Rojo, de Kiéslowski: El color de la fraternidad

Escrito el 5 abril, 2021 @ECinematografo

Las dos primeras películas de la Trilogía de los Colores, dirigidas por Krzysztof Kiéslowski, parecen creaciones cínicas y parodias del lema de la Revolución Francesa. Azul trata sobre el distanciamiento emocional como una afirmación de la libertad propia, mientras que Blanco señala la equidad de género como una meta llena de ironía. Rojo, la cinta que culmina esta serie, empieza repitiendo la incredulidad de sus predecesoras, introduciendo personas ignorantes de su conexión con otros para abordar el tercer ideal de la Revolución: la fraternidad.

Continuando con la tradición de sus predecesoras, Rojo se enfoca en transformar la identidad del color titular, el cual aparece en los hogares de personas solitarias y en sus efectos personales. Aquellos marcados por el rojo tienen interacciones pobres con las personas que anhelan, estando separados de ellas por paredes, ventanas o distancias extremas. Por lo tanto, el rojo corresponde a su necesidad de sentir el apoyo de alguien más.

Valentine Dussaut (Iréne Jacob) es una estudiante y modelo solitaria cuyo rostro ocupa un inmenso aviso publicitario con fondo rojo que dice “En cualquier circunstancia… el frescor de vivir”. Esta frase no aplica completamente para ella: su hermano es drogadicto, teme alejarse de su familia al mudarse al extranjero y es parte de una relación a distancia con un hombre que la disminuye cada vez que conversan al teléfono.

Valentine demuestra su sentido de responsabilidad cuando rescata a una perrita luego de atropellarla accidentalmente. Al encontrar al dueño del animal, la joven se da cuenta de que este juez retirado es indiferente ante el regreso de su mascota. Joseph Kern (Jean-Louis Trintignant), el juez, es un personaje que trae de nuevo los temas tratados en Azul, específicamente, el acto de reafirmar la libertad individual evitando relacionarse con los demás. Así como en aquella película, el juez huyó del contacto físico humano para encontrarse, irónicamente, entrelazado con otros de forma incidental. En su soledad, Kern intercepta descaradamente las llamadas telefónicas de sus vecinos y confirma que el estigma alrededor de sus secretos impide la vida en comunidad.

Cuando Valentine le confronta, ella renuncia a toda agresividad y le expresa que “solo siente compasión por él”. Curioso por las decisiones de su adversario, el juez cuestiona la existencia de una verdadera moral, llegando a preguntar a Valentine si sus acciones son muestras genuinas de altruismo, o un recurso para enaltecer la opinión que tiene de sí misma.  De todas maneras, Valentine sigue expresando su empatía hacia él, logrando una apertura con sus inseguridades y su pasado.

Aquí, Kiéslowski demuestra que esta amistad es genuina al rodear a ambos personajes de rojo durante su última conversación, probando que existe fraternidad entre ellos. A través de esta relación, Rojo termina en una nota nostálgica, con el juez sonriendo ante la idea de volver a ver a su amiga y darle un regalo.

Auguste Bruner (Jean-Pierre Lorit) es el tercer personaje de la historia y el empalme con Blanco, segunda pieza de la trilogía que explora la equidad de género desde la venganza. Bruner es un estudiante de derecho enamorado y rodeado del color rojo. Después de enterarse que su novia está saliendo con otro sujeto, su amor se convierte en celos y hostilidad, incluso llegando a maltratar a su mascota. Esto tiene continuidad con la actitud del novio ausente de Valentine, quien la manipula emocionalmente e inventa discusiones solo para ganarlas.

Si bien no vemos la redención de Auguste, las posibilidades de su destino son claras cuando comparte una experiencia traumática con Valentine y personajes de las entregas anteriores de la Trilogía de los Colores. Después de este terrible suceso, que todos sean posicionados en el mismo sitio muestra que, aunque tuvieron finales desconcertantes, sobreviven gracias a la compañía de otros.

Una escena recurrente de la Trilogía es una anciana intentando reciclar una botella, sin ser ayudada por ninguno de los personajes. En Rojo, este ciclo es terminado por Valentine, quien finalmente asiste a la mujer. Esta protagonista también quiebra el nihilismo de las otras películas al encontrar consuelo en una amistad improbable e inspirar a otra persona a sentir empatía pese a su propio sufrimiento. De este modo, la Trilogía de los Colores cierra con una cinta que espera que la amistad y la comunidad sean suficientes para quebrar el abandono propio.

 

Three Colours: Red está disponible en MUBI.

 

 

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