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The Bullet Train (1975): el tren bala japonés al centro del cine de acción

Escrito el 5 agosto, 2022 @betovillaescusa
The Bullet Train. Dir. Junya Sato. Toei. 1975.

El cine de género siempre está adaptándose a un mundo cambiante, aunque sea solo para buscar artilugios que den novedad y frescura a sus viejas fórmulas. En 1964, en preparación para las Olimpiadas de Tokio, Japón inauguró el Shinkansen, un servicio de ferrocarril de alta velocidad pionero en el mundo. Moviendo a millones de pasajeros a velocidades de hasta 210 kilómetros por hora (que solo han aumentado en años posteriores), el Shinkansen se convirtió en el símbolo de un país en modernización. 11 años después, en 1975, el estudio Toei, una de las grandes compañías cinematográficas de Japón, lo convirtió en la base de una película con todas las marcas de un verdadero blockbuster, incluyendo un elenco de grandes estrellas, efectos especiales y fotografía de formato panorámico, y una trama simple, pero que se prestaba a secuencias tensas y emocionantes.

Esta película, Shinkansen Daibakuha, se estrenó fuera de Japón con el nombre de  The Bullet Train, y si guarda un parecido con las películas de desastre que se hacían en ese tiempo en Hollywood, incluyendo Airport (George Seaton, 1970), The Poseidon Adventure (Ronald Neame, 1972), The Towering Inferno (Joseph Guillermin, 1974), o tal vez su paralelo más directo The Taking of Pelham 123 (Joseph Sargent, 1974), quizá se deba a que las industrias del cine alrededor del mundo pasaban por momentos similares. De acuerdo con The Oxford History of World Cinema, ante cambios en los hábitos de la audiencia, incluyendo el ascenso y penetración de la televisión, el cine en Japón y Estados Unidos respondió con un énfasis en el espectáculo.

Dirigida por Junya Sato y protagonizada por Ken Takakura, Shinichi Chiba (mejor conocido fuera de Japón como Sonny Chiba) y Ken Utsui, The Bullet Train trata del secuestro de un tren de pasajeros con un giro que se vería posteriormente en una reconocida película de Hollywood: un trío de criminales instala una bomba en el Hikari 109, camino de Tokio a la estación de Hakata (más de 1,000 kilómetros al sur) que se activa cuando supera la velocidad de 80 kilómetros por hora y se detona cuando baja de velocidad. Un concepto similar aparecería, aplicado a un autobús de pasajeros, en Speed (Jan de Bont, 1994) casi 20 años después.

Entre los 1,500 pasajeros del Hikari 109 se encuentran un criminal recién arrestado y su escolta policiaca, una mujer a punto de dar a luz, una banda de rock y el camarógrafo que los acompaña, y un hombre de negocios al que le urge bajarse a la mitad del trayecto para completar un trato multimillonario. Cada uno contribuye detalle y autenticidad a los procedimientos como figuras representativas de la sociedad japonesa del momento. Sus reacciones desesperadas agregan complicaciones a los de por sí abrumados empleados del tren.

The Bullet Train no le saca total provecho a su ambientación, pues aquello que caracteriza al Shinkansen es su alta velocidad, pero el conductor Aoki (Chiba) recibe órdenes de seguir operando a 90 kilómetros por hora, velocidad que mantiene por la mayor parte de su viaje. No obstante, la película extrae drama de otras de sus amenidades: una secuencia lo ve tratando de sortear el sistema de seguridad, programado para frenar el tren automáticamente en caso de una emergencia típica, pero no una tan excéntrica como en la que están. La tensión también se mantiene gracias a una realización técnica enérgica y nada pretenciosa: los movimientos de cámara rápidos para saltar entre sus personajes y los zooms dramáticos hacen énfasis en la acción.

The Bullet Train. Dir. Junya Sato. Toei. 1975.

Como el conductor del tren y una de las estrellas más reconocidas de Japón, se esperaría que Chiba asumiera un rol protagónico, pero se dedica más tiempo a otros personajes involucrados en la crisis, muchos desde fuera del tren. The Bullet Train es una pieza grupal, hay poco énfasis en los personajes como individuos (característica más común en las películas de Hollywood) y más en los esfuerzos colectivos de las autoridades, coordinándose en distintas partes.

En una de sus secuencias más extravagantes y creativas, un segundo tren apenas tiene minutos para subir equipo de soldadura al Hikari 109 sin que ninguno de los dos se detenga. La acción se mantiene variada al intercalar la situación dentro del tren con discusiones burocráticas que aumentan a la tensión en lugar de disiparla (uno siente cómo los diversos intereses y protocolos roban tiempo valioso a las personas en peligro) y a la policía siguiendo el rastro de los criminales, incluyendo un fallido primer intento por intercambiar el dinero del rescate que termina en una persecución automovilística.

Asimismo, una parte importante del tiempo se dedica a construir simpatía hacia la banda de criminales. Bajo su apariencia cínica, el líder Tetsuo Okita (Takakura) esconde afecto y solidaridad por sus compañeros, lo que contrasta con los políticos y técnicos que siguen y manejan la situación con frialdad y distancia. Orillados a la extorsión por necesidad y desesperación, Tetsuo y compañía también son víctimas del progreso social acelerado que hizo posible la construcción del Shinkansen en primer lugar, añadiéndole una capa de crítica social a la película. Es una moralidad gris que alcanza un clímax que se siente prototípico del que Michael Mann usaría en su obra maestra Heat, en 1995.

Con el recién estreno de Bullet Train (David Leitch, 2022), esta película de Hollywood utiliza el icónico tren bala de Japón para distinguirse en el mercado del cine de acción. Esta mirada desde afuera atrajo controversia desde su anuncio con un reparto liderado por Brad Pitt y otros actores hollywoodenses en la adaptación de una novela del autor japonés Kōtarō Isaka. Aunque las intenciones son claramente diferentes (la de 1975 está enmarcada en el cine de desastre, mientras que la de 2022 en un colorido submundo criminal), la película de Sato ofrece una mirada temprana al potencial del Shinkansen para el suspenso y la acción.

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