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Rise of the Planet of the Apes: las posibilidades del intelecto

Escrito el 1 mayo, 2024 @ECinematografo
Este artículo contiene spoilers de Rise of the Planet of the Apes.
Rise of the Planet of the Apes. Dir. Rupert Wyatt. 2011. 20th Century Studios.

Rise of the Planet of the Apes, la séptima entrega de una franquicia longeva, marcó el inicio de una de las trilogías de ciencia ficción más sólidas de la década de 2010. Dirigida por Rupert Wyatt, es más modesta que sus sucesoras, pero encanta gracias a su emotividad y la introducción de temas que tendrían continuidad en las demás películas. Esta primera entrega no inicia en una sociedad distópica, sino en un mundo cercano al nuestro, donde la supremacía de los humanos sobre la naturaleza está al borde del colapso, llevando al surgimiento de una comunidad de simios encabezada por Caesar (Andy Serkis), un chimpancé con una inteligencia avanzada.

Rise reinició la franquicia con Caesar cubriendo un arquetipo de personaje similar al de Moisés en la tradición judeocristiana. Este simio y experimento científico, al ser criado con “privilegios” como techo, comida, ropa y educación, está destinado a liberar a sus congéneres de la opresión humana. Caesar aprende a comunicarse y dominar su entorno; no obstante, esta inteligencia solo le confirma que no es humano, que cualquier derecho a la libre determinación no aplica para él, y que Will (James Franco), el humano que se autodetermina como su padre, no actúa en su mejor interés.

Amanda Silver y Rick Jaffa, escritores y productores que reanimaron esta franquicia luego de 10 años de somnolencia, señalan que los seres humanos justificamos nuestra autoridad biológica según las capacidades de nuestro intelecto, pero ¿consideraríamos como humana a otra especie de equipararse a nosotros en este aspecto y además conscientes de su sufrimiento y su deseo de libertad? En la película, la arrogancia humana y su tecnología culmina con la creación de una raza de simios que no es la misma que los humanos han expulsado de sus tierraso secuestrado para probar fármacos. Rise, al especular sobre animales capaces de equipararnos en inteligencia y voluntad, nos reta a considerar si modificaríamos nuestros privilegios para vivir en equidad con ellos.

A diferencia de Moisés, Caesar no trabaja en colaboración con Dios. Al contrario, se rebela para rechazar la tiranía del hombre que lo dotó con raciocinio. Will, por su parte, sigue el arquetipo del Doctor Frankestein. Es un hombre brillante, interesado en curar el Alzheimer, que no mide las consecuencias de sus experimentos. Will está obsesionado con que su invención cure una decena de enfermedades degenerativas, como si quisiera demostrar que su especie es capaz de vencer procesos tan naturales como el envejecimiento y la discapacidad. La relación con su “hijo” es trágica, pues sabe que no podrá brindarle la libertad que tiene un ser humano, por lo que lo mantiene a su lado en una posición equivalente a la de una mascota. La mayor ironía aquí es que Will no logra elevar las capacidades de su propia especie. El medicamento con el que experimenta posibilita el mejoramiento de los simios y condena a los seres humanos a la extinción.

Silver y Jaffa se inspiraron en un breve auge de adopción de animales exóticos por parte de personas que pensaban que siempre podrían controlar a sus mascotas. Después de leer sobre simios que terminaban encerrados por culpa de amos negligentes, los guionistas separan a Caesar de Will, esperando que la prisión revele las contradicciones de esta relación entre padre e hijo (o dueño y mascota). En cautiverio, el simio entiende que su padre es más su amo y se solidariza con la condición de otros primates presos que fueron usados como experimentos o como espectáculos de circo para luego ser abandonados. En este contexto nace la voluntad revolucionaria de Caesar.

Rise of the Planet of the Apes. Dir. Rupert Wyatt. 2011. 20th Century Studios.

En esta parte, el director Rupert Wyatt y su equipo de diseño de producción construyen detalles que constituyen la ideología con la que Caesar entra en disputa. La prisión está llena de murales y árboles sintéticos que venden la idea de que los simios están en un entorno ideal pese a que están hacinados, sin acceso al aire libre o una alimentación digna. Caesar compara esto con el privilegio que tuvo de visitar bosques en los que podía moverse en libertad. Este simio supone que los demás presos podrían ambicionar un hábitat natural tanto como él y su liderazgo se enfoca en desarrollar el intelecto de sus compañeros antes de empujarlos hacia  un nuevo futuro. Para conveniencia de la historia, Caesar reconoce los efectos de la droga creada por Will y, como un Prometeo primate, se asegura de que sus amigos sean tratados con esta.

El director y los guionistas hacen otro argumento respecto a las respectivas intenciones de equidad que buscan tanto los simios como los seres humanos, sobre todo a través del uso de tecnología. Will creó la medicina perfecta, pero la utiliza de forma egoísta con los miembros de su familia, mientras que deja la patente disponible para la explotación de una empresa privada. En cambio, Caesar distribuye la droga de forma equitativa entre sus compañeros simios sin ganar nada a cambio más que la certeza de que todos vivirán bajo las mismas condiciones.

Andy Serkis, el actor cuyo rostro y movimiento son proyectados en Caesar a través de imágenes realizadas por computadora, capta convincentemente la evolución del personaje. Caesar inicia demostrando la ingenuidad de un niño que es defraudado por su padre y luego la tenacidad de un revolucionario presto a llevar equidad a los suyos. Un momento destacado es cuando Caesar pronuncia un rotundo “NO”, su primera palabra, que resuena en la cárcel que comparte con otros simios, demostrando su determinación y rechazo a la crueldad contra su especie, y finalmente, culminando en un satisfactorio escape a través de las calles de San Francisco.

En los minutos finales de Rise of the Planet of the Apes, Caesar se reencuentra con Will. Su reconciliación es breve y parece que terminará con padre e hijo partiendo por caminos separados. Sin embargo, la historia apenas inicia. Wyatt, Silver y Jaffa nos contaron una pieza de ciencia-ficción especulativa en la que una especie gana un nivel de cognición equiparable al del ser humano, así como su vulnerabilidad. En la siguiente película Caesar será cegado por una falacia: que sus congéneres simios son diferentes a los seres humanos y que la crueldad que abunda en el corazón de esta especie en decadencia es incapaz de corromper a la nueva sociedad que él ha fundado.

 

El camino de Caesar continúa en Dawn of the Planet of the Apes.

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