Una vida oculta: una reflexión emotiva y poética sobre el amor y el legado

Escrito el 19 marzo, 2020

En dónde la puedes ver: cines

Director: Terrence Malick

Elenco: August Diehl, Valerie Pachner, Marie Simon, Matthias Schoenaerts, Bruno Ganz, Michael Nyqvist, Ulrich Matthes, Maria Simon, Tobias Moretti, Franz Rogowski.

País: Estados Unidos, Alemania

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt5827916/

¿Estaríamos dispuestos a arriesgar todo por la protección de nuestros ideales? ¿Iríamos a contracorriente sabiendo que nuestras pequeñas acciones se perderán en el anonimato? Estas simples, pero poderosas preguntas están presentemente en nuestra mente durante la experiencia de ver Una vida oculta.

La nueva película de Terrence Malick presenta interrogantes pesadas y agobiantes, las cuales son manejadas de manera sabia y humilde por nuestro protagonista, Franz Jägerstätter (August Diehl), un pastor austriaco que, como muchos, es llamado a la guerra para representar a Adolf Hitler a través de su invasión de Europa a finales de los 1930s.

Malick, como ya nos tiene acostumbrados, presenta una etérea historia cimentada en la ambigüedad y la abstracción muy al estilo de sus películas pasadas, aunque en esta ocasión, la cinta resulta la más coherente y lineal que esfuerzos previos. Contrario a lo que sucede en proyectos como The Tree of Life (2011), Knight of Cups (2015) o Song to Song (2017), aquí nunca se pierde la pista de lo que pasa en pantalla.

Una vida oculta narra la historia real, pero desconocida hasta la década de los 70s, de Franz Jägerstätter y su esposa Fani (Valerie Pachner) en el pueblito austriaco celestial de St. Radegund. Los esposos, compartiendo un lazo de amor impenetrable que será vital a lo largo de la cinta, se dedican a labores del campo y a pasar el tiempo libre explorando las montañas austriacas en compañía de su familia, la cual incluye tres hijas, la hermana de Fani y la mamá de Franz.

Esta existencia paradisiaca llega a su fin cuando la Segunda Guerra Mundial explota y Franz es llamado a la guerra. No obstante, desde un inicio se rehúsa a ser parte del ejército del Tercer Reich cuando descubre que el primer paso es firmar un juramento de fidelidad hacia Hitler. De tal forma, a lo largo de casi tres horas veremos el camino que tanto Franz como Fani recorren para proteger sus ideales, incluyendo el envío a una prisión y un consiguiente juicio para él, y un aislamiento y abuso social para ella.

A pesar de que éste es uno de sus proyectos más digeribles y entendibles – anclado en grabaciones históricas de la época – el estilo de Malick es evidente en todo momento. Poco diálogo, tomas aéreas y una historia abstracta son constantes en la película. Más allá de narrar una historia, Malick se centra en estados de ánimo y emociones. Aprendemos más de los personajes por las miradas que intercambian, el tacto que comparten y la interacción con sus alrededores. No obstante, el guion discreto nos ofrece reflexiones como “Si Dios nos da el libre albedrío, somos responsables por lo que hacemos con él o lo que fracasamos en hacer” o “Mejor sufrir injusticia a hacerla”.

La forma de hacer cine de Malick es una experiencia única que nos conecta a la abstracción de la película. Acompañado de una inolvidable banda sonora de James Newton Howard, así como de estupendas tomas de ensueño de las montañas austriacas a manos del muy capaz Jörg Widmer – el Chivo Lubezki en esta ocasión no estuvo presente – Malick nos adentra en la vida hermosa y pacífica de la familia, lo cual hace más desgarrador el momento en que todo colapsa. Aun así, a través de la vida interna de Franz somos constantes visitantes al paraíso que llama hogar.

La vida espiritual de Franz se recarga mucho en su relación con Dios – rasgo habitual en el trabajo de Malick – y en el lazo emocional que existe entre él y Fani. En cuanto a la religión, la perspectiva que presenta Malick es aceptable, pues cuestiona a los líderes religiosos y las decisiones que tomaron en este momento oscuro del mundo. Más que predicar, la película reflexiona y cuestiona. Uno de los rasgos más admirables de Franz es que es un simple hombre que distingue el bien del mal, sin agenda adicional y actúa conforme a esto.

Aun así, lo más emotivo de la película es el lazo que existe entre Franz y Fani. El real cimiento de la película, este romance es uno de los más cautivadores e ideales que he visto en pantalla. Ambos sacan fuerza del uno del otro para seguir adelante y batallar con las terribles adversidades a las que se enfrentan. Ya sean miradas, besos, juegos inocentes o bailes, August Diehl y Valerie Pachner nos enamoran con su enamoramiento mutuo.

Al respecto, la película cuenta con un excelente elenco internacional. August Diehl demuestra el increíble rango que tiene, de pasar de nazi en Inglorious Basterds a objector de consciencia en esta cinta. Diehl cautiva a la cámara y simplemente no se puede dejar de ver. Asimismo, estrellas como Valerie Pachner, Matthias Schoenaerts, Bruno Ganz y Michael Nyqvist ofrecen su presencia imponente para acompañar a nuestro protagonista. Franz Rogowski aparece brevemente para recordarnos que va camino a conquistar al mundo.

A pesar de su trascendencia, la película no es perfecta. Su estructura y duración provocan una breve sensación de desesperación e impaciencia. Asimismo, las intensas ediciones por parte de Malick provocan confusión en algunas secuencias que evidentemente dejaron fuera partes importantes de la historia. Además, el uso constante del inglés quita una capa de realismo a la cinta, y más cuando el alemán es usado constantemente. ¿Por qué los esposos hablarían inglés entre ellos? La alternancia de idiomas provoca confusión y enajenación. No obstante, estos detalles en ningún momento demeritan la cinta.

Una vida oculta dedica un mensaje semi esperanzador a través de un enfoque emotivo y delicado a personas como Franz, Fani y los cientos de objectores de consciencia que se enfrentaron al Goliat de Hitler y el Tercer Reich. No obstante, la película también es dura de ver y soportar – en los últimos 30 minutos me volví una máquina de llanto sin fin – pues ante esta dura batalla la protección de nuestros ideales se vuelve un martirio que posiblemente se mantenga en el anonimato.

Esta historia, a pesar de retratar uno de los momentos más oscuros de la humanidad de más de 75 años resulta actual y real para nuestro mundo de hoy. Por esto, se agradece que Malick traiga a la pantalla grande una historia tan conmovedora e inspiradora como ésta, acompañada de una sensible y poética narración con imágenes y sonidos inolvidables.

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