Skyfall: el pasado, presente y futuro del agente 007

Escrito el 7 septiembre, 2021 @la_loulu
Como preparación para el estreno de No Time to Die, estaremos visitando películas de 007.
Skyfall
Daniel Craig en Skyfall. 2012. MGM y Columbia Pictures

En la tercera cinta de Daniel Craig interpretando al agente secreto 007, este continúa en la senda de mostrar a un James Bond vulnerable y reflexivo, algo que ya había funcionado en Casino Royale y Quantum of Solance. En Skyfall las apuestas suben al ubicar a un hombre haciendo balance de sus heridas del pasado y que parece encontrarse al borde del retiro o la extinción.

Skyfall, estrenada a finales de 2012, es también una de las películas de Bond “de cambios” y reajustes. Aquí vemos nuevos ingresos en el elenco y una renovación de algunas caras, algo inevitable en una saga que lleva décadas en pantalla. Para empezar, están Miss Moneypenny (Naomie Harris) y Q (Ben Whishaw), quienes tienen sus primeras participaciones en la era de Craig. Interesante es también la introducción de Ralph Fiennes como Gareth Mallory, quien toma un nuevo rol al finalizar la cinta.

Por su forma y fondo, Skyfall es, sobre todo, un enfrentamiento entre el pasado y el futuro. En grandes monumentos al pasado, eventos neurálgicos de la cinta nos ubican en la sede del MI6, la propiedad en la que creció Bond (y que comparte el nombre de la película) y el clásico Aston Martin DB5. También vemos la conmemoración de uno de los vínculos más duraderos y casi familiares de Bond dentro de la pantalla: su relación con M (Judi Dench).

Luego de siete películas interpretando al personaje, y siendo clave para la transición del Bond de Brosnan al de Craig, el talento y prestigio de Dench es aprovechado en Skyfall. Una figura de autoridad incuestionable sobre la que Bond parece responder mediante una lealtad ciega, y que más de una vez se ha visto comprometida por las acciones del espía, M no es la madre faltante de Bond. Ella, representante del mundo de claroscuros que Bond defiende, más bien sabe que su lugar en este nuevo mundo se va haciendo más pequeño, pero no piensa irse sin luchar.

Skyfall
Judy Dench en Skyfall. 2012. MGM y Columbia Pictures

En esta película también se explora uno de los grandes tópicos que parecen rodear cada entrega de las películas de Bond, sobre todo las posteriores al fin de la Guerra Fría: el hecho de encontrar al espía y sus métodos desfasados del mundo moderno, tanto físicamente como por su visión idealista, guiada por un patriotismo romantizado y una inacabable sed de lucha contra el enemigo “externo”.

Una notable secuencia de Skyfall tiene al personaje de Dench respondiendo ante un comité – de alguna forma dirigiéndose al espectador –, sin cinismo ni amargura, sobre los cuestionamientos a su misión, la razón de ser del MI6 y la relevancia de un aparato celebratorio de figuras como las de Bond en el mundo actual. M utiliza elocuentemente una cita del poema Ulysses de Alfred Lord Tennyson para hablarle a todos aquellos que se preguntan cómo es que personajes así pueden seguir adelante y mantener su relevancia: Un temperamento único de corazones heroicos / debilitado por el tiempo y el destino, pero fuerte en voluntad / para esforzarse, buscar, encontrar y no ceder.

Es la aparición del villano de turno, Silva (Javier Bardem, una vez más decidido a usar su cabello como arma), lo que evidencia las grietas del sistema vetusto que Bond venera en la figura de M, la cual, además de estar llena de mentiras y manipulaciones, se siente cada vez más obsoleta en el mundo actual. Esta historia revela que aquel sistema puede llegar a ser cruel y despiadado, no únicamente con sus enemigos, sino también con sus discípulos.

Es así como nos vemos en medio de un mundo de mentiras y recuerdos, reproches y trampas nostálgicas. Un mundo se derrumba mientras Bond enfrenta a uno de sus adversarios más interesantes y malignos.

Skyfall
Daniel Craig y Javier Bardem en Skyfall. 2012. MGM y Columbia Pictures

La introducción de Silva y su posterior cara a cara con James Bond nos lleva a uno de los momentos centrales de Skyfall. Silva, quien se precia de ser un espía con mejores credenciales que Bond y que exhibe un lazo casi edípico con M, intenta “romper” a Bond, primero emocionalmente y después físicamente (como todo buen espía). Luego ocurre una situación curiosa: Silva ataca su masculinidad, una de las insignias del personaje que hace 30 o 40 años hubiera sido impensable ridiculizar. Este enfrentamiento deja a Bond como el hombre de mundo que siempre hemos querido ver, y no como un monumento a la masculinidad tóxica que ciertamente muchos han abrazado como ideal.

Lo que hace a Skyfall tan disfrutable dentro de la saga de Bond son detalles como estos, los que ponen a prueba a una institución cinematográfica como lo es el agente 007. Sin intentar ridiculizar o revisar su pasado con cinismo, la cinta tiene la habilidad de traer al personaje a una discusión moderna y amplia.

Es difícil rendir homenaje al pasado sin caer en el exceso de la nostalgia o los intentos de aplicar un cinismo innecesario en nombre de la modernidad, pero en Skyfall, Mendes balancea el respeto y amor por la saga con la medida exacta de revisión moderna. La mantiene interesante y fresca de cara al futuro.

Las virtudes innegables de Skyfall le han dado un lugar destacado dentro de una saga que ya ha superado la prueba del tiempo en sí misma. Esta cinta de Mendes se ha convertido en un capítulo imprescindible dentro de la historia de James Bond.

 

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