Toy Story 4: la crisis existencial de los juguetes puede ser contagiosa

En dónde la puedes ver: cines

Director: Josh Cooley

Elenco vocal: Tom Hanks, Tim Allen, Keanu Reeves, Tony Hale, Annie Potts, Joan Cusack, Jordan Peele, Keegan-Michael Key, Wallace Shawn, Estelle Harris, Christina Hendricks, Bonnie Hunt, Kristen Schaal, Laurie Metfcalf, Ally Maki, Madeleine McGraw, Jeff Garlin.

País: Estados Unidos

Duración: 1 h 40 min.

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt1979376/

2019 parecer ser el año de la nostalgia, y tengo que confesar que no soy buena lidiando con ella. Ya sea Aladdín, la cual disfruté de manera excesiva y preocupante, Toy Story 4 o la próxima a estrenarse, El rey león, Disney está jugando vilmente con nuestros recuerdos de la infancia y las emociones que estos provocan. El hecho de que con el simple inicio de Toy Story 4 ya tuviera un nudo en la garganta gracias a las nubes clásicas de la saga, auguraba una estancia emotiva y agotadora en el cine.

Toy Story 4 inicia cuando Woody (Tom Hanks) se enfrenta a la terrible realidad de que ya no es el juguete favorito de Bonnie (Madeleine McGraw). Esta distinción recae en un tenedor convertido en juguete, Forky (Tony Hale). Sin embargo, este muñeco vive en constante crisis existencial al verse como basura. Las cosas se complican cuando la familia de Bonnie y los muñecos salen de excursión, y en un momento de crisis, Forky huye. Woody se da a la tarea de recuperar a Forky y cumplir con su misión de vida de hacer feliz a la niña a la que pertenece, incluso si eso significa el constante sacrificio de su bienestar y seguridad.

En el camino, Woody se topará con amigos pasados, con amigos nuevos y con villanos traumados por su falta de amor infantil. En esta película, prácticamente se presentan los conflictos que hemos visto con anterioridad, pero subidos de intensidad y existencialismo crítico. Ya sea Forky con su constante afirmación de que es basura y sus cuestionamientos sobre qué es un juguete; Gabby Gabby (Christina Hendricks), con su liderazgo mafioso inspirado por su sueño imposible de pertenecer a un niño; el mismo Woody, que se enfrenta con la dura realidad de que su niña ya lo superó – esto me partió el corazón y exijo que en un mundo alternativo Andy lo recupere–; Bo Peep (Annie Potts), independiente y aventurera, que representa a alguien que ya superó su duelo y recibe con los brazos abiertos las nuevas oportunidades que ofrece la vida; o Duke Caboom (Keanu Reeves), quien está traumado por los defectos de su diseño y la traición de su pasado dueño.

Detrás de las risas constantes y apariciones breves de nuestros personajes secundarios favoritos –Jessie, Tiro al Blanco, Rex y Hamm son casi casi cameos– Toy Story 4 presenta temas densos y emocionalmente agotadores. Tengo que confesar que he tenido que tomar tiempo para digerir la película y apreciarla, pues en primera instancia me dejó fría y desconectada del final radical que presenta.

El mensaje de la cinta es muy poderoso como para digerirlo inmediatamente, y más al considerar que muchos de los espectadores crecimos con estos personajes. El arco emocional de Woody ha sido tan profundo y realista que lidiar con su evolución no fue sencillo. El final presentado en esta película es el máximo desafío de todos, y bien podría equipararse al que vivimos anteriormente en Avengers: Endgame y Steve Rogers. Después de tantos sacrificios es momento de que nuestro héroe sea feliz. Es inevitable ver un reflejo de la historia de Bucky/Steve/Peggy en la de Buzz /Woody/Bo.

No obstante, las despedidas y los cambios son duros de asimilar. Por esto, la manera en que se maneja el final es desconcertante, pues a pesar de que reconozco que la conclusión es la adecuada, la manera en que sucede es la que me deja insatisfecha. Pareciera que Josh Cooley, director de la cinta, está más enfocado en despedir a los personajes de la audiencia, y no entre ellos. Esto debilita la gran fortaleza de la saga: la relación entre los juguetes y el amor incondicional que se tienen entre ellos.

Al respecto, me hubiera gustado ver más amor entre Buzz y Woody, por ejemplo, relación que se queda a la deriva en esta cinta y que, para mí, es la más importante de la saga. De hecho, tampoco me hace feliz el retroceso que se hace con el personaje de Buzz al proporcionarle muy poco tiempo en pantalla y volverlo inútil y tonto…de nuevo. Se supone que eso ya había quedado atrás.

Prácticamente, la historia pertenece a Woody, Forky –de quien no soy tan fan, lo siento– y Bo Peep. Vale la pena mencionar que el personaje de Bo es increíble e inspirador. A pesar de tener una historia trágica similar a la de otros personajes –Jesse o Gabby Gabby– la filosofía de vida de Bo es toda una revelación para Woody.

De igual forma, personajes nuevos como el dúo de peluches dramáticos, Ducky (Keegan-Michael Key) y Bunny (Jordan Peele), que proporcionan muchas risas gracias a su increíble química; o Buttercup (Jeff Garlin), el unicornio travieso con ideas criminalmente preocupantes, proporcionan los momentos cómicos más importantes de la cinta.

En cuanto a la parte técnica, no hay mucho que decir que no se sepa. No hay nada como Pixar y su liderazgo en el campo es abrumador. Los detalles, los colores y la animación es increíble. Sin embargo, el mayor éxito es el arco emocional que ofrecen en películas para niños. ¿En qué momento las películas infantiles empezaron a ofrecer tanta carga emocional? Sólo Pixar puede lograr esto.

Esta película me deja un sabor semiamargo y resignado para aceptar los cambios que todos vivimos. Mientras que con Toy Story 3 lloré incontrolablemente por el inevitable crecimiento de Andy, Toy Story 4 me deja muda y adormecida por el crecimiento de Woody, el muñeco estático que ofrecía estabilidad en la saga. Supongo que no soy buena para las despedidas.

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