The Congress: animación alucinante y desolación futurista

Escrito el 22 septiembre, 2021 @bmo985

Disponible en: MUBI.

Dirección: Ari Folman.

Guion: Ari Folman basado en la novela “Congreso de futurología” de Stanislaw Lem.

Países: Israel, Francia, Bélgica.

Elenco: Robin Wright, Harvey Keitel, Jon Hamm, Kodi Smit-McPhee, Danny Huston, Paul Giamatti.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt1821641

The Congress
The Congress. 2013. Pandora Filmproduktion.

“Debes aceptar esta oferta porque será la última que recibas”, es la advertencia que un agente (Harvey Keitel) le hace a una actriz (Robin Wright) de más de 40 años. La oferta que le hace el estudio Miramount consiste en ser escaneada y guardada en sus servidores para que la coloque en las películas que quiera. Una de las cláusulas estipula que Wright no deberá volver a la actuación en ninguna forma, pues el estudio se convertirá en el único capaz de explotar sus talentos por medio de la animación digital. Así comienza The Congress, dirigida por el israelí Ari Folman, cuya anterior cinta, Vals con Bashir (2008), ganó reconocimientos internacionales, incluyendo el César y Globo de Oro.

Poco puede preparar al espectador para lo que sigue a este segmento introductorio. A lo largo de sus tres actos, Folman hace uso de una variedad de técnicas narrativas, combinando el live-action con la animación, haciéndonos ingresar en mundos de colores inauditos.

En su primer acto, seguimos a Wright, quien interpreta una versión ficticia de sí misma: divorciada, cuarentona y madre de dos hijos que lucha por permanecer relevante en una industria que equipara la belleza y el talento con la juventud. Jeff Green (Danny Huston), ejecutivo de los estudios Miramount, le advierte que, en caso de rechazar su oferta, no volverá a trabajar de nuevo en Hollywood porque el futuro de la industria es la digitalización de las estrellas.

20 años después de acceder a su digitalización, Robin Wright es invitada al Congreso Futurista, del conglomerado Miramount-Nagasaki, para la renovación de su contrato. En este congreso, llevado a cabo en una “zona restringida de animación,” es decir, donde la realidad se vuelve en dibujos animados, Wright expresa dudas, pues la corporación le informa que el siguiente paso del entretenimiento es convertirla en un producto multisensorial: los espectadores no solo la verán en distintos tipos de contenidos, sino que podrán convertirse en ella y hasta consumirla.

The Congress
The Congress. 2013. Pandora Filmproduktion.

El pesimismo futurista de The Congress juega con la idea de la muerte creativa de Hollywood para imaginar un futuro donde el entretenimiento se vuelve un papel clave en nuestra existencia. De ser una mera distracción, se convierte en aquello que nos define (cosa que no es difícil de ver hoy en día).

Los personajes que pueblan este mundo animado han dejado de ser ellos mismos, presentándose como figuras de la cultura pop: Michael Jackson sirve las bebidas en el restaurante y Muhammad Ali baila en la pista de baile, entre otros. The Congress plantea entonces una situación similar a la de Ready Player One (Steven Spielberg, 2018), con la salvedad de que, mientras aquella postulaba el mundo cibernético como un escape de la brutal realidad de carne y hueso, aquí Folman supone que, una vez abierta la posibilidad de la transformación sinfín en un mundo virtual, el yo “real” queda atrás para nunca ser recordado.

Si bien ambos mundos juegan con la idea de la dictadura de la corporación que auspicia el mundo virtual/de fantasía, el filme de Spielberg denota un optimismo irredento: el amor triunfa y la libertad es posible. En cambio, The Congress, a pesar de su mundo colorido, deja entrever una realidad desoladora, pues bajo su capa de fantasía, no hay más que harapos y soledad.

Podríamos trazar otra línea en común con The Matrix (Lana y Lilly Wachowski, 1999), pues los humanos viven existencias paralelas, una “genuina” y otra “ilusoria.” La diferencia radica en que en The Matrix unos viven bajo el engaño, mientras que el mundo de caricatura de The Congress funciona bajo la lógica del autoengaño y el escape sin fin.

The Congress
The Congress. 2013. Pandora Filmproduktion.

Si el mundo ilusorio luciera como el de The Congress, ¿quién no querría vivir allí? Cerca de dos tercios del filme transcurren en este supuesto de dibujos animados. A medio camino, entre las Fantasías animadas de ayer y hoy producidas por Warner Bros. entre 1931 y 1969, Yellow Submarine (George Dunning, 1968) y El jardín de las delicias (c.1505) del pintor flamenco El Bosco, la animación nos toma por sorpresa en una secuencia impecablemente colorida y psicodélica en la cual, tras inhalar una substancia en la caseta de entrada al pueblo animado, el personaje de Wright transita por un paraje desértico que se transforma rápidamente en un horizonte alucinante. El trabajo de animación es para dejarnos con la boca abierta, transmitiendo la vivacidad de un mundo de belleza adictiva, capaz de contorsionarse y cumplir los caprichos de la imaginación, así como la profunda desolación subyacente en esta.

No todo es teoría cyberpunk en The Congress ni belleza visual sin propósito. Su centro emocional radica en la relación entre el personaje de Wright y su hijo, Aaron (Kodi Smith-McPhee), quien sufre de un síndrome peculiar que poco a poco le arrebata los sentidos. Cuando Wright se pierde en el mundo animado, encontrar a su hijo es su prioridad. Esta búsqueda le imprime profundidad melancólica a la cinta, sugiriendo que la consecución del sueño posmoderno de “sé quién quieras ser” conlleva no solo la pérdida del yo, sino la destrucción de todo vínculo afectivo, sea filial, maternal o romántico. Lo único que importa es la experiencia, la sensación. La secuencia final nos deja luminosamente afligidos de la misma forma en que las películas de Charlie Kauffman pueden lograrlo.

The Congress puede parecerse a muchas cosas. Sin embargo, el genio de Folman radica en haber conjugado una adaptación muy libre del libro de Stanislaw Lem – cuya obra más conocida, Solaris, ha sido adaptada por Andrei Tarkovski en 1972 y Steven Soderbergh en 2002 –, Congreso de futurología, con una historia original que aborda la crisis contemporánea de Hollywood, el creciente poder totalitario de las corporaciones – la escena que satiriza el entronizamiento del CEO como un Dios es magnífica –, la vorágine por el consumo de entretenimiento, el conflicto de ser una mujer en Hollywood y la eventual muerte de las conexiones humanas en pos de la inmediatez de la sensación.

The Congress es una experiencia que balancea hábilmente la ciencia ficción, la animación y la melancolía. Injustamente ignorada en su estreno en 2013, tal vez sea hora de que prestemos atención, si no por su mensaje, al menos por su arrojo de creatividad.

 

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