de que todo lo relacionado con él fue un experimento: varios escritores y directores, así como Hemsworth, imprimieron su visión en el personaje, haciendo que su paso por siete películas fuera innovador.

Mis piezas predilectas del MCU son aquellas que exploran al superhéroe de siempre en un género cinematográfico ajeno al esperado en esta clase de cine. Capitán América: El soldado del invierno (Joe y Anthony Russo, 2014) es una película de espías; Guardians of the Galaxy (James Gunn, 2014) es una épica espacial con el corazón de una aventura ochentera; Spider-Man: Homecoming (Jon Watts, 2016) es un romance de colegio; Black Panther (Ryan Coogler, 2018) es una adaptación de Hamlet; y WandaVision (Matt Shakman, 2021) sucede en el terreno de las sitcoms. Thor, es una aventura de ciencia ficción sobre el contacto con una raza alienígena, una comedia romántica y un drama con tintes de Shakespeare sobre el conflicto entre dos hermanos.

 

Shakespeare en el espacio

Chris Hemsworth y Anthony Hopkins en Thor. Dir. Kenneth Branagh. Marvel Studios. 2011.

En la primera presentación del lado cósmico del MCU viajamos al mundo eterno de Asgard. En un castillo dorado que parece un órgano de iglesia, el rey Odin (Anthony Hopkins) se prepara para ceder el trono a su hijo Thor. Aquí los dioses nórdicos no son las deidades de siempre, sino alienígenas sexys que viven en un paraíso lujoso.

El protagonista que conocemos en esta entrega dista mucho del dios pacifista escrito por Taika Waititi en Thor Ragnarok (la tercera película del personaje). El Thor original es petulante y emocionalmente inestable; es una figura masculina privilegiada que heredará más poder del que merece sin expresar la única característica que su padre espera en un monarca, paciencia. Cualquiera diría que Loki (Tom Hiddleston), su hermano, es una opción más prudente para el trono. Fue criado por Odin con la misma vara de expectativas y expresa sus virtudes mejor que Thor. No obstante, la fortuna del liderazgo recae sobre el primogénito, alguien incapaz de soportar su ira cuando el día de su coronación, su gran momento, es arruinado por los Gigantes de hielo, los enemigos milenarios de los asgardianos.

Aunque nos enteramos en otra película de que el reino de Asgard existe gracias a la explotación y marginalización de colonias, Thor demuestra quién es en realidad con su primera rabieta. Este peligroso imperialista quiere invadir Jotunheim, el hogar de los Gigantes, solo para aliviar el hecho de que su vanidad fue herida, sin haber investigado siquiera por qué atacaron. Es un genocida en potencia.

El guion de Thor es un logro interesante, incluso si la película fue opacada por el éxito en taquilla de Los vengadores (Joss Whedon, 2012) y la horda de películas que le sucedieron. Esta es una historia que tenía que convencer a la audiencia de que había dioses, alienígenas y tecnología extraordinaria en el mismo universo donde Tony Stark ingeniaba un traje maravilloso, sin poderes, con solo su inteligencia. Así bien, los escritores Ashley Edward Miller, Zack Stentz y Don Payne, basados en los conceptos iniciales de J. Michael Straczynski y Mark Protosevich, tenían una tarea pesada por delante.

Primero, para hacer que Asgard fuera un mundo digerible e interesante (después de todo los personajes de la película son alienígenas con superpoderes), los escritores partieron de un concepto milenario que jamás falla: los daddy issues. Thor y Loki fueron criados por un padre que creyó que estaba enseñando virtudes a sus hijos y en realidad los estaba empujando a ser crueles en competencia mutua. Odin también se echó la soga al cuello por no revelar a Loki que era un Gigante de hielo adoptado y que, pese a sus talentos, jamás lo hubiera considerado para el trono de Asgard debido a su origen.

Tom Hiddleston en Thor. Dir. Kenneth Branagh. Marvel Studios. 2011.

Entonces, Loki es ese vínculo que convierte las escenas de Asgard en una tragedia que emula a Shakespeare. Loki creció ignorante de la verdad, pero sí consciente de sus celos hacia Thor y un deseo inmenso de poseer Asgard a como diera lugar. Su inteligencia le permite sentir qué es estar al mando y se aprovecha de la impulsividad de su hermano, permitiendo que invada Jotunheim y desate la ira de Odin, quien, como El Rey Lear, destierra a su hijo despistado y se queda con un depredador en casa.

Odin adoptó a Loki con intenciones cuestionables, una reliquia de un pueblo derrotado que podía usarse como rehén o como impulso para la paz; sin embargo, lo ama. Como su culpa es inmensa, el rey decide contarle a Loki sobre su origen y cae en un sueño perpetuo, así como Lear pierde la razón al darse cuenta de las consecuencias de su gobierno. En este momento, Loki obtiene su trono, pero no la oportunidad de ser líder, tal y como sucede con Macbeth, otro personaje Shakespeariano que ocupó un trono de forma ilegítima solo para pasar sus últimos años peleando por sostenerlo.

 

El día en que Thor conoció a Jane Foster

El desdichado Thor es exiliado a un lugar que posee un tono distinto al de Asgard: la Tierra del MCU, donde los humanos responden a las circunstancias más locas, incluyendo una invasión extraterrestre, con un humor ansioso. Thor, desprovisto de poder, camina como un mortal en un desierto, siendo grosero con cada persona que conoce. Sin embargo, sus anfitriones en la Tierra, más que burlarse de este extranjero, intentan inyectar algo de empatía en un dios que necesita humildad.

Cuando Thor fue expulsado de Asgard, su padre imprimió sus poderes en su martillo, enviando a hijo y herramienta a la Tierra. Como las fábulas del Rey Arturo, el martillo Mjolnir queda clavado en el desierto de Nuevo México y solo podrá levantarlo aquel que demuestre ser digno. Los humanos se divierten intentando levantarlo, pero SHIELD, la organización de inteligencia que conectaría todas las historias en la Fase 1 del MCU, establece un laboratorio alrededor de él. En Los vengadores (2012) y Capitán América: El soldado del invierno (2014), películas que siguen a Thor, nos enteramos de que sus intenciones no eran éticas o exploratorias: querían usar esta arma para mejorar la tecnología terrestre y justificar un gobierno totalitario, incluso más cruel que el asgardiano.

Chris Hemsworth y Natalie Portman en Thor. Dir. Kenneth Branagh. Marvel Studios. 2011.

En su exilio, Thor conoce a Jane Foster (Natalie Portman), una astrofísica perseverante que está investigando los portales a otros mundos. El romance entre ellos es obvio, predecible y ejecutado con la semántica de la comedia romántica. Cuando no se exaspera con su egoísmo, Jane suspira por la galantería ocasional de Thor (y cada vez que se quita la camisa). Jane está presente en los momentos en los que Thor demuestra lo que jamás se permitió en Asgard: vulnerabilidad.

En el primer gran momento de Hemsworth, Thor intenta levantar su martillo y fracasa, sintiendo humillación ante Jane y SHIELD. El Dios del trueno fracasa sin todavía saber qué es la humildad. El Thor de Marvel es entonces una caricatura del dios nórdico, pero es alguien que atraviesa todo un viaje de autoconocimiento. Thor se gana el respeto de la audiencia al experimentar cambios genuinos, aunque frívolos. Una deidad se convierte en un hombre que puede ser herido para así valorar el esfuerzo de individuos que consideraba prescindibles.

Si bien solo necesita un fin de semana para dejar de maltratar a las personas que lo rodean y, por alguna razón, madrugar a cocinarles, Thor empieza a respetar la vida de los demás mucho mejor que Loki, quien se comporta como un genocida más público de lo que su padre jamás fue. Su última acción como rey antes de enfrentarse con Thor es usar la tecnología bélica de Asgard para destruir un planeta ocupado por una “raza inferior”. Thor, en cambio, hace un sacrificio: destruir un arma que también funciona como medio de transporte a la Tierra, sabiendo que al hacerlo no podrá volver a ver a Jane, la catalizadora de su crecimiento emocional.

Las acciones de Thor tienen impacto en las demás cintas de la serie. Para el final de la película, esta deidad tan poderosa ya no quiere ser rey, en su lugar enfocando su interés en aliarse con los humanos. Además, otro deseo surge en el protagonista: aceptar que su hermano es una persona distinta a él.

 

La dirección y sus valores de producción

Kenneth Branagh dirigiendo Thor. Marvel Studios. 2011.

Dirigida por Kenneth Branagh, el cineasta británico destaca sus antecedentes en teatro y su conocimiento de Shakespeare, y explota el potencial de Hemsworth y Hiddleston. Hemsworth tiene una presencia física imponente sazonada con arrogancia y la posibilidad de que posea un buen corazón. Hiddleston, por su parte, desarrolla un personaje ambicioso cuyos conflictos, tanto internos como externos, configuran el primer villano memorable del MCU, robándose la película del mismísimo protagonista.

Siendo la primera aparición del mundo cósmico en el MCU, el diseño de producción diferencia puntualmente a Asgard de la Tierra con vestuarios medievales y muros metálicos bañados en oro. No obstante, la dirección de fotografía es más repetitiva que estimulante, con Branagh utilizando en exceso los ángulos inclinados, como si no existieran otros recursos visuales que tomar prestado de los cómics. Finalmente, es un crédito para Branagh el conciliar exitosamente los tonos que propone la película: la comedia, los componentes dramáticos serios y la acción.

A pesar de oscilar entre géneros y tonos, Thor es mi película favorita de la primera tanda de películas del MCU gracias a una narrativa que contiene corazón, humor y buen drama. Branagh ejecuta momentos intensos que derivan de un drama familiar bien definido. Hemsworth hace de Thor un idiota arrogante que tiene la oportunidad de ser responsable, ver más allá de la guerra y convertirse en un líder empático, escenario que nunca tiene su hermano Loki, quien termina ahogado por su propia mano.

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