No Man of God (Tribeca 2021): “Las personas normales matan personas”

Escrito el 14 junio, 2021 @Kenny_DiazPR

Dirección: Amber Sealey.

Guion: Kitt Lesser.

Elenco: Elijah Wood, Luke Kirby, Robert Patrick, Aleksa Palladino, Christian Clemenson.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt13507778/

El cine y la televisión estadounidenses persisten en su afán de llevar las historias reales de asesinos seriales a la pantalla. Próximamente, veremos a Elisabeth Moss interpretando a Candy Montgomery en una miniserie de Hulu (tentativamente llamada Candy), mientras que Evan Peters interpretará a Jeffrey Dahmer en Monster: The Jeffrey Dahmer Story, miniserie que prepara Ryan Murphy para Netflix.

Theodore Robert Bundy, mejor conocido como Ted Bundy, uno de los más penosamente afamados asesinos seriales de la historia de Estados Unidos, no es ajeno a nuestras pantallas. Tan reciente como en 2019 vimos su historia en Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile. En esta ocasión, y desde la sección Spotlight Narratives del Festival de Tribeca 2021, llega No Man of God, cinta que recrea las entrevistas entre el analista del FBI, Bill Hagmaier (Elijah Wood), y Bundy (Luke Kirby).

La película arranca en 1985 en la sede del FBI en Quantico, Virginia. Un pequeño grupo de analistas se reparten entre risas los primeros casos criminales en ser atendidos bajo el nuevo programa de perfilación criminal (“profiling”), el cual busca entender la psicología de criminales seriales violentos. Inspirada en transcripciones, grabaciones y recolecciones del FBI y Bill Hagmaier, con un guion de Kitt Lesser y bajo la dirección de Amber Sealey, No Man of God presenta una faceta poco conocida del tiempo de Bundy en prisión.

Sealey crea expectativa en los primeros minutos de la película, en la antesala al primer encuentro entre Hagmaier y Bundy. ¿Será este un juego del gato y el ratón? Y es que Ted Bundy era una persona astuta, educada formalmente con un grado en psicología, y conocedor de leyes que retó hasta el último momento a la Justicia. “Él quiere que yo sepa que lo hizo. Él está orgulloso. Orgulloso de lo que ha hecho, pero aún más orgulloso de que no podemos probarlo,” dice Hagmaier.

Hagmaier y Bundy comienzan a analizar otros casos de asesinos seriales mientras graban sus conversaciones. De vez en cuando, Bundy le hace detener la grabación para indagar en otros asuntos, hasta llevarlo a confrontar su propio pasado, como la difícil relación con su padre. También sucede a la inversa, hasta el punto en que Bundy le dice a Hagmaier que no puede continuar con las reuniones: “Te estás metiendo dentro de mi cabeza.”

El momento más tenso es quizá cuando Bundy lo confronta con la inversión de roles, llevándolo a imaginar la posibilidad de ver pasar a una mujer y desearla oscura y vilmente. Estaríamos aquí ante lo reprimido y la atracción por lo siniestro como concepto freudiano. Las reuniones también tienen sus momentos de simpatía, es por lo que el supervisor inmediato de Hagmaier le advierte que no se acerque demasiado.

La recreación de las entrevistas (que suceden en varios años) está bien lograda a nivel de diálogos y actuaciones. Kirby especialmente ofrece una actuación notable, empleando una serie de gestos y posturas sin caer en la caricaturización del personaje y manejando un amplio rango de emociones. Su Bundy es cínico, claro está. Pero la película, como estudio de personaje, le da otras dimensiones de las que Kirby sabe tomar partido. Estamos ante un hombre que defiende su dignidad, cansado de que lo consideren loco (“las personas normales matan personas”, dice en algún momento), y afirmando que los federales no son mejores que él.

Sin embargo, el manejo de la cámara es deficiente. Mientras acompañamos a los personajes en el cuarto en el que tienen lugar las entrevistas, Hagmaier y Bundy son enfocados desde diferentes direcciones. La cámara da vueltas y vueltas con un efecto vahído que el guion no requiere. Lo mismo se puede decir de las múltiples imágenes desordenadas de transición, casi siempre de mujeres en entornos y actividades cotidianas, con una música estridente. Es decir, la propuesta visual y sonora no es cónsona con la propuesta narrativa, creando un desbalance entre las partes de la película.

En la segunda mitad se produce una transición abrupta y poco convincente. El enfoque ya no es la relación atípica que forjan Hagmaier y Bundy, sino en los últimos días de vida del criminal (ahora sentenciado a la pena de muerte), los tecnicismos del caso y las presiones de la política estatal. Sealey y Lesser pierden el camino con un dramatismo excesivo y efectista. Lo que sí que queda claro es que confesión no equivale a arrepentimiento.

No Man of God no siempre es una experiencia satisfactoria, pero sí lo suficientemente interesante como para valer el visionado.

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