Spider-Man (2002): Un asunto sobre responsabilidad

Escrito el 18 noviembre, 2021 @ECinematografo
(Spoilers de Spider-Man de Sam Raimi)
En ocasión del estreno de Spider-Man: No Way Home en Palomita de Maíz preparamos una retrospectiva de esta franquicia, empezando por la trilogía de Sam Raimi hasta las últimas apariciones en el MCU.
Spider-Man
Spider-Man, Dir. Sam Raimi, 2002. Columbia Pictures.

Las adaptaciones al cine de Blade y los X-Men reanudaron el interés del público en el cine basado en cómics de superhéroes después de décadas de fracasos rotundos como Superman III (Richard Lester, 1983), Superman IV: The Quest for Peace (Sidney J. Furie, 1987) y Batman & Robin (Joel Schumacher, 1997). Con respecto a Spider-Man, el personaje más popular de Marvel Comics, su traslado al cine tampoco fue asunto sencillo. Después de su debut en los cómics de Marvel en 1962, varios estudios rechazaron guiones y cancelaron innumerables proyectos. Solo hasta 2002, Sony Pictures estrenó una producción que recaudaría más de 800 millones de dólares con un presupuesto de 100 millones.

Sam Raimi, director de Spider-Man, no solo cumplió con las exigencias comerciales propias de la popularidad del personaje, sino que realizó una cinta que posee un corazón inmenso y una inocencia que conmueve como ninguna película del género lo ha vuelto a hacer. Esta ambición emocional puede resumirse en la frase insignia de la película: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Spider-Man tiene a Tobey Maguire como Peter Parker, un nerd largaruto y torpe, destinado a cargar con un peso inmensurable. Este es un protagonista masculino difícil de encontrar en otras piezas comerciales. Peter es inseguro, incapaz de dirigirle una palabra a la chica que le gusta, y es displicente con Ben (Cliff Robertson) y May (Rosemary Harris), los tíos que le criaron. Aun así, el chico se gana nuestra empatía cuando adquiere poderes extraordinarios y tiene que decidir qué hacer con ellos.

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Tobey Maguire en Spider-Man, Dir. Sam Raimi, 2002. Columbia Pictures.

La primera película de la trilogía de Raimi jamás es ridícula o plana, incluso si pasa por caricaturesca. Su premisa gira alrededor de un héroe que no es un símbolo absoluto del bien, o por lo menos uno no muy puro. En el momento que aprende a trepar las paredes y generar telarañas que le permiten deslizarse entre los rascacielos, su primer instinto es usar sus poderes para participar en una pelea, comprar un carro e impresionar a Mary Jane Watson (Kirsten Dunst), el amor de su vida.

Sus intenciones no son honestas y su tío intenta mediar estos sentimientos tan apasionados. Aunque Ben ignora los cambios que están sucediendo en el cuerpo de su sobrino, está seguro sobre su honestidad e intelecto. Él quiere que Peter se convierta en un hombre justo y bueno, consciente de su privilegio y sus capacidades. Por eso le explica que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Peter también es impulsivo y vengativo. Pierde el dinero que ganó luchando y permite que roben al tipo que no quiso pagarle. Entonces llega el Karma, el ladrón asesina a su tío, creando una pulsión en el joven Parker: hacer justicia al pedido de su tío y ser el hombre que la ciudad de Nueva York necesita. Aunque Ben solo le recordó a su sobrino los valores que debería tener un buen hombre, Peter se obsesiona con su nuevo deber de luchar contra ladrones y malosos, sacrificando su vida personal en el proceso. Parker se ve fragmentado en dos: en el vigilante y en un joven que intenta trabajar, sobrevivir y amar al mismo tiempo. Una tarea imposible.

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Tobey Maguire y Willem Dafoe en Spider-Man, Dir. Sam Raimi, 2002. Columbia Pictures.

El antagonista de esta entrega, Norman Osborn (Willem Dafoe), es un villano extravagante que también enfrenta los límites de su responsabilidad. Osborn es alguien que construyó una fortuna desde cero y que está dispuesto a suprimir cualquier recuerdo de su humildad pasada para obtener mayor estatus social y económico.

Él también termina dividido en dos: su fachada cotidiana y el malvado Duende verde. A diferencia de Peter, Osborn utiliza su identidad alternativa para justificar todos los atajos que no es capaz de atravesar el mismo. El Duende roba y asesina, mientras su parte más dócil solo expresa confusión al respecto. En una confrontación, el Duende invita a Spider-Man a someter a aquellos más débiles a su voluntad y encuentra que no toda persona que posee poder es tan miserable y cruel como él.

La relación entre Peter y Norman es interesante. Mientras que Parker no lo idolatra, Norman ve en él al hijo que siempre quiso tener. Norman considera el sufrimiento de Peter como una narrativa de emprendimiento y empuja a su propio hijo, Harry (James Franco), a sentirse menos. Harry, el mejor amigo de Peter, intenta competir con él en varias esferas, incluyendo la romántica. El joven Osborn se relaciona con Mary Jane solo para sentirse como un calcetín sin par porque ella está más enamorada de tanto Peter como Spider-Man.

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Tobey Maguire y Kirsten Dunst en Spider-Man, Dir. Sam Raimi, 2002. Columbia Pictures.

Por su parte, Mary Jane Watson, la chica de al lado y la vecina inalcanzable, es el motor de todos los eventos de Spider-Man, por lo que es una lástima que el guion recurra a colocarla en situaciones de peligro extremo antes que desarrollarla como el ser multidimensional que es. Aun siendo el objeto de interés romántico de Peter, Mary Jane lidia con la responsabilidad de respetarse a sí misma. Su padre abusa verbalmente de ella, recurre a relaciones sentimentales donde la maltratan repetidamente, y trabaja como mesera mientras cumple su sueño de ser actriz.

Su relación con Peter es complicada. La química de Dunst y Maguire florece en interacciones que son tan inspiradoras como hirientes. Parker teme que, el estar juntos, la coloque en una posición de vulnerabilidad extrema. Conforme a esto, Raimi manufactura un final desgarrador: MJ le confirma a Peter su amor y, aunque él siente lo mismo, la responsabilidad de ser Spider-Man supera cualquier prospecto de una relación amorosa entre ambos.

Aun siendo un estudio trágico sobre responsabilidad, Spider-Man es una travesía visual emocionante. Raimi rechaza una relación de aspecto panorámica y se queda con una pantalla más alta que permite que sus encuadres parezcan sacados de historietas. Estas viñetas tienen a Spider-Man saltando entre los edificios de Nueva York y desafiando toda gravedad. 20 años después de su estreno, algunas de sus secuencias pueden parecer incómodamente graciosas; sin embargo, la maravilla de su presentación jamás decepciona.

Hoy, la primera película de la trilogía de Spider-Man es criticada por dejarse llevar por su cursilería. Igual el tiempo no parece dar la razón a sus detractores. La primera aventura de Maguire como Peter Parker no es un asunto colorido; es la historia de un hombre que sacrifica su vida y sus relaciones personales para ser responsable de la seguridad de otros. Nadie le solicitó tal cosa y, después de esta cinta, Peter solo puede aislarse cuando cree que las consecuencias de sus actos son peligrosas para quienes ama.

 

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