Secretos de Estado: una mirada digerible al caos legal de la guerra en Irak

Escrito el 14 diciembre, 2019 @alessandra_kr

En dónde la puedes ver: cines.

Director: Gavin Hood

Elenco: Keira Knightley, Matt Smith, Matthew Goode, Ralph Fiennes, Rhys Ifans, Indira Varma, Conleth Hill, Adam Bakri, Tamsin Greig, MyAnna Buring, Monica Dolan.

País: Reino Unido, Estados Unidos

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt5431890/

En los últimos meses, se han estrenado distintos proyectos con una visión crítica y dura sobre la política internacional de Estados Unidos, específicamente sobre las leyes de derecho internacional que se rompieron a partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Este cambio en discurso contrasta radicalmente con las propuestas vistas en años anteriores, cargadas de patriotismo y sentimentalismo estadounidense – Zero Dark Thirty, The Hurt Locker, American Snipper, 24.

Actualmente, películas como Vice o The Report, o series como The Looming Tower, plantean preguntas incómodas y reflexionan críticamente sobre los errores, las omisiones y las múltiples violaciones a la ley que se presentaron por los líderes de la época. En esta ocasión, Secretos de Estado dirige la atención a Reino Unido, y la complicidad que el gobierno inglés, liderado por Tony Blair, tuvo con Estados Unidos en la guerra de Irak iniciada en 2003.

No obstante, a pesar de que la película tiene críticas – y cuestionamientos legalmente acertados – en contra de la guerra, ésta se sitúa en segundo plano. Más bien nos enfocamos en Katherine Gun (Keira Knightley), traductora inglesa gubernamental que se volvió famosa después de filtrar un memo enviado por autoridades estadounidenses solicitando el apoyo de la inteligencia inglesa para espiar a miembros del Consejo de Seguridad de la ONU – específicamente para plantar micrófonos en las oficinas de Bulgaria, Angola, Camerún, Chile, Guinea y Pakistán – y así tener información sensible sobre ellos y usarla en caso de que fuera necesario.

La película se desarrolla de manera amigable y sencilla al seguir a Katherine y su vida familiar: casada con un refugiado turco, dueña de una pequeña cafetería junto con su esposo, y consciente de las exigencias morales de su trabajo, pero lo suficientemente cómoda y segura en su vida como para no sentirse amenazada por esto. A pesar de esto – o a lo mejor como consecuencia de esto – ella es una de las pocas personas en el ambiente que se desenvuelve que está lo suficientemente indignada con el discurso político de Blair y Bush.

Por esto, en el momento en el que se le presenta el dilema ético de aceptar las solicitudes gubernamentales o hacer algo al respecto sobre esta violación al derecho internacional, no lo piensa dos veces – incluyendo las implicaciones que esto tendría para el estatus migratorio de su esposo, o los efectos secundarios en su trabajo – y hace algo al respecto.

En este sentido se aprecia y admira la determinación de Gun, quien tiene claros sus ideales y valores. Esta película hace un esfuerzo por enfocarse en gente buena, demostrando que en muchas ocasiones los pequeños esfuerzos de una cadena compuesta por personas comprometidas pueden crear cambios.

Además de Knightley, la película cuenta con un elenco de primera. Matt Smith, Matthew Goode, Rhys Ifans y Ralph Fiennes proporcionan suficiente pasión e involucramiento como para mantener el interés y entender las frustraciones por tal situación. En especial destacan Matt Smith como el reportero Martin Bright, encargado de investigar la veracidad del memo y publicar la noticia; así como Ralph Fiennes como el abogado de derechos humanos que defiende a Gun, Ben Emmerson.

La película le pertenece a Knightley, quien se muestra apasionada y comprometida con su papel. En ningún momento vuelve a Katherine en una mártir o víctima. Más bien la presenta como una persona normal y corriente que tuvo que lidiar con algo delicado. Prácticamente cualquiera de nosotros podría estar en esa posición, reaccionando tal y como Knightley lo hace: momentos de indignación gritando al televisor, angustia al aprender qué es lo que se le pide que haga, miedo al tomar la fatídica decisión, impaciencia mientras se presentan los resultados, y ansiedad y miedo total al lidiar con las consecuencias de tan inesperada e improvisada decisión.

A pesar de que el enfoque principal es el arduo camino que atraviesa Katherine Gun, desde que filtra el memo hasta que se resuelve su asunto en los tribunales ingleses, lo más interesante es la evolución de la guerra y los argumentos legales que se hicieron al respecto, los cuales fueron fundamentales para la defensa de Gun. La película trae un tema complejo y desagradable a través de una historia entendible y empático. La historia de Gun se vuelve nuestra herramienta de entendimiento y comprensión de una guerra ilegal.

Al igual que las películas previamente mencionadas, esta cinta funciona como la denuncia pública de estos hechos. El derecho internacional nos ha dejado insatisfechos ante la falta de castigos en contra de los responsables de esta guerra ilegal, demostrando los grandes vacíos legales que existen en el escenario internacional anárquico. Ante estas circunstancias frustrantes, nos queda el arte y la libertad de expresión. Por lo menos, a través de estos medios, estas historias pueden salir a la luz para ser estudiadas, analizadas y reflexionadas por el público, para que por lo menos funcionen como lección histórica.

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