Santa y sus diferentes adaptaciones

Escrito el 11 octubre, 2021 @riza_hkbg

Con cuatro adaptaciones cinematográficas y una televisiva, la novela Santa, escrita por Federico Gamboa en 1903, es tal vez una de las más adaptadas a las pantallas mexicanas. En esta se cuenta la historia de Santa, una joven que llega a trabajar al burdel de doña Elvira, una mujer ambiciosa, que trata a las chicas como productos para obtener dinero de manera fácil, razón por la que la protagonista y otras chicas son sometidas a exámenes rigurosos.

En este lugar la protagonista goza de gran popularidad, lo que acarrea el odio de sus compañeras y la preferencia de Elvira. Santa se encuentra con diferentes personajes, incluyendo al Jarameño, un torero que ofrece sacarla de ese tipo de vida, e Hipólito, un pianista ciego que se enamora de ella y que siempre está acompañado de su lazarillo, Genarillo, a quien pide constantemente que la describa.

En esta historia, una mujer pierde su virtud y pasa por una serie de desgracias, cada una peor que la anterior, hasta que encuentra su trágico final. El nombre de “Santa” es casi como una broma creada por el autor al poner siempre en el foco de atención la contradicción entre el significado y las acciones de la protagonista.

La primera adaptación fue realizada en 1918, una película silente dirigida y guionizada por Luis G. Peredo, en la que el despliegue técnico dejó deslumbrados a los críticos de la época. En esta versión, la novela de Gamboa se ve trasladada a la pantalla casi sin ningún cambio en la estructura y narrativa.

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Santa. Dir. Luis G. Peredo. 1918.

La actuación protagónica de Elena Sánchez Valenzuela muestra las diferentes fases del personaje, desde su inocencia en sus primeros años, su reinado como la favorita en el burdel y su eventual caída en la desgracia, todo esto haciendo uso de sus expresiones faciales variadas. Sin duda, esta es una película que, a pesar de tener más de un siglo, sigue ofreciendo momentos entretenidos que permiten observar el arduo camino del cine mexicano.

Santa (1932) dirigida por Antonio Moreno y protagonizada por Lupita Tovar, se convirtió en un parteaguas en la industria del cine mexicano al ser su primera película sonora. Haciendo gala de las técnicas novedosas de la época, Moreno se interna aún más en la historia, mostrando en cámara detalles importantes de la protagonista, incluyendo aquel incidente que la orilló a la prostitución o su relación con Hipólito.

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Santa. Dir. Antonio Moreno. 1932.

La actuación de Tovar reluce con cada escena y los actores de reparto hacen un trabajo excepcional. Esta versión está llena de iconicidad, no solo por su valor histórico, sino por su valor en sí misma como obra cinematográfica.

En 1943 llegó a las pantallas la tercera adaptación de la obra a cargo de Norman Foster y Alberto Gómez de la Vega con Esther Fernández como protagonista. Esta versión intenta emular el éxito de las anteriores. De nueva cuenta, la historia permanece casi sin cambios, siendo tal vez el más sustancial llevado a cabo por las actuaciones protagonistas.

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Santa. Dirs. Norman Foster y Alberto Gómez de la Vega. 1943.

La Santa de Fernández es más alegre y vivaz en contraposición con las anteriores que denotaban dureza, mientras que José Cibrián como Hipólito – en dupla con su lazarillo – forman una pareja que, haciendo gala de diferentes modismos mexicanos, se vuelven lo más memorable de esta versión.

La versión homónima de 1969, dirigida por Emilio Gómez Muriel y protagonizada por Julissa, nuevamente sigue la historia original sin ningún cambio sustancial, siendo lo realmente destacable los avances técnicos. Esta Santa fue la primera adaptación colorizada en la que el maquillaje y vestuario relucen como propios de la época de los 60, dejando a un lado los estilos de épocas pasadas con colores vibrantes. Esta versión es un ejercicio estético interesante.

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Santa. Dir. Emilio Gómez Muriel. 1969.

La última versión de la novela de Gamboa se quedó en las pantallas televisivas en una adaptación a telenovela producida por Televisa en 1978, bajo la dirección de Miguel Sabido y protagonizada por Tina Romero. Una versión de la que apenas existen notas e imágenes que den fe de su existencia.

En el siglo pasado la novela de Gamboa causó tal fascinación que sus adaptaciones apenas estaban separadas por el tiempo. Como espectadores del presente queda la pregunta, ¿en dónde radicaba el interés por esta historia? Definitivamente tiene cierto carácter moralizante, pues la literatura como el cine son medios que transmiten ideologías y mensajes que no distan de lo didáctico.

Solo el tiempo dirá si el interés de los espectadores puede ser renovado en el futuro o ha quedado enterrado en las décadas e ideologías del pasado. Como ejercicio resulta fascinante observar la evolución del cine a través de la adaptación de una sola historia.

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