Tania Hernández Velasco: promesas, nostalgia y nuevas narrativas en el cine mexicano

Escrito el 27 julio, 2021
Por
@AleStardustMx

La realizadora mexicana Tania Hernández Velasco estrenó el pasado fin de semana su ópera prima Titixe, un documental íntimo que nos acerca a un sector social olvidado y castigado desde hace tiempo en México. Tuvimos la oportunidad de platicar con ella sobre el proceso de filmación, sus motivaciones e ilusiones con el estreno del filme.

Tania Hernández Velasco, vía Entre Tanto Comunicación.

Después del largo camino que tuvo el documental, ¿qué significa hoy para ti Titixe?

La película ha sido la posibilidad de renombrar y redescubrir el lugar de dónde vengo, las narrativas y las imágenes que conforman mi familia y, sobre todo, la posibilidad de imaginar que no todo está perdido, especialmente el legado de mi abuelo, ancestros y ancestras que cultivaron en el campo y que dejaron estas enseñanzas. Fue rebuscar, pepenar, volver a mirar aquello que está cerca de nosotras para poder escucharlo, para poder sentirlo cerca.

¿Por qué decidiste nombrarlo Titixe?

Es una palabra que mi abuela usa. Se refiere a eso que queda después de que se levanta una cosecha. Las personas que no tienen tierra propia pueden entrar a un terreno a pepenar los restos. Mis ancestras hicieron Titixe en tierras ajenas en algún momento de nuestra historia familiar.

Cuando me aventuré a hacer esta película en complicidad con mi mamá y abuela, no tenía claro que pudiéramos lograr algo que pudiera honrar la memoria del abuelo. Yo le hice una promesa a él. Prometí que en algún momento iba a filmar su trabajo en el campo y no la pude cumplir cuando él aún vivía.

Con la pregunta de qué puedo filmar para cumplir esta promesa, y sin tener nada obvio o nada aún que quedara en una primera vista, fui haciendo Titixe en ese terreno de manera simbólica. Descubrí un montón de historias, imágenes, memorias, semillas que quedaban para contar el legado de mi abuelo. La película intenta encapsular eso, esa sensación de que no todo está perdido.

¿Existía otra idea para tu primera película antes de Titixe?

Tenía ganas de contar las narrativas de mi familia. Narrativas que a lo mejor no eran nombradas de manera épica o que fueran de interés para otre, sobre todo, pensando en cómo descubrir y nombrar lo propio como un lugar de valía, un lugar de posibilidades para articular conversaciones compartidas con otras personas, porque a veces lo que nos pasa a nivel íntimo, también resuena con otros y otras.

Yo tenía más la idea de ir en esa dirección. No tenía claridad de que fuera la historia de mi abuelo, por decirlo así, porque Titixe comienza siendo la historia de mi abuelo, pero al final es de alguna manera también la historia de mi madre, mi abuela y mía, incluso a la misma vez que se cuenta esta exploración que tiene que ver con él.

Imagen de Titixe, vía Entre Tanto Comunicación.

¿Cómo reaccionó tu familia, principalmente tú mamá y abuela, al documental? Imagino que la relación con ambas cambió a partir de Titixe, ¿así fue?

La relación con mi mamá es muy cercana. Ella es la principal aliada y el corazón de la película. En los momentos que no está delante de la cámara, está detrás, cerca de mí. Ella me ayudó a producir muchas cosas de la película y me acompañó en todo el proceso. Fue una posibilidad preciosa poder compartir tiempo con ella, especialmente tiempo que activaba reflexiones sobre su pasado. No solo conversábamos cuando la cámara estaba prendida, sino todo el tiempo.

Mi mamá vio cortes previos de la película bastante temprano. Para mí era importante que me dijera qué pensaba y si sentía cómoda. Para ella la reacción es muy vivencial, cuando ve la película se le activan todas estas memorias. De alguna manera, es volver a habitar esa tierra. Ahora es una embajadora de la película, la ha presentado sola y creo que son muy interesantes los pensamientos y emociones que comparte a una audiencia más allá de las proyecciones.

Con mi abuela es un poco distinto. También tiene una relación muy vivencial con la película. Cuando ve esta figura o este recuerdo del abuelo le reconecta con la persona que fue su compañero de vida y de alguna manera le remueve el duelo. Son relaciones distintas, pero la complicidad de mi abuela también fue esencial.

Creo que los que nos unía a las tres era que estábamos atravesando por un luto; en ese sentido, el poder acompañarnos mientras filmamos la película fue un valor precioso que nos permitió no solo tener un grado de intimidad, sino disfrutar estar juntas.

Al ver el documental, te reconectas con algo que está ahí, pero no lo recordabas o no querías recordarlo. Para ti ¿funcionó para no olvidar o para recordar?

Creo que la ciudad en sus dinámicas racistas y clasistas tiende a que busquemos homogeneizarnos. Invita a no nombrar los lugares de dónde venimos. Las narrativas con las que a veces crecemos del campo son narrativas permeadas solamente por el dolor, la carencia y el despojo. No digo que no existan, y que no sean importantes de nombrar, pero muchas veces invisibilizan la resistencia, la sabiduría, la belleza y lo vivo que están estos conocimientos en las personas de hoy.

Entonces, para mí hacer Titixe fue crear esta narrativa para mi familia porque yo no la había visto en otro lado, y un poco restituir ese lugar del que yo vengo, aprender a mirarlo y honrarlo. Hacer Titixe me permea en cómo me enuncio y cómo a partir de entonces también me identifico y pienso en mi propia historia.

Una de las cosas que hacen nostálgico al documental son sus imágenes y acercamientos a la naturaleza, así como la narración en off. ¿Planeaste que así fuera o tomaste tu cámara y dejaste que los momentos te inspiraran?

La película se construyó en el montaje. Hay un afán muy intuitivo en cómo comenzamos a grabar, tomé mi cámara y mi grabadora de sonido y me fui a grabar con mi mamá y abuela. Iba descubriendo poco a poco qué era lo que deseaba grabar. Hay muchísimo material que es parte de otras búsquedas y que grabé, pero no se articula con esta cuestión que acompaña la siembra hasta la cosecha y que tiene que ver con un viaje emocional que hicimos juntas.

En ese sentido, creo que la película comienza con un proceso intuitivo, pero después tiene una maduración prolongada. En el montaje pensamos en las mejores maneras de abordar y explorar las cuestiones que deseábamos hacer.

Imagen de Titixe, vía Entre Tanto Comunicación.

¿Tomaste la decisión de ser directora, productora, fotógrafa y editora por tratarse de una historia muy personal? O, ¿qué fue lo que te motivó a estar presente en todas las etapas de creación?

La elección de no involucrar a más equipo fue para respetar el luto e intimidad de mi mamá y abuela, también por no saber muy bien qué era lo que hacía y no poder nombrar a otres, no poder decir esta película va sobre esto y vamos a hacer aquello. Más bien intenté buscar eso a mi ritmo.

Poco a poco se fueron sumando colaboradores. La primera fue Mariana Rodríguez, quien se sumó en sonido, el cual es una parte muy importante de la película. Después llegó Eduardo Ramírez, quien es el coeditor. Su presencia permitió que la película tuviera una distancia y una experiencia más condensada que pudiera ser compartida por otres de mejor manera.

De estos roles, ¿cuál prefieres? 

Es muy curioso porque a mí me gusta nombrarme realizadora, más que directora. Creo que hay una parte de mi práctica que tiene que ver mucho con hacer y realizar. No me considero una fotógrafa muy precisa, soy más bien una fotógrafa intuitiva. Mi cámara funciona como mi cuerpo: cuando tengo dudas, ella duda, y cuando algo me enamora, mi cámara se enamora.

En ese sentido, si yo trabajo la cámara y trabajo la edición, puedo hacer una mancuerna interesante porque sé muy bien con qué objetivo moví la cámara o lo que estaba sintiendo cuando hay una toma fuera de foco, y así usarla a mi favor en montaje porque recuerdo eso que activó los movimientos de cámara.

Creo que van muy de la mano, pero la verdad disfruto muchísimo el proceso de edición. Siento que es el proceso dónde se constituyen películas como ésta, que son más de búsquedas que de certezas.

Con Titixe estás contando una historia diferente. Retratas un sector sumamente castigado, olvidado, y además le das voz. ¿Qué más crees que le hace falta al cine mexicano, ahora que tenemos más historias como la tuya?

Algo que es muy importante es la diversificación de las voces que están en posibilidades de hacer cine en México, eso es lo principal. El cine en México históricamente ha sido habitado por un sector social sumamente reducido y centralizado en la ciudad de México. Más hombres que mujeres, y con una cuestión de clase y racialización sumamente excluyente.

Hay audiencias que están buscando otras narrativas. Como cineastas tendríamos que preguntarnos cómo nos asociamos y cómo creamos más espacios, y así ayudar a que se produzcan otras miradas, acompañando o dando los medios económicos y de producción para que esas historias puedan ser contadas y se diversifique les que podemos hacer cine.

Imagen de Titixe, vía Entre Tanto Comunicación.

A pesar de haber tenido un largo recorrido por festivales y con ello haber visto la reacción del público, ¿qué emociones te provoca y cómo esperas que sea recibido Titixe ahora que estrena en salas?

La verdad es que las reacciones ante Titixe me han sorprendido desde el primer momento. Lo que yo pensaba que era una historia solamente de mi familia ha resonado en diferentes rincones, no solo de México, sino de otros lugares del mundo. Muchos nos han compartido esa reflexión y lo que significó mirarse en esta película, lo que es acercarse a las historias y vivencias de nuestros abuelos y abuelas, y resignificarlas cuando el mundo nos ha dicho que no son de valor.

En ese sentido, no sabría qué va a pasar. Creo que las películas uno las hace y no terminan su vida hasta que son vistas. Una vez que son vistas es cuando de verdad existen. La recepción de nuestra película ha sido increíble y tengo confianza de que va a exceder lo que yo pueda imaginarme o lo que pueda nombrar.

 

Esta entrevista fue editada y condensada para dar claridad.

 

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