Richard Jewell: El ciudadano Eastwood

Escrito el 22 julio, 2021 @ECinematografo

Dentro de la filmografía más reciente del director Clint Eastwood es posible detectar su obsesión por realizar películas biográficas y tomar notables licencias dramáticas. Obras como J. Edgar (2011), American Sniper (2014) y Sully (2016) son capaces de doblar cualquier certeza histórica para expresar devoción al individualismo y patriotismo de sus controversiales sujetos de estudio.

Richard Jewell (2019), también dirigida por Eastwood, trata sobre una figura estadounidense distinta a las presentadas previamente. Jewell no es un líder maquiavélico del FBI, un francotirador inmaculado o un piloto diestro. Es un hombre común con sueños y defectos que es obligado a librar una guerra sucia con el Estado y los medios de comunicación.

Paul Walter Hauser interpreta al personaje titular, un vigilante que aspira a ser policía. En su introducción, Eastwood y el guionista Billy Ray nos convencen de la amabilidad de Richard, así como de su disciplina y devoción por los uniformados (y las armas). Su perseverancia enternece a Watson Bryant (Sam Rockwell), un abogado que invita a Richard a cumplir sus metas siempre y cuando no abuse de su autoridad. Su madre, Bobi (Kathy Bates, la única nominación al Óscar de la cinta), aprueba las aspiraciones de su hijo, más no sus aficiones bélicas.

Esta historia basada en un evento real inicia durante los Juegos Olímpicos de 1996 celebrados en Atlanta, Georgia. Allí, Jewell salta a la notoriedad nacional al descubrir una bomba que, si bien estalló asesinando a dos personas e hiriendo a cien, tuvo menores consecuencias gracias a él. Al mismo tiempo que los medios elogian su valentía, Richard es acusado por el FBI como el sospechoso más probable del atentado debido a su apariencia física, pasado y afición por la fuerza pública, pero sin ninguna prueba de peso de que estuviera en la escena del crimen.

Jewell vs las autoridades

Richard Jewell estudia con tenacidad la relación del público con la autoridad y el drama de una familia cuya reputación es atacada desde varios frentes. En el primer acto de la cinta, vemos a Richard abusar de su poder como vigilante de una universidad, colocando multas por motivos mundanos o allanando las habitaciones de los estudiantes. Aunque queda desempleado por esto, su karma evoluciona en un chisme desfasado que parece justificar las acciones criminales del gobierno hacia él. Pese a esto, Richard prefiere tratar las figuras de autoridad con devoción, siendo su sumisión el motor del suspenso generado por Eastwood y Ray.

La visión del director es bienvenida al parecer ser más sobria y medida que otras de sus películas, particularmente la manipuladora American Sniper. Richard Jewell se desenvuelve con una estructura sencilla y un ritmo que crece en contadas ocasiones para valorar la perspectiva de su protagonista, como en la secuencia en que Richard encuentra la bomba mientras enfrenta un episodio de gastroenteritis. Aún con un grave estrés físico, este hombre organiza el conocimiento que ha acumulado para actuar en consecuencia de su vocación.

El filme también destaca en la interpretación de Paul Walter Hauser. Por ejemplo, cuando su hogar es invadido por el FBI y su madre es humillada por procedimientos judiciales innecesarios, Richard se pone manso con los agentes, y Hauser muestra sumisión y servilismo con las personas que quieren destruirlo. Este momento resulta aún más triste con Richard colaborando en la creación de una prueba contra sí mismo.

 

Jewell vs la prensa

Richard Jewell evidencia la manera en que la pasión de un hombre por servir es destrozada por autoridades que prefieren aparentar resultados, aunque esto implique dañar a quienes deberían proteger. Esto se refleja con los otros antagonistas de la cinta: los medios de comunicación. Es en este punto que la expresión artística y personal de Eastwood resulta ser compleja y contradictoria, y tan concisa como sensacionalista.

El republicano Eastwood es enemigo de la corrección política, la cual la considera característica de una generación “besa-culos”. Aquí tiene una forma muy particular de defender a Jewell de los medios informativos sin escrúpulos.

Eastwood señala a la prensa como un monstruo capaz de crear un huracán mediático a partir de noticias y declaraciones sin confirmar, antes de conocer al sujeto que están señalando. Aun cuando Jewell tiene una apariencia particular, abusa de su autoridad y posee armas, su nombre DEBIÓ ser protegido antes de lanzarlo al precipicio de la infamia pública.

La pelea de Eastwood es bien intencionada inicialmente. Su filme exige rigor en la investigación periodística, que se protejan a los sujetos y sus familias, y que se cuenten historias libres del afán de la notoriedad. No obstante, las sensibilidades de Eastwood y su guionista caen cuando ellos mismos se convierten en sensacionalistas.

 

Warner Bros vs. una periodista

Justo cuando la película parece dar una lección sobre prejuicios, Kathy Scruggs (Olivia Wilde), la responsable de la crucifixión pública de Jewell, es presentada como una periodista que utiliza los estereotipos para filtrar la noticia de que Jewell es el sospechoso principal del FBI del atentado en los Juegos Olímpicos. Esto representa una tendencia en la filmografía de Eastwood (presente en American Sniper y Sully): exagerar el antagonismo de un sujeto para aumentar el drama y convertir la película en una clásica batalla entre el bien y el mal.

En una escena, Scruggs se ofrece a tener relaciones sexuales con un agente del FBI para obtener la historia de Jewell. Asimismo, su personalidad competitiva y voluntad imparable la hacen ser despreciada por sus colegas mujeres en el periódico. Luego del estreno de Richard Jewell, el Atlanta Journal-Constitution (AJC), el medio donde trabajó Scruggs antes de su fallecimiento, reportó que compañeros de trabajo cercanos a la reportera calificaron su representación en la película como explotadora.

De acuerdo con el artículo del AJC, los compañeros de Scruggs la recuerdan por su “lenguaje salado, faldas cortas y excentricidades ocasionales, características lejanas de la sugerencia de que se recargaba en citas secretas para hacer su trabajo.” Cabe destacar que Tom Shaw, el agente del FBI interpretado por Jon Hamm, es un personaje compuesto con un nombre inventado. Esa oportunidad no se le brinda a Scruggs, cuyo nombre es expuesto en la dramatización.

Enfrentando la acusación de estigmatizar a una mujer fallecida, Warner Bros negó alguna responsabilidad, argumentando que la película está “basada en un material amplio y creíble”, además de que “se declaró en los créditos que las escenas y los diálogos se crearon con finalidades dramáticas.” Los productores argumentaron que era irónico que el periódico que se apresuró a juzgar a Richard Jewell estuviese listo a calumniar a los cineastas.

Esta polémica es fascinante ya que algunas decisiones creativas trascendieron la narrativa para demostrar la manera en que una película sobre las consecuencias del amarillismo abusa de esta herramienta. Si bien es sabido que Kathy Scruggs y el AJC expusieron a Richard Jewell ante la opinión pública, al revelar su nombre siendo tan solo un sospechoso, ¿es justo atacar la reputación e integridad profesional de una mujer cuando no puede defender su representación y es usada para reproducir estereotipos negativos sobre mujeres periodistas?

 

Richard Jewell es un claro reflejo de las virtudes de Clint Eastwood, así como sus indulgencias. La cinta es un drama competente que explora lo que significa decepcionarse de las autoridades, y el costo emocional y físico de ser señalado como culpable ante la opinión pública cuando se es inocente. No obstante, Eastwood y su guionista decidieron agregar una complejidad cuestionable a sus antagonistas, presentando los peores estereotipos en una periodista que no puede defenderse ante los precipitados señalamientos de los cineastas.

 

Richard Jewell está disponible en HBO Max.

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