Tatiana Huezo (Cannes 2021): libre para transitar entre el documental y la ficción

Escrito el 20 julio, 2021 @Kenny_DiazPR

Como parte de nuestra cobertura del Festival de Cannes 2021, tuve la oportunidad de platicar con la cineasta mexicana Tatiana Huezo, quien presentó con éxito la cinta Noche de fuego (título internacional: Prayers For the Stolen) en la sección Un certain regard, recibiendo una mención especial de parte del jurado.

Huezo platicó sobre su transición del documental al universo de ficción narrativa, su mirada a la mujer mexicana, el reto de dirigir a niñas y actrices no profesionales, y sus próximos proyectos.

¿Cómo ha sido la experiencia de estar en el Festival de Cannes?

Es muy emocionante. Es un sueño estar aquí. Es una vorágine también. Todo sucede muy rápido. Demasiadas cosas que atender al mismo tiempo. Muchas películas extraordinarias. Las salas, impresionantes. El sonido. Yo hacía un año y medio que no entraba a una sala de cine. Ha sido una experiencia que se va a quedar guardada para siempre en mi corazón.

Pisar una sala de cine después de un año y medio para ver nacer esta película, proyectada con una imagen brillante y hermosa, y con un sonido espectacular es un gran orgullo. Es una gran satisfacción que esta película comience su camino en un festival tan impresionante como es el Festival de Cannes.

Mayra Batalla, Tatiana Huezo y Mayra Membreño en la photo call de Noche de fuego del Festival de Cannes 2021.

Ésta es tu primera obra narrativa de ficción. Vienes de otro territorio de enunciación fílmica: el documental. ¿Qué te lleva a dar ese salto? ¿Qué te motiva a hacer esta película?

Tenía muchas ganas de dar ese salto. Siento que en mis películas documentales vengo desde hace muchos años explorando mecanismos muy cercanos a la ficción. No suelo poner en escena muchos momentos de la realidad de la vida de los personajes documentales con los que he trabajado.

Desde mi primera película, El lugar más pequeño (2011), era muy obsesiva con la estructura dramática. Siempre trabajo una estructura dramática previa al rodaje, en donde suelo encontrar el corazón, clímax y momento irreversible en la vida de los personajes, y a partir de este corazón construir todo lo demás.

Suelo preparar mucho antes de rodar todo el mundo visual, estético y narrativo. Imaginar cuál es el color de la película, controlar las atmósferas posibles. Filmo mucho en los amaneceres y atardeceres. En fin, siento que hay una búsqueda que viene de hace mucho tiempo y que ésta era una enorme oportunidad para llevar más lejos toda esa exploración.

Esta oportunidad surgió porque Nicolás Celis me propuso hacer esta película y adaptar esta novela de Jennifer Clement, Prayers For The Stolen. Me dio primero el libro sin decirme nada. Lo leí y me enamoré del personaje principal. Me pareció muy valiosa la investigación sobre el mundo de la amapola en México. Nunca pensé que me iba a proponer adaptarla. Cuando le di mis impresiones, me propuso hacer el guion. Es mi primer guion cinematográfico de ficción. Fue todo un reto. Un proceso muy hermoso. Casi un año de escritura.

Dije que sí rápidamente. No lo pensé mucho. Tenía muchas ganas de un nuevo reto. Siento que ya había llevado muy lejos mis búsquedas en documentales. Aunque las búsquedas son infinitas. Ahorita ya estoy metida en una búsqueda nueva y es en un documental. Pero sentí que era una oportunidad enorme para explorar otros territorios.

Claro, tampoco era consciente del lío enorme en el que me estaba metiendo con este modo de producción, este aparato tan grande que es la ficción, con un equipo gigante, efectos especiales, vestuario, maquillaje. Todo el equipo de arte que generó los espacios, las texturas de las paredes, el campo de amapolas, la lluvia, el viento. Había que crearlo todo. En la ficción hay que crearlo todo. Fue un reto muy grande.

Noche de fuego es una historia de mujeres: niñas, adolescentes, adultas. ¿Cuál es tu mirada a la mujer mexicana en la pantalla? ¿Cómo construiste esos personajes femeninos?

Para mí era fundamental construir personajes femeninos reales. Huir a toda costa de los clichés. Huir de este marco tan estrecho que ha definido a los personajes femeninos de tantas películas mexicanas y latinoamericanas en las cuales a la mujer la trazan con tres pinceladas básicas, patéticas y aburridas.

Para mí era importante crear a personajes reales, complejos, contradictorios, con muchos claroscuros y que cuestionaran su mundo. No quería construir a mujeres víctimas, aunque lo sean. Quería llevarlas a un territorio más real y humano. Son niñas que cuestionan a su mundo y a sus madres. Se les va generando un pensamiento crítico en la escuela rural con los maestros que llegan ahí a sembrar esa semilla.

Así yo veo a la mujer, así veo a los personajes, así veo a mi hija. La intento educar desde un lugar más libre, digno y rebelde.

Imagen de Noche de fuego (2021).

Las actuaciones se caracterizan por un aire natural y fresco. ¿Qué me puedes contar sobre la selección de las actrices? Especialmente quienes interpretan a Ana, Paula y María. ¿Cómo fue dirigir a las niñas?

No son actrices profesionales. El casting duró casi un año. Audicionaron más de ochocientas niñas. Era todo un reto encontrar a las tres pequeñas, a los ocho años, y luego a sus clones en la adolescencia. No fue una tarea fácil. Son niñas que pertenecen al ámbito rural. Por ejemplo, Ana [Ana Cristina Ordóñez González] es hija de un campesino. La mayoría son niñas del campo.

Las preparamos. Tuvieron un taller que duró casi tres meses en el cual fue fundamental la presencia de Fátima Toledo, una coach de actuación brasileña. Ella preparó a gran parte del reparto de Ciudad de Dios (2002). Fue muy importante su sabiduría y conocimiento de todas las fibras humanas que tiene años de manejar.

Previo al rodaje, fue importante vincularlas. Se volvieron mejores amigas y hermanas. Se conocieron trabajando juntas en las peores y mejores. Se contaron sus secretos. Así que llegué al rodaje con todo este territorio ganado.

También me pareció importante que, si las seis protagonistas no iban a ser actrices, yo tenía que equilibrar con la otra parte del reparto, y conformarla por actores profesionales que se integraron a este proceso educativo y que fueron un apoyo fundamental.

Nadie conoció el guion, ni en el rodaje ni antes. No quería decirles, sobre todo a las niñas, “tu personaje es así y así y así” y delimitarlo, volverlo pequeño y empobrecerlo. Básicamente las sumergimos a partir de sus propias experiencias de vida, sus pesadillas, miedos y afectos, en el universo de la película donde está este monstruo de la violencia que no vemos, pero que está ahí presente interviniendo en la realidad de las niñas.

¿Tienes algún proyecto nuevo del que nos puedas contar?

Ya empecé a rodar mi siguiente película, un documental llamado El eco. Se ubica también en el universo de la infancia. Habla de qué se queda guardado de los padres en esta etapa de la vida. Una historia sobre niños que están aprendiendo a ser adultos. Una historia que habla sobre crecer en el mundo campesino mexicano.

Tenía muchas ganas de volver a tocar la tierra, de volver a meterme en la vida de los otros, que es de donde yo me alimento y me inspiro para poder generar mis historias.

Viene también un próximo proyecto de ficción que empieza a dibujarse. Salí muy fortalecida de hacer esta película. Me siento libre para transitar entre un género y otro, entre la ficción y el documental, sin ningún problema.

 

Esta entrevista ha sido editada y condensada para dar claridad.

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