Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones = conspiraciones y malos romances

Escrito el 26 abril, 2022 @ECinematografo
Esta es la quinta entrega del ciclo retrospectivo de la épica espacial más grande de todos los tiempos: Star Wars.
Hayden Christensen y Ewan McGregor en Star Wars: Episodio II – El Ataque de los Clones. Dir. George Lucas. Lucasfilm. 2002.

La República está enfrascada en un conflicto que puede deteriorar su estabilidad para siempre. Varios sistemas estelares están separándose de la Unión con el apoyo de los gremios comerciales y sectores separatistas. En este contexto, la Senadora Padmé Amidala (Natalie Portman) regresa a la Capital para votar sobre la creación de un ejército para asegurar la libertad de la República. Después de un atentado a su vida, Padmé debe huir a su planeta natal escoltada por su viejo amigo, el joven Jedi Anakin Skywalker (Hayden Christensen). Mientras, el maestro Jedi Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) se encarga de investigar el atentado a la senadora.

Episodio II tiene más fuerza que su predecesora al darle a Obi-Wan toda una conspiración que revelar. El Caballero Jedi sigue la pista de los criminales y lo hace sin el apoyo completo de sus colegas, maestros arrogantes que no ven más allá de sus propias narices y que no quieren revelar ante la opinión pública que su uso de la Fuerza, la energía que rodea la vida en la galaxia, está decayendo; admitirlo implicaría perder su estatus social en el orden de la República.

Al viajar a Kamino, un planeta desconocido para la República y el Consejo Jedi, Kenobi encuentra que allí se está creando, de forma conveniente, un ejército para defender la República de un conflicto que todavía no existe. Cuando el choque con los Separatistas se escala, el Senado se ve obligado a ceder poderes de emergencia al Canciller Palpatine (Ian McDiarmid) para que utilice este ejército en pro de la defensa de la República, así iniciando la Guerra de los clones.

Con Episodio II, George Lucas referencia la geopolítica contemporánea para mostrar los inicios de una dictadura capaz de manufacturar amenazas para justificar conflictos armados destructivos. Pasó en la Segunda Guerra Mundial, la Guerra contra el Terror, el reciente conflicto ruso-ucraniano y Star Wars. A pesar de que el Canciller Palpatine promete regresar el poder que se le confió una vez termine el conflicto, su ascenso al poder conllevará terribles consecuencias para la República.

Hayden Christensen y Natalie Portman en Star Wars: Episodio II – El Ataque de los Clones. Dir. George Lucas. Lucasfilm. 2002.

No obstante, el tono misterioso y estimulante tan especial que pudo tener El Ataque de los clones es descoordinado cuando el thriller político se intercala abruptamente con una historia de amor esencial para la saga que deja mucho que desear en términos de ejecución. La Senadora Amidala, perseguida por asesinos intergalácticos, vuelve a su hogar junto con Anakin, pero Lucas olvida toda amenaza establecida hacia Padmé, enfrentándonos a los preciosos e inofensivos paisajes de Naboo. Si bien esta parte de la narrativa tiene uno de los temas musicales más bellos jamás creados por John Williams y un memorable vestuario portado por Natalie Portman, muchas de las escenas románticas no tienen peso y se destacan por el diálogo más ridículo jamás mostrado en esta franquicia.

En vez de colocar a esta pareja en riesgo y en situaciones que hiciesen de su relación algo creíble, se vociferan estupideces entre sí, mientras Obi-Wan y el drama del Senado cargan con toda la tensión de la película. Cabe destacar que existen momentos contados en los que Anakin y Padmé discuten sobre temas como la falta de apego del Consejo Jedi y la naturaleza de la democracia, tópicos que pudieron haber enriquecido el resto de sus conversaciones de haber sido tratados con mayor profundidad. Como dato curioso, una de estas interacciones fue improvisada por los actores porque no estaban satisfechos con las líneas que Lucas había escrito.

A pesar de la pobre dirección que Lucas ejerce sobre la actuación de su personaje más importante, Anakin Skywalker, la narrativa que estructura alrededor de él tiene poder. Anakin, para molestia de muchos fanáticos, es un muchacho terco, quejumbroso y arrogante que no respeta la autoridad de su maestro y actúa impulsivamente antes que pensar con serenidad. Aunque no tiene el temple de sus superiores, sí cuestiona sus costumbres tan arcaicas, tradiciones tan ambiguas como no poder entregarse al amor de otra persona o juzgar con severidad el hecho de sentir ansiedad por el futuro.

Los Jedi, incluyendo Obi-Wan, hablan de tranquilidad y dejar ir, pero jamás enseñan a Anakin como ser fuerte y tener paz con su duelo. Cuando el joven se enfrenta a la muerte de su madre, el mayor golpe de su vida, cae en un dolor inmenso, se deja llevar por la violencia que lleva consigo, asegura que jamás se sentirá impotente de nuevo y se obsesiona con el hecho de ganar los poderes suficientes para no perder jamás a quiénes ama. Las mejores escenas de la película provienen de la ira que trastorna completamente el carácter de Anakin, lo cual culmina en una acción impulsiva que tiene graves desenlaces y que hacen preludio de la tragedia del siguiente episodio.

Hayden Christensen, Samuel L. Jackson, Natalie Portman y Ewan McGregor en Star Wars: Episodio II – El Ataque de los Clones. Dir. George Lucas. Lucasfilm. 2002.

Molestias en el guion aparte, la imaginación y ambición de George Lucas se encuentran desencadenadas en Episodio II. Los nuevos planetas Geonosis y Kamino demuestran una creatividad en cuanto a su arquitectura y criaturas. Desde la elegancia de Kamino a las salvajes catedrales y arenas de gladiador de Geonosis, el diseño de producción es espectacular. La composición precisa de estos espacios es asignada casi completamente a los animadores de efectos especiales, quienes hacen una inmensa labor. No obstante, la severa dependencia a estos trucos visuales hace que pierdan algo de su encanto cuando un actor ocupa estos espacios, pues dan la impresión de que los actores son estampas en fondos de pantalla encantadores. Finalmente, cabe destacar el apasionante diseño de sonido, cortesía del veterano Ben Burtt, quien siempre encontró la manera de crear texturas sonoras propias para el mundo de Star Wars.

Incluso con estos percances, la acción de esta película es estelar y emocionante para cualquier fan, especialmente cuando el pequeño maestro Yoda (Frank Oz) muestra sus talentos con el sable de luz, o cuando decenas de maestros Jedi se ponen en modo combate en la arena de Geonosis.

Star Wars: Episodio II – El Ataque de los clones tiene elementos que la hacen mejor en comparación con su predecesora, lo que la hace una celebración del poder de la imaginación de George Lucas y su entregada construcción al universo de Star Wars. No obstante, es una muestra clara de las limitaciones que tiene su creador para expresar sus ideas. Por lo menos, Lucas alcanza a preparar a Anakin Skywalker, su héroe, en el camino que lo llevará a decisiones irreversibles.

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