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Un varón: la masculinidad como abismo

Escrito el 6 diciembre, 2023 @ECinematografo

Director: Fabián Hernández.

Guion: Fabián Hernández.

Elenco: Felipe Ramírez Espitia.

Países: Colombia, Francia, Holanda y Alemania.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt19711858/

Un varón. Dir. Fabián Hernández. Cinema Tropical. 2023.

Desafortunadamente, la vulnerabilidad no es considerada un atributo masculino. En América Latina, los niños crecen con la convicción de que mostrar emociones es signo de debilidad. Se les inculca la idea de que deben responder a la violencia con más violencia y que cualquier desviación de estas normas se asocia con actitudes femeninas u homosexuales. En Un varón, de Fabián Hernández, se explora el tormento que experimenta Carlos (Felipe Ramírez Espitia), un joven que lucha por convencer a los demás de su hombría y valor en un entorno donde estos códigos de masculinidad dominan implacablemente.

Un varón se desarrolla en el centro de Bogotá, con Carlos dividiendo su tiempo entre el albergue que llama hogar, los recados que realiza para una pandilla local y la compañía de su hermana. Tanto en el refugio como en las calles, Carlos se ve obligado a construir y exagerar la identidad que presenta a los demás. A través de su vestimenta, peinado y lenguaje, busca compensar su percepción de frágil e ingenuo. Hernández inicia la historia en el momento en que todas las expectativas sociales que recaen sobre Carlos amenazan con desvanecer su imagen pública y su propio espíritu.

La ópera prima de Hernández explora la violencia como discurso de una hegemonía masculina y violenta. Exteriores, como las calles del centro de Bogotá, parecen estar ocupados por seres amenazadores para Carlos, no solo por el hecho de que están armados, sino también por el desafío que plantean para su fachada de masculinidad. Cuando el protagonista es acorralado por sus adversarios, la cámara se cierra también sobre él, trasmitiendo su sensación de abandono ante el peligro.

Hernández hace énfasis en cómo la apariencia sutilmente andrógina de su personaje funciona en su contra. Su cuerpo es clasificado como enclenque y comparado con cuerpos que expresan una masculinidad definida. Del mismo modo, se condena a Carlos como incapaz de recurrir a una agresividad que le permitiría defenderse a sí mismo, incluso si esto implica asesinar o perder su vida.

La actuación de Felipe Ramírez Espitia es sobresaliente. La dirección de Hernández evidencia cuidado con la interpretación del actor, permitiéndonos atestiguar su pena durante sus momentos más privados y su determinación cuando otras figuras masculinas lo presionan para limitar sus alternativas y actuar con violencia. Espitia transmite la lucha interna de Carlos, capturando la tensión entre estas expectativas impuestas y sus deseos individuales, como ver a su familia reunida de nuevo. Hernández reserva la sonrisa de Carlos para un momento puntual en el que una fiesta le permite distraer la atención que tanto coloca sobre sí mismo, bailando y cantando con otros jóvenes.

A través del protagonista, se destaca una perspectiva queer que desafía las normas heteronormativas como estándares válidos, destilando su incongruencia. La presión que enfrenta Carlos transformar su corporalidad y demostrar su experiencia sexual ilustra cómo estas normas de masculinidad degradantes pueden ejercer presión sobre individuos cuya apariencia desafía las expectativas tradicionales de género y orientación sexual. Aunque la orientación sexual de Carlos no se confirma más allá de su expresión de género, él siente que su dignidad está vinculada con ser aceptado como “un varón” en toda la extensión de la palabra. Esta representación resulta en un cuestionamiento trágico, ya que Carlos opta por no desafiar estas convenciones sociales, esforzándose por pertenecer a esta sociedad, incluso si reconoce que su madre y su hermana también son víctimas del machismo de las personas a las que él admira.

Un varón se presenta como un poderoso testimonio que desentraña las construcciones tóxicas de la masculinidad, donde el cariño es reemplazado por soberbia y crueldad. La película expone la agonía de aquellos que luchan por ajustarse a las expectativas tradicionales de género, resistiéndose a ser auténticos por temor al rechazo. Hernández revela las consecuencias de conformarse con convenciones sociales que perpetúan la discriminación y la opresión, sin que su protagonista encuentre consuelo en un ejemplo a seguir.

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