Palomita de maíz

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Tren bala: alta velocidad a ningún lugar

Escrito el 4 agosto, 2022 @bmo985

Disponible en: cines.

Dirección: David Leitch.

Guion: Zak Olkewicz basado en la obra de Kotaro Isaka.

País: Estados Unidos.

Elenco: Brad Pitt, Aaron Taylor-Johnson, Bryan Tyree Henry, Joey King, Bad Bunny.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt12593682/

Tren bala. Dir. David Leitch. Sony Pictures. 2022.

Un hombre con mala suerte, un par de gemelos, una jovencita inocente, un padre que busca venganza y el heredero de un imperio criminal se reúnen en el tren bala que se dirige a Kyoto, cada uno ignorante de las intenciones de los demás. Durante el trayecto, lucharán entre sí por cumplir sus respectivas misiones, distintas, pero con un elemento en común: un maletín metálico. Esta trama la hemos visto antes, o al menos una parecida, por lo que sabemos que no debemos buscar en Tren bala un renovado paradigma del cine de acción. En realidad, lo que ofrece la nueva película de David Leitch, director de Deadpool 2, es algo mucho más cercano a lo que la fórmula Marvel nos ha acostumbrado: algo de acción y enredos, una colección de personajes que se pretenden memorables interpretados por caras reconocidas y humor en la forma de sarcasmo.

Catarina o Ladybug (Brad Pitt), un ladrón que cree que el azar obra en su contra, es contratado por un anónimo para robar un maletín de contenido misterioso a bordo del susodicho tren. Allí mismo se topará con Limón (Bryan Tyree Henry) y Mandarina (Aaron Taylor-Johnson), gemelos cuyos inofensivos nombres clave ocultan a una pareja de eficientísimos asesinos que tienen el encargo de liberar al hijo (Logan Lerman) de un pandillero de su secuestro y depositarlo al final de la línea en Kyoto. Estos tres hampones no son los únicos a bordo con una misión parecida. Es decir, hay un misterio central que se resolverá hacia el final de la película, atando los cabos sueltos y proporcionando un motor de suspenso a la trama, pues cada vez se refuerza la pregunta, “¿cuál es el sentido de todo esto?”

En realidad, la revelación es tan simple y tratada con tan poco cuidado que es por mucho el elemento más flojo de este flojísimo ejercicio de cine de acción. Leitch se tomó a pecho la encomienda de realizar una película en la misma vena de Deadpool 2, es decir, el tipo de humor más acción de Marvel, más unas cuantas cubetas de sangre para tener una clasificación para adolescentes, más caras famosas, más luces fluorescentes (porque eso es lo que ahora se considera buena cinematografía). Uno no espera que la nueva propuesta de Brad Pitt tenga muchos méritos artísticos (aunque sus últimos protagónicos, Ad Astra y Once Upon A Time… in Hollywood, ambas de 2019, nos mal acostumbraron), pero es que Tren bala es un torpísimo intento por cosechar dinero que es difícil concebirla como una película de verdad. Hace poco, Netflix nos demostró cómo no hacer una película de acción con El hombre gris y, con Tren bala, Sony Pictures dice “quítate que ahí te voy”.

Leitch alcanza un impresionante nivel de vaguedad y especificidad dignos de estudio, tal y como puede verse en la alargada introducción del personaje el Lobo (Bad Bunny) – un asesino de élite que trabaja para los cárteles mexicanos– con una secuencia musicalizada con… ¡una canción flamenca! Pasan los años y Hollywood nada más no puede separar en su mente la cultura ibérica de la mexicana, además de que toda la secuencia parece salida de una película como las que el entonces famoso vaquero Tom Mix hacía allá en la década de 1930: un paisaje desértico poblado por cactus, una bella mujer de tez morena, cabello oscuro que cae sobre los hombros y labios rojos, enfundada en un vestido blanco de encaje. Tan solo se añade una figura de Jesús Malverde, el santo de los narcos para darle un toque de actualidad, pero todo el momento apesta a anacronismo, ignorancia y grotesca caricatura que ni siquiera encaja con el tono general de la película. La última vez que recuerdo ver algo simultáneamente específico y vago a la vez fue en Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2019), ya sea la recreación del concierto de Live Aid de 1985 o el montaje para demostrar el éxito de la banda cuando una de las ciudades que aparecen en letras neones como parte de la gira solo decía “Medio Oeste, Estados Unidos”, como si fuera posible visitar toda la planicie al oeste de las Rocallosas, entre Chicago y Las Vegas, en una sola fecha.

Además, Tren bala se da a la tarea de alimentar en la boca a sus espectadores, algo que pasa de forma tan recurrente que uno no puede más que pensar que el filme los asume como idiotas. ¿Te acuerdas de tal detalle? No te preocupes, en este corte rápido vuelves a verlo. ¿Recuerdas esto sobre la vida de un personaje que se murió hace 50 minutos? Ahí te va de nuevo. Esto sucede una y otra vez para momentos, objetos y personajes que no tienen mayor incidencia en la historia. En Tren bala no hay puertas cerradas ni misterios detrás de la cortina, todo está puesto en exhibición para que se comprenda en su totalidad y, para que no queden dudas, lo hace por partida doble.

Es esta infinita transparencia lo que la hace sentir a la vez como un producto sobretrabajado y apenas elaborado. Por un lado, está repleta hasta la coronilla de diálogos humorísticos que buscan aniquilar toda resistencia en la audiencia por medio del chiste fácil, de la observación sarcástica y del cinismo que rompe la cuarta pared y se dirige al público, tratando así de ganar el favor de este (por ejemplo, Brad Pitt reclama airado a otro personaje “¿acabas de dispararme?” después de que le dispara. Si eso no es un ejemplo de holgazanería guionística, no sé qué puede serlo).

Tren bala. Dir. David Leitch. Sony Pictures. 2022.

Por el otro, cuenta con una colección de personajes que, por más que se les invente resumidas historias de origen para tratar de convencernos de su importancia, resultan intrascendentes, pues su tiempo en pantalla, presencia, indumentaria o sueños y ambiciones son nulos y pobremente realizados. Bad Bunny, quien más allá de su talento actoral ha sido puesto aquí para atraer a sus millones de fanáticos a la taquilla, es el ejemplo más desafortunado de esta cojera del guion, pues si bien es una caricatura de lo mexicano, al menos su disposición parece prometer un antagonista principal, pero todo se limita a una pelea de dos o tres minutos, mucho menos tiempo que el que se dedica a su introducción. Tal vez Leitch y su guionista Zak Olkewicz se dejaron llevar después de un visionado de las dos entregas de Kill Bill, pues creyeron que estaban emulando a Quentin Tarantino en sus cuidadas historias de cada uno de los miembros del escuadrón de Bill, cuando en realidad solo nos hicieron perder el tiempo.

Tren bala busca copiar, además de Tarantino, a Guy Ritchie en su afamada época del bajo mundo criminal británico (Lock, Stock & Two Smoking Barrels de 1998 y Snatch de 2000 me vienen a la mente), sobre todo a través del personaje de Taylor-Johnson, cuya interpretación es buena, pero parece salido de alguna de aquellas películas y no de esta en donde Brad Pitt actúa como un ladrón zen con el sobrenombre de Catarina (dicho sea de paso, la dupla de Taylor-Johnson y Tyree Henry es la que tiene los mejores momentos, a pesar de la pobreza de sus diálogos).

El humor negro de un asesino que no quiere matar y quien sortea una crisis personal mientras cumple una misión con la ayuda de una voz en el teléfono parece copiada de Grosse Pointe Blank (George Armitage, 1997), solo que, sin nada del encanto, la naturalidad o la acción de aquella. Pitt parece perdido en el papel de Catarina, pues recita línea tras línea con poca convicción. Después de la cuarta o quinta vez que habla sobre su supuesta mala suerte, es claro que su personaje es incapaz de cualquier profundidad. Donde John Cusack brilló, Brad Pitt se apaga bajo el peso de un gorro de pescador. Leitch y Olkewicz son incapaces de homologar estas influencias para crear algo nuevo y, en cambio, todo nos remite a obras pasadas de mayor calidad.

Tren bala quiere ser Snatch, Kill Bill o la susodicha Grosse Point Blank, pero fracasa en su intento de pasarlas por el filtro de la simpleza, es decir, de hacerlas tontas y vacías. Aquellos filmes ya eran grandes sin necesidad de menospreciar a su público y, aunque fueran compelidas por el dictado de la taquilla, el producto final no contaba con esa patina reluciente, pero hueca de la película de Leitch, en lo que solo puede ser descrito como “Marvel para adultos” y cuyo único objetivo es la creación de una franquicia, o en su defecto, una forma rápida de ganar dinero.

En la batalla de mediocridad entre El hombre gris y Tren bala, al menos una de ellas tuvo la buena idea de contratar a Ryan Gosling, aunque la otra al menos cuenta con escenas de acción inteligibles (lo que no quiere decir que sean buenas, algo que me dejó extrañado, siendo que Atomic Blonde de Leitch brilló en ese aspecto). Lo cierto es que en esta batalla son los espectadores los que perdemos.

Para concluir, Tren bala es un ejercicio de mediocridad descarada que raya en lo ofensivo, no solo por ser insípida, sino también por tener la peor secuencia de representación de la mexicanidad de memoria reciente. Es un nuevo punto bajo para Brad Pitt, quien tal vez con razón avizora que su carrera como estelar está llegando a su fin. Mejor te hubieras ido por la puerta grande con Ad Astra, Brad. Ahora el espectro sarcástico de Catarina te perseguirá por siempre.

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