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Un lugar en silencio: Día uno – cuando el apocalipsis no es el fin del mundo

Escrito el 9 julio, 2024 @BadLuckCharls

Dirección: Michael Sarnoski.

Guion: Michael Sarnoski, historia por John Krasinski y Michael Sarnoski, basado en personajes creados por Bryan Woods & Scott Beck.

Elenco: Lupita Nyong’o, Joseph Quinn, Alex Wolff, Djimon Hounsou, Schnitzel y Nico.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt13433802

Un lugar en silencio: día uno. Dir. Michael Sarnoski. Paramout Pictures. 2024.

No hay nada más definitivo que el apocalipsis. En Un lugar en silencio (John Krasinski, 2018) y Un lugar en silencio parte II (Krasinski, 2021), el fin del mundo es presentado como el final de la familia nuclear. No obstante, los alienígenas que han erradicado a la sociedad son pruebas para fortalecer y atacar estas conexiones. En ambos filmes no hay un derrumbe social porque las estructuras posteriores a la invasión sobreviven.

Un lugar en silencio: Día uno presenta el comienzo del apocalipsis, el momento en el que la vida comienza a desmoronarse, un tiempo en el que lo impredecible rige la vida y el caos se apodera del control que las personas tenían sobre esta. Samira (Lupita Nyong’o) ya estaba en el final de su existencia, no por la invasión de monstruos atraídos por el sonido, sino porque tiene cáncer terminal. Los alienígenas son solo un agregado.

En esta precuela, Michael Sarnoski, director de Pig (2021), agrega vitalidad a la franquicia de terror que, debido a una miopía creativa en su entrega anterior, mostraba señales de caer en la irrelevancia. Fuera están los intentos de Krasinski de replicar la plantilla de Steven Spielberg (película de género + historia centrada en la familia o comunidades similares + elementos de terror/aventura para todas las audiencias) en las primeras dos entregas y Sarnoski enmarca en pantalla una atmósfera claustrofóbica y terrorífica que reconstruye un nuevo sentido de misticismo sobre los invasores de la Tierra.

Durante un prólogo extendido se presenta la vida de Sam en un mundo anterior al ataque alienígena, en una residencia para pacientes con cáncer en la que el sonido es parte importante de su esencia. Objetos, movimientos, acciones y voces que expresan sentimientos se suprimen ante la invasión de los monstruos de una manera que recuerda a la manera en que Sound of Metal (Darius Marder, 2020) hace uso del sonido. Esta similitud se mantiene en el transcurso del filme. De esta forma, las criaturas conocidas como “Death Angels” se presentan como una fuerza temible, pues son seres que reprimen toda expresión humana, como caminar, llorar y gritar.

Sarnoski y Pat Scola, director de fotografía, capturan a estas criaturas como depredadores rodeados de sombras y escombros, ocultos en su mayor parte para preservar un aura de misterio y peligro durante los 99 minutos de duración del filme. A pesar de ser la tercera película, seis años desde que se revelara la forma y naturaleza de las criaturas, Día uno los recaptura de maneras más amenazadoras a través de excelentes secuencias de terror.

Si bien la dirección y los visuales son esenciales para la distinción de Día uno, la película resulta tan atractiva gracias al guion y a sus actores. La historia de Sam y su gato Frodo (Schnitzel y Nico) cruza caminos con Eric (Joseph Quinn), un estudiante de derecho cuyo fin del mundo es el apocalipsis. Lo que en un principio podría sentirse como una historia trillada en la cual los personajes crean una conexión instantánea que los lleva a cambiar sus perspectivas en la vida, Día uno toma una iniciativa más realista.

La llegada de los Death Angels pone a prueba lo que quieren de la vida, una decidida a regresar a una pizzería en Harlem, el otro deambulando las calles de Nueva York procesando lo que le fue arrebatado. Nyong’o y Quinn construyen una relación gracias a una química natural que sale a la luz en cada una de sus escenas. A pesar de no conocerse, se preocupan por la seguridad del otro, actuando abnegadamente y protegiéndose mutuamente.

Mucho en Un lugar en silencio: Día uno recuerda a la pandemia. Desde los visuales que hacen énfasis en el aislamiento dentro del nuevo orden del mundo y la claustrofobia que hay en congregaciones de personas, hasta la opresión impuesta sobre la expresión humana. Las multitudes son peligrosas y las prácticas diarias son reemplazadas. Lo único que los protagonistas buscan es confort en espacios y actividades que desaparecieron en el apocalipsis.

Los ataques de pánico de Eric y los medicamentos de Sam se vuelven símbolos recurrentes en el filme y reflejos de reacciones humanas ante los confinamientos pandémicos del 2020. La pérdida de personas a diestra y siniestra también forma parte de esta dicotomía entre la diégesis y las tragedias sucedidas a inicios de la década. Esta precuela refleja la penumbra y la fragilidad de uno en medio de eventos catastróficos, pero el guion de Sarnoski mantiene un sentimiento de esperanza.

Sin necesidad de reconstruir comunidades similares a las que existían antes de la invasión, Día uno encuentra momentos de expresión en esta nueva normalidad, ya sea el refugio en la lluvia, la belleza del silencio, la paz y alegría ante pequeños actos, y gestos entre dos personas. Eric y Sam crean una comunidad en donde se sienten seguros para expresar sentimientos que nunca dijeron anteriormente.

Un lugar en silencio: Día uno es un gran ejemplo de la influencia autoral en el blockbuster hollywoodense moderno. Sarnoski inyecta a esta franquicia de vitalidad, dándole una génesis que abre el panorama de la serie de una manera que la entrega previa no pudo. Gracias a los aportes del nuevo director y sus protagonistas, Día uno prueba cómo a veces una precuela puede ser el amanecer de un nuevo día para una historia que parecía gastada. Para Sam, Eric y el filme, el apocalipsis no es final, sino la oportunidad de vivir de nuevo.

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